Un Madrid llevado en volandas por un Rudy hiperactivo, motivado por el escenario, el rival. Es artífice de los primeros puntos del equipo ante un Panathinaikos incómodo intentando buscar sin éxito su ritmo, su juego.
Poco a poco el partido se nivela, el Madrid baja la intensidad, empieza a difuminarse la brillantez inicial, Panathinaikos entra en ritmo de juego. Diamantidis toma las riendas de un equipo desdibujado mientras Sofo impone su ley en la pintura.
El arreón inicial del Madrid se transformó en precipitación, en pérdidas, en pérdida de iniciativa y por consecuencia dominio del juego. Con todos los factores favorables, Panathinaikos se fue al descanso con el control, con una buena ventaja y gran triple final de Dimitris.
Tras el descanso tocaba reaccionar, revivir el espíritu inicial, batallar con todo el público dándoles aliento, con la intención de marcar el territorio. Y así fue, un Madrid crecido en defensa anulando el efecto Sofo y minimizando la magia de Diamantidis. Draper fue fundamental en esa reacción, detonador de la remontada, su actuación en defensa fue memorable, al mismo tiempo daba chispa de nuevo al ataque del Madrid. Fue el ‘ladrón’ que necesitaba ayer el equipo. La resurrección de Mirotic no se hizo esperar, con grandes minutos de calidad. A base de talento y tiros libres se metió en el partido.
Dimitris buscaba la mejor opción para su equipo en cada jugada, Dimitris sostenía al Panathinaikos pero no fue suficiente ante la excelente segunda mitad del equipo de Laso.
El broche lo puso Rudy cerrando el partido y asegurando la primera victoria para la parroquia blanca, una victoria con diamantes…

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13 octubre, 2012
Euroliga, Opinión