Opinión Ignacio Parrón 

El absurdo de los impuestos de lujo

Los Golden State Warriors mantienen el bloque con el que han ganado el anillo esta temporada. Tras las renovaciones multimillonarias de Andre Iguodala y Shaun Livingston y el récord salarial de Stephen Curry – ningún jugador había alcanzado antes los 40 millones por temporada – se le une la de Kevin Durant por 26 millones. Con esta última ‘incorporación’, los californianos superan el límite salarial.

Para ponernos en contexto y entender este absurdo, debemos explicar primero dos conceptos. Simplificándolo para los menos entendidos, en Estados Unidos existe algo llamado límite salarial. Es una cantidad tope que se puede destinar a los contratos de los jugadores, igual para cada equipo. Su objetivo es mantener cierto equilibrio entre los equipos para mantener la liga competitiva. Se evitaría así las diferencias presupuestarias de las que se acusa a Madrid y Barcelona, por ejemplo. En Europa existe algo similar, el fair play financiero y el margen salarial, que obligan a los equipos a gastar como máximo cierto porcentaje de los ingresos del club, siendo, por tanto, diferente para cada uno. Esto tiene sentido aquí que se fichan jugadores y no existe el trade o intercambio. Pero, a diferencia de la NHL o la NFL donde el límite es muy estricto, en la NBA se permite con relativa facilidad saltárselo.

Existen varios resquicios legales para sortearlo, contando con la agencia libre, renovaciones… Pero nosotros vamos a centrarnos en los impuestos de lujo. Este es el segundo e injusto concepto que debemos considerar. Mientras que en el resto de ligas americanas no se permite sobre pasar el límite – límite duro – en baloncesto puedes sobrepasarlo – límite suave – si pagas estos impuestos de lujo. Mantenerse en un margen determinado es complicado, por lo que se permite ya de primeras un extra sin penalización. Es entonces cuando si pasas ese segundo límite comienzas a pagar estos impuestos de lujo. A través de una complicada fórmula se calcula la cantidad que se deberá pagar por cada dólar que se sobrepase, la cual también tiene niveles, pero eso es irrelevante para el asunto en cuestión.

El actual límite está en 99 millones de dólares. Si sumamos los 40 de Curry, los 26 de Durant, los 17 de Klay Thompson y los 16 de Iguodala y Draymond Green nos da un total de 115 millones, 6 más que el límite y 4 menos que el tope a partir del cual pagas impuestos de lujo. Y aún deben contratar a otros 7 jugadores. Para los Warriors ya es inevitable pagar un extra que irá repartido al resto de equipos de la Liga, pero ese es el precio a pagar por un superequipo que desequilibra la Liga y que prácticamente les asegura sin empezar la temporada un nuevo anillo. El objetivo del límite salarial era precisamente evitar este conglomerado de estrellas que eliminan la competitividad y, por lo tanto, el atractivo de la NBA.

Cambiemos por un momento de deporte y de país para hablar de la Liga Santander. Cuántas veces hemos oído el chascarrillo del presupuesto al hablar del Real Madrid y Barcelona, incluso desde el Atlético de Madrid, que tiene un presupuesto bastante mayor que el resto de los equipos de la Liga. En parte no les falta razón, porque tienen esa superioridad económica gracias a toda una historia de éxitos y, a su vez, son superiores porque tienen más dinero. La pescadilla que se muerde la cola. Incluso en el deporte de la pelota naranja. El dinero que reciben de las secciones de fútbol les ayuda a mantenerse en los puestos altos – aunque Valencia ha demostrado que se puede ganar sin ser una potencia económica.

Pero la NBA no funciona así. Todos tienen un mismo límite, todos están al mismo nivel sobre el papel. En 2010 los Warriors fueron comprados por 450 millones de dólares y hoy vale 2,6 billones (americanos); el valor del equipo ha aumentado en más de 5 veces desde la irrupción de Stephen Curry. Por eso su justificado sueldo. Pero con esos beneficios pueden permitirse el perder dinero en pagar impuestos de lujo para perpetuar su hegemonía y así mantener sus ingresos. Precisamente lo que ocurre en Europa y desde aquí tanto criticamos. Precisamente lo que pretende evitar el límite salarial. Entonces ¿qué sentido tiene ponerle tantas facilidades a aquello contra lo que luchas?

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