Andrés Montes, la eternidad del jugón

La infancia de muchos se basa en buscar un referente. Lo inculcan en las familias y también en la escuela. Toca por tanto elegir si se quiere ser empresario, profesor o futbolista. Yo elegí el periodismo y en gran parte por culpa del Negro. Hoy, 16 de octubre de 2018, se cumplen 9 años desde que el mejor narrador deportivo de España se marchó.

No pasó desapercibido durante su carrera laboral y su recuerdo se mantiene intacto. Porque sí. Porque lo merece. Porque se lo ganó. Su nombre predomina en las redes sociales, la gente vuelve a hablar de él. Incluso hay peñas con su rostro y nombre que defienden los colores de San Pablo Burgos. Y ni una palabra negativa. El respeto infinito hacia un periodista. ¡Quién lo iba a decir hoy en día! ¡Y encima deportivo!

Se le echa de menos. Porque representaba una forma de trabajar. La de hacer que el deporte, además de una afición, fuera un entretenimiento. Actualmente cualquier periodista se convierte en protagonista del evento que cubre. Pero claro, a su manera, liándola a lo grande. Montes seguía la línea contraria para ser una de atracciones de la retransmisión.

Él fue el rey de la NBA y de la televisión. Quien le conoce dice que era todo un personaje. Una figura que se creó en la gran pantalla y que era especial fuera de ella. El que consiguió que en España se pusieran todos los ojos en el baloncesto, logrando incluso hacerse un hueco en los micrófonos del deporte por excelencia como es el fútbol. Algo impensable en pleno 2018 donde los roles están marcados como si de una señal de tráfico se tratara: completamente inamovibles.

Pero es que es lo que tiene ser bueno en todo. Sus motes a los protagonistas del parqué no eran casualidad. También los encontraba en el césped. Incluso con quien compartía cabina acaba teniendo un sobrenombre a manos de Andrés Montes.



Sin duda alguna cabe decir que fue el mejor. Y lo sigue siendo. Es complicado que en este país encontremos un punto común. Gracias a Montes estoy convencido de que la diversidad es igual a cero. A algunos les gusta Lalo Alzueta, otros se cansan de Carnicero, hay quien critica a Fran Fermoso -con un estilo muy parecido a Montes- y también quien prefiere la voz de Blas. Pero para tener criterio la premisa siempre debe ser la de Andrés Montes.

Su camino fue el de la NBA. Pues bien, jamás le escuché una retransmisión de la competición americana y, aún así, conquistó mi oído. Las competiciones europeas e internacionales eran la excusa perfecta para escucharle. Para el recuerdo quedará el triunfo de España en Polonia. Un oro con el que se marchó el Negro a ritmo de Coldplay, gritos de “a Varsovia” y acompañado de Iturriaga y Calderón. El resto de sucesos posteriores ya son historia, y si no que se lo digan a los que fueron sus compañeros, que tuvieron que noticiar en el informativo de LaSexta el adiós definitivo.

Su discurso quedará para la eternidad. Una filosofía de vida que en cada retransmisión plasmó. “La vida puede ser maravillosa, un saludo amigos”. Si 9 años después seguimos disfrutando del baloncesto y acordándonos de él, supongo que la cosa no iba mal encaminada. ¡Jugón!

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