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Arbitraje femenino: Técnica a la desigualdad

Pocos días después de la histórica medalla de oro de la Selección femenina en Praga el Comité de Árbitros de la Federación de Baloncesto de Madrid (FBM) celebraba una mesa redonda sobre arbitraje femenino en el colegio de El Valle de Sanchinarro. En ella se analizaba el pasado, presente y futuro de la labor arbitral con la mujer como protagonista.

Para ello, contó con grandes ponentes como Pilar Landeira, Anna Cardús, Eva Areste, Sara Peláez, Asun Langa, Miguel Ángel Palenzuela y Ángel de Lucas.

Esta mesa redonda se encuadra dentro de las distintas iniciativas que desarrolla el Comité de Árbitros y que tienen el objetivo de “cambiar la tendencia de la mujer en el mundo del arbitraje”. Por ello los ponentes eran de primera línea y aunque la asistencia no fuera todo lo numerosa que hubiese sido deseable sí permitió una comunicación fluida y constante entre todos los asistentes.

La pertinencia de actividades como ésta viene dada por la necesidad de continuar promoviendo el deporte femenino y porque en el arbitraje la presencia de la mujer es en ocasiones anecdótica. A nivel de licencias, como bien apuntó Sara Peláez, árbitro del Grupo 1 de la FEB, hay datos muy significativos. En la FBM, el número de licencias de jugadoras supone el 33% del total. Dentro del equipo arbitral los porcentajes de mujeres y hombres como Oficiales de Mesa mantienen una proporción 40%-60%; pero en cuanto a los árbitros, con datos de esta temporada 2016/2017, sólo 107 licencias corresponden a mujeres (14,08%), mientras que en la temporada 2012/2013 el Comité contaba con 71 licencias femeninas (10,43%).

Aunque aún no se ha alcanzado la igualdad en cuanto a licencias, en el arbitraje no hay discriminación por ser hombre o mujer. A todos los árbitros se les designa partidos tanto de categoría femenina como de masculina y los derechos de arbitraje no varían en función de si el árbitro es hombre o mujer. Entonces, ¿por qué hay menos mujeres árbitros? Buscando las posibles causas, se mencionaron entre otras, la presión social y persistencia de estereotipos sexistas, la falta de referentes deportivos femeninos en general y la incompatibilidad con estudios y sobre todo con el trabajo.

Las ponentes fueron unánimes en remarcar el número escaso de mujeres que dirigían un partido en los años en los que ellas comenzaban a arbitrar. Apuntaba Pilar Landeira, pionera del arbitraje femenino siendo la primera mujer en arbitrar en ACB, que para ver un ejemplo de la visión masculina del deporte bastaba con considerar que “el baloncesto masculino llegó a los Juegos en 1936 y el femenino, aun siendo el mismo deporte, no lo hizo hasta cuarenta años después”. Por no hablar de la valentía que suponía y supone designar a un equipo arbitral exclusivamente femenino. Me llamó la atención el comentario de Anna Cardús sobre la expectación que supuso en el Eurobasket femenino de ¡2013! la designación de un trío arbitral formado exclusivamente por mujeres para los dos partidos de cuartos de final. Asimismo, Cardús destacó la labor de Víctor Mas quien fue miembro de la comisión de las designaciones arbitrales de cada jornada en dicho campeonato. Esa designación fue histórica y marcaba una línea de cambio, ya que era la primera vez en la historia que tres mujeres arbitraban juntas en un Eurobasket. Porque es cierto que algo va cambiando, véase la portada del Marca con la Selección, la retransmisión por TVE1 o la recepción en La Moncloa. Pequeños pasos, mínimos pero pasos hacia adelante.

Sin embargo, en el caso del arbitraje los números son obstinados y no dejan de ser reflejo de una realidad social. Mujer y deporte, choca y más cuando se trata de dirigir partidos. Es bastante habitual que en los partidos designados de categoría masculina a los chavales les llame la atención que el árbitro sea una mujer y reaccionen unos con sorpresa, otros con cara de fastidio y otros ni siquiera piensan que seas el árbitro del partido. Lo habitual es que te pregunten si eres la anotadora o la entrenadora del equipo rival. Por no hablar de las caras de extrañeza cuando dices que eres árbitro y para intentar arreglarlo te salen con un “pitas a chicas, ¿no?”. Yo soy árbitro de baloncesto. Sin adjetivos. Por otro lado también resulta muy llamativo, además de ciertamente incomprensible, que los peores insultos y los más machistas que nos llevamos las mujeres árbitros provengan, precisamente, de mujeres.

Frente a esta situación social, es de vital importancia además de educación, la existencia de referentes femeninos en los que fijarse que demuestren que el arbitraje femenino existe, es posible y además triunfa. No es de nuestro deporte pero me pregunto cuántas chicas no querrán acercase al arbitraje en rugby sólo por Alhambra Nievas, mejor árbitro mundial y que ha dirigido la final olímpica de 7’s en Río. Estos referentes combaten además el desconocimiento, otro de los motivos del bajo número de licencias femeninas. Para una jugadora, la primera opción para seguir vinculada al baloncesto una vez que deja de jugar suelen ser los banquillos. Pocas se plantean arbitrar y menos aún dan el paso.

Otro de los obstáculos pero que en este caso afecta por igual a hombres y mujeres es la incompatibilidad con los estudios y el trabajo. Uno de los caballos de batalla al que el Comité intenta hacer frente siendo flexible en temas de estudios pero que poco o nada puede hacer cuando se trata de compaginar obligaciones laborales y arbitrar en categorías altas que implican desplazamientos en viernes. Si a esto añadimos lo conocidos problemas de compatibilidad familiar y laboral, de nuevo el arbitraje femenino sale perjudicado.

Para ser árbitro se requiere aptitud (técnica, táctica y física) y actitud. La mujer, por cuestiones biológicas, puede tener una menor aptitud física respecto al hombre pero no se pide comparar sino que pase una prueba física que está en condiciones de superar si realiza el entrenamiento adecuado. Sin embargo, el tema de la forma física es uno de los mayores quebraderos de cabeza para las árbitros. La mayoría pasamos de jugar a arbitrar y eso se nota en el ritmo y forma de entrenamiento. De entrenar en equipo, pasas a organizarte (o desorganizarte) tú misma los entrenos. Por supuesto fue un tema del que se habló en el debate, incidiendo Peláez en la importancia de crear unos hábitos deportivos de los que se carece y la posibilidad de buscar opciones alternativas y complementarias al entrenamiento individual.

En esa línea abundaba el árbitro y técnico de la FEB Ángel de Lucas, quien priorizó otras áreas a la forma física como características de un buen árbitro. ¿La razón? La forma física es necesaria, sí; ya que permite una mejor toma de decisiones pero no se pide ser un super atleta. Una buena condición física es el complemento necesario a un conocimiento profundo tanto del Reglamento como del juego. Así pues, la lectura del juego, el sentido común y el conocimiento del Reglamento y sus interpretaciones nos permiten tomar buenas decisiones y gestionar el partido porque, no sólo se pide acertar desde el primer día en el que un árbitro se cuelga el silbato, sino que además se debe saber gestionar el partido. Controlar aquellos aspectos que pueden influir directa o indirectamente en el juego. Adelantarse a posibles crisis o conflictos…y salir airosas de ellos cuando a pesar de todo se producen situaciones más complicadas. En este sentido, M.A. Palenzuela, ex árbitro y técnico de la FEB, señalaba un dato que ha comprobado a través de su experiencia tanto como técnico arbitral como por su actividad profesional en el campo de la inserción laboral: Las diferencias a la hora de recibir y procesar información. Una mujer, indicaba, tras recibir una corrección técnica buscará aplicarla, mejor o peor en el siguiente partido, mientras que su homólogo masculino tardará algo más. “Las mujeres procesan la información de una forma más rápida y metódica –señaló el técnico de la FEB- Solucionan mejor los conflictos, son más metódicas, estrictas y cumplidoras”.

Sin embargo, dentro de la gestión del partido, que bien podría verse como una gestión de un conflicto, es fundamental saber cuándo y cómo dialogar, bien porque se tenga esa habilidad, bien porque se desarrolle ya que permite un mayor y mejor control de partido. Se disfruta el doble y permite reforzar la seguridad en la pitada (lo que luego redunda en una autoridad basada en el respeto). En esta línea comentaba Asun Langa, vinculada al Grupo 1 de la FEB su progresión en el arbitraje: “Cambié el chip hasta conseguir ser yo misma y disfrutar de cada partido.” En este aspecto me recordó a lo que contaba Anne Panther, la única mujer que arbitra en Euroliga masculina y quien reconoce que tuvo que aprender a ser ella en la pista, a dejar de imitar a sus compañeros masculinos para desarrollar su propia forma de arbitrar, en consonancia con su forma de ser. Interesante también el apunte de los entrenadores presentes que pidieron más comunicación a los árbitros además de que sean educadores de los jugadores en edad de formación. Respecto a esto, de Lucas señaló que esa petición cambia en los Campeonatos de España, allí el entrenador quiere ganar y no se centra tanto en este papel formador del árbitro.

Es cierto que cada vez son más las mujeres que se acercan al arbitraje, sin embargo, como bien señalaba Eva Areste, se nota un aumento en la base pero según se va subiendo a categorías más alta apenas aparecen. ¿Qué pasa? ¿Por qué se produce este efecto embudo? ¿Por qué abandonan las mujeres árbitros?

Las mujeres tienden a ser demasiado exigentes consigo mismas y eso se refleja en el arbitraje también. Con la penalización añadida de que el partido perfecto no existe. Por un lado, esa sobre exigencia incrementa la presión que ya tiene por sí arbitrar, con la necesidad de auto control y gestión de las emociones propias y ajenas en un deporte donde las pulsaciones se disparan. Por otro, crea la falsa necesidad de demostrar que podemos y sabemos arbitrar igual o mejor que nuestros compañeros hombres; conscientes de que debemos superar esa primera impresión, no siempre positiva al llegar al campo.

Además, está la presión social y familiar. No siempre el arbitraje femenino se valora por una cuestión de educación y de falta de cultura deportiva. Cada vez cuesta menos ver al árbitro como deportista pero es necesaria la promoción de la actividad física desde pequeños, tanto en niñas como en niños y promocionar modelos de referencia deportiva. ¡Cuánto está haciendo la Selección femenina en este aspecto! Tema aparte se sitúa conciliar la actividad arbitral con la vida familiar donde entra en juego embarazos, relaciones de pareja y familiares.

Por último, pero no menos importante, la frustración que se genera por no adecuar las expectativas personales con la realidad. En este aspecto Anna Cardús nos dio la clave: en la categoría que estés, da lo máximo; siempre. Siéntete orgullosa de llegar hasta donde llegues porque hay mucho trabajo y sacrificio detrás. Llegas por méritos y trabajo, no por ser mujer, remarcaron los ponentes.

La gran pregunta es no sólo cómo enganchar a nuevos árbitros, que también, sino cómo aumentar el número de mujeres que se pasen “al lado obscuro”…y continúen. Una de las medidas planteadas para intentarlo fue la creación de cursos de árbitros donde todas las aspirantes son mujeres. Con ello se pretendía contrarrestar la situación habitual en los cursos de árbitros donde las mujeres son minoría, alrededor de 4 mujeres en grupos de unas veinte personas. Tras el éxito de la primera convocatoria, estos cursos se han establecido, a pesar de que los motivos de su éxito no son fácilmente entendibles. Quizá una mayor difusión o mejor marketing, pero no se debe perder de vista que como ya hemos dicho, los equipos arbitrales pueden ser mixtos y se les asignan categorías tanto masculinas como femeninas. Por ahora estos cursos han aumentado el número de nuevas licencias femeninas, falta de ver si éstas se mantienen en el tiempo.

Pero, ¿qué se puede hacer para evitar el abandono del arbitraje femenino? En primer lugar incrementar el número de mujeres que deciden colgarse un silbato. La buena acogida que tuvo el curso de árbitros sólo para mujeres hace de éste un mecanismo útil para abrir las puertas del arbitraje a las mujeres, que se sienten más arropadas en un primer contacto con este mundillo. También los proyectos de tecnificación arbitral dentro del programa Universo Mujer que permite a las participantes ver que hay más mujeres de otros comités que también viven su pasión por el baloncesto desde el arbitraje. Por otro lado, hacer frente a los efectos negativos de, precisamente, campañas y programas como Universo Mujer baloncesto que pueden generar alrededor de la árbitro una presión extra al entender sus compañeros que asciende o progresa por ser mujer. Para afrontar la sensación de soledad y guiar en los primeros años de arbitraje, Eva Areste y Pilar Landeira comentaron el sistema de tutelaje que lleva a cabo el Comité técnico de la Federación Catalana de Baloncesto. (FCBQ) Qué duda cabe que arbitrar con compañeros permite mejorar y desarrollar mecanismos de defensa ante partidos difíciles, sin embargo cuando esta opción no es posible me parece una muy buen idea a tener en cuenta.

En definitiva, esta Mesa de Arbitraje Femenino mostró la progresión en la incorporación de la mujer al arbitraje. Los participantes intentamos detectar y analizar las causas y posibles soluciones que impiden equiparar la presencia femenina respecto a los hombres buscando las claves que permitan su desarrollo. Ojalá como decía Víctor Mas “dentro de muy poco dejaremos de hablar de mujeres y hombres en el mundo del arbitraje, para pasar a hablar sólo de ARBITROS.

 

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