Cómo estropear un producto por la ACB

La ACB, que de un tiempo a esta parte está empeñada en cargarse la Liga de baloncesto, está también a punto de tirar por la borda un producto exclusivo, único, y envidia de otros deportes y países como es la Copa del Rey.

Ayer tuvimos la oportunidad y el privilegio de presenciar un partido de baloncesto de los que hacen historia. Dos grandísimos equipos. Dos excelentes plantillas de jugadores. Dos entrenadores de prestigio… El marco inmejorable, con un Wizink Center repleto y vibrante. Con las aficiones repartidas y dándolo todo. Y el partido no defraudó.

Alternativas constantes, emoción… tirones de uno y otro equipo bien superados por los rivales. Tras un primer tiempo igualadísimo, el Real Madrid saca todo su arsenal para tomar una clara ventaja con momentos estelares de Ayón y una defensa de libro. Pero el Barsa no se rinde y aprovecha su oportunidad gracias a un pletórico Heurtel que lo revive. Y tiene que aparecer Llull en los últimos instantes del partido forzar la prórroga con un tiro a media distancia.

Los jugadores concentrados para la prórroga, los equipos técnicos esforzados en buscar las cosquillas a los rivales, las aficiones con el corazón en un puño gracias a los vaivenes del marcador. No se puede pedir más…

Todo sigue igualadísimo hasta más o menos el minuto final, en el que se decide todo, y ahí aparecen los errores humanos del trío arbitral. Una falta flagrante de Randolph a Singleton no señalizada y una canasta dada por válida por tapón ilegal inexistente, ya que el balón toca claramente el aro y por tanto hay que hablar de rebote de Randolph ante Tomic.

Para mi, en directo, me parece completamente explicable que los árbitros se hayan equivocado en sus decisiones. Lo que es inexplicable es que no realicen bien su función al revisar el Instant Replay. Es del todo imposible que teniendo a su mano esta tecnología no sean capaces de revisar las veces que sean necesarias las hasta 12 tomas disponibles para ser justos y juzgar lo realmente ocurrido, que cualquier persona puede apreciar. Máxime cuando decide el campeón.

Esto es gravísimo, porque en un partido jugado de cara a cara, igualadísimo y decidido en un cara o cruz, alguien ha interferido en la trayectoria de la caída de la moneda para que salga de uno u otro lado. Pasamos de unas decisiones erróneas pero tomadas de forma involuntaria por los árbitros (como, por cierto, la falta de Claver a Taylor la final anterior) a una decisión errónea tomada de forma rápida y negligente (por no tomarse el tiempo suficiente y no revisar distintas tomas) o, lo que es peor, de forma deliberada (si es que querían compensar la anterior falta)

Este grave hecho tira por tierra este maravilloso producto. Como la ACB no tome cartas en el asunto y aclare lo sucedido, aceptando el error producido, la sombra de la sospecha será tan alargada que desgraciadamente cubrirá la credibilidad de la competición.

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