El compromiso de Felipe Reyes y una decisión dolorosa

Reconozco mi desconfianza a todos aquellos que salen en su presentación besando el escudo, me parece un acto de postureo en su máxima expresión y que también reconozco que puedo estar equivocado, no en vano y no sé de qué manera, siempre encontramos alguna declaración, tuit o mensaje en que el fichado en cuestión reconoce ser de tal o cual equipo desde pequeñito, una labor ardua y que merece todo mi respeto.

 

Felipe Reyes jugó muchos años en Estudiantes, se ha hecho fotos con la camiseta del Atleti y que muchas veces se han usado para dudar de su madridismo en estos 13 años que lleva con la camiseta blanca que le han servido para ser capitán y, gracias a su entrega y sacrificio, ser uno de los más queridos por una afición blanca que le idolatra y que siempre sube un punto más su nivel de aplauso cuando Pedro Bonofiglio, speaker en el WiZink Center, anuncia su nombre por megafonía en la presentación del equipo.

¿Cómo se mide que alguien siente de corazón a un club? Término difícil de comprobar cuando hablamos de baloncesto profesional, en el que te estás buscando las habichuelas para tu vida y donde sabes que cualquier movimiento que hagas, sobre todo a ciertos niveles, es examinado con lupa tanto para decir “ese es de los nuestros” como para esos otros que no dudan en descalificar con frases tipo “si ya se le veía el plumero, éste solo viene por la pasta”.

Dice un sabio refrán de nuestro rico lenguaje que “Obras son amores y no buenas razones” y, personalmente, ese debería ser el único motivo para que alguien demuestre el amor que tiene por su club, de nada me sirven buenas palabras si no le veo cabrearse con cada derrota, lanzarse por un balón cual poseso o dejarse la vida defendiendo, justo donde entra el ejemplo de Felipe Reyes y que ha hecho que nadie recuerde si en otras temporadas ha estado en el club vecino y rival por excelencia en la capital.

Felipe Reyes ha tomado una decisión dolorosa, de esas que le ha hecho romper mucho la cabeza, de forma completamente individual, sin ninguna presión externa ejercida por ese mismo club que le ha renovado por dos años y lo ha hecho desde el sentido de una extrema responsabilidad, esa que se ha antepuesto a algo que le ha hecho ilusión verano tras verano (salvo en 2013) y es defender la camiseta de España, algo de lo que su padre se henchía de orgullo siempre que le veía y ya no digamos cuando sonaba el himno de nuestro país.

Mucha gente aplaudía ayer la decisión del capitán, yo no puedo hacerlo porque creo que su papel hubiera sido más que importante y su veteranía más experiencia hubieran sido un plus en busca de renovar el título, también sé perfectamente las razones que le han llevado a ello y es un ejercicio de profesionalidad absoluto que se define en una sola frase, “mi objetivo es competir la próxima temporada al máximo de mis posibilidades” y es que nadie mejor que él sabe el esfuerzo supremo que le ha supuesto esta campaña y que le ha obligado a renunciar a una selección que ama y en la que, inclusive, ha dejado una puerta abierta por lo que le cuesta hacerlo definitivamente “mi decisión de no participar en el próximo Eurobasket”.

No podemos terminar este artículo sin una muestra de la grandeza del jugador cordobés con una simple coletilla en su texto de despedida, casi imperceptible, pero que demuestra la clase de persona de la que estamos hablando, “en caso de que fuese preseleccionado”, como si alguien pudiera dudar de ello.