Contracrónica “sangrienta” de los premios Gigantes

Fieles a nuestro estilo, no hay evento en el que estemos que no hagamos una contracrónica de las nuestras, así que allá vamos, en esta ocasión, nuestro objetivo está puesto en los Premios Gigantes a cuya revista, desde aquí, le agradecemos la invitación.

Lo primero que tenemos que decir es que el sitio dónde se realizó la gala no podía ser más añejo, el mítico Palacio de la Prensa en Madrid que, como algún narrador NBA diría, es un cine de los de tooooooda la vida, con sus asientos distribuidos de tal forma que, si te caía algún bigardo delante, tenías jodido ver la pantalla, así que menos mal que cogimos una buena ubicación, porque lo que son tíos y tías grandes, había para aburrir en el evento (sobre todo desde el 1.70 de quién esto escribe).

Nos vamos a fijar primero en los presentadores, por parte de Quique Peinado, pues lo habitual en sus veces que ya le hemos visto más de una vez en estas cosas, siempre dejando patente su amor al Estu con la entrega del premio a Brizuela (su debilidad) y recibiendo una simpática bromita de Laso cuando recogió su premio al mejor entrenador cuando le comentó: “Ya te invitaré a algo que sé que eres muy del Estudiantes”. Respecto a Amaya Valdemoro, podemos correr un tupido velo o también podemos decir que se le notaba demasiado robótica y poco natural, leyendo los textos por la pantallita que tenía delante (perdonen que no me sepa el nombre del susodicho aparato y que no tenga ganas de buscarlo en Google).

La entrega de premios tuvo de todo un poco, risas a raudales con la espontaneidad de los actores de Campeones, un momento emotivo con el recuerdo al presidente de la Federación de Baloncesto de Madrid con el premio In Memoriam recogido por su hijo, o la ovación de la noche a la bomba Navarro con su premio de Leyenda, que a ver si el pobre tiene más suerte y cuando vuelva el Madrid al Palau pueden ya retirarle la camiseta, que si no ya vamos a tener que esperar al playoff.

Sin embargo, todo lo anterior que podríamos llamar como lo normal, dejó también paso a los expedientes X, el primero de ellos fue el tema de Darío Brizuela, alguien que no llegaba a tiempo a recoger su premio pero que luego sí apareció a la carrera y que fue el momento surrealista de la noche, ¿El motivo? Que estaba grabando el programa “La Resistencia” con Broncano, cuestión de prioridades.

Luego quedaban el tema de algunos premios e igual es que nos hemos vuelto muy papistas, pero no vemos mucha lógica a dar premios con naturaleza exclusivamente femenina como el otorgado a la selección por el bronce en el Mundial, así que, en nuestra opinión, llámalo como quiera pero vamos a empezar a quitar los apellidos por cuestión de género y máxime cuando ya lo has hecho minutos antes, dando uno a Perfumerías Avenida como mejor club (más que merecido).

También vemos un poco raro eso de otorgar premios a la mejor cobertura televisiva…pero coño, si Movistar es el único que retransmite este chiringuito, normal que suba Carnicero y diga que parece que siempre está recogiendo premios, como que no hay otro que te haga competencia, por lo menos al día de hoy.

En penúltimo lugar, queremos romper una lanza por nosotros mismos y no hablamos de “planetacb” en sí (que también), sino de las muchas webs que campean por estos lares y que sacan tiempo de donde no hay para informar de baloncesto con absoluto amor por este deporte y sin sacar ni un duro por ello, justo sería que una revista como Gigantes también se acordara de ellos y no quedara todo reducido a premios destinados a las superestrellas o a los contratos publicitarios, creemos que sería de justicia y que pensamos que iba a a ser así cuando se dio a “Kia en Zona” hace unos años, creyendo que iba a haber continuidad, pero ya hemos comprobado que no.

Y finalmente, si alguno de ustedes se pregunta cuál es la parte sangrienta de esta contracrónica, tenemos que decirle que tal innovador (y cristalino) premio tiene su parte mala y es que se puede romper metiéndote un buen tajo en la mano, justo lo que le pasó a Pablo Laso, que se quedó sin estatuilla y con sangre que disimulaba con un pañuelo aunque, eso sí, sin perder la sonrisa, pararse delante de quién le pedía una foto y parecer que todo estaba correcto, profesionalidad le llaman algunos.

No nos enrollamos más, esperamos que les haya gustado nuestra contracrónica y que haya una próxima (si es que nos invitan ).

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