Opinión Ignacio Parrón 

Cosas que debería aprender el fútbol del baloncesto

Arranca un año más la Liga Santander. Comienza una nueva temporada de la competición doméstica y, con ella, el fútbol vuelve a copar casi todos los minutos de los programas deportivos (¿alguna vez dejó de hacerlo?). El deporte de los pies tiene muchas virtudes que lo hacen el más seguido de España, pero también otros tantos defectos que debería corregir. No vamos alardear de falsa modestia, el baloncesto también tiene sus cosillas, bastantes menos, pero también tiene ciertos aspectos que el fútbol debería aprender.

Hace unos días el Real Madrid se proclamó Supercampeón de España en un recital futbolístico empañado por la jugada más comentada del verano. Y nos viene que ni pintado. En la ida, el Barcelona empató el partido gracias a un penalti simulado por Luis Suárez. Una injusticia por partida doble porque 1) no era penalti, pero se saldó con gol culé y 2) el delantero uruguayo debió ser sancionado por intentar engañar al árbitro y no lo fue. Además, en ese partido le llamó “cagón” al colegiado sin repercusión alguna. Poco después de ese gol cae Cristiano tras forcejear con Umtiti y reclama penalti (que no era). El colegiado expulsa por segunda amarilla al portugués cuando no debía y el delantero empujó al árbitro, acarreando una sanción de cuatro partidos. Ni hecho aposta nos sale una situación que recoja tantas acciones que en baloncesto serían impensables. El fútbol haría bien en copiar estas cosas:

Respeto al árbitro: ¿Os imagináis a un jugador empujando a un colegiado? ¿E insultándole? Bueno, esto último no vamos a negar que haya ocurrido, pero la sanción es inmediata: antideportiva (o descalificante) y dos tiros más posesión para el rival. La diferencia es simple, en baloncesto no se toleran las faltas de respeto hacia la figura de autoridad mientras que en fútbol no solo los jugadores, sino aficionados, entrenadores y ¡hasta la prensa! cargan contra el árbitro. Y es un problema que viene desde la base: niños que ven a sus padres increpando y, tristemente, a veces pegando al pobre chaval que arbitra en regional o insultos machistas si es una colegiada.

Sanción de oficio: Este año se vio cómo Tomic y Bartzokas fueron multados por un codazo del pívot croata a Carroll y excederse el técnico en las protestas al árbitro en un Madrid-Barcelona en Euroliga. En Inglaterra es cierto que si un jugador simula una falta o agrede a un rival se le puede sancionar, pero en España, pese a que todas las cámaras recojan vejaciones, agresiones o ‘piscinazos’, el jugador se va impunemente si el árbitro no lo recoge en acta. No cuesta nada. Cristiano le dio un codazo a tal. Suárez mordió a cuál. Gabi le dio una patada en la rodilla a tal. Quien sea. X partidos sin jugar y a las pocas sanciones se acabó la violencia gratuita y el intento de hacer trampas.

 

Rivalidad sana: Sergio Llull vio el Clásico en su casa con Marc Gasol y Juan Carlos Navarro y los aficionados aplaudieron el gesto. Pero sería impensable una reacción tan positiva si Sergio Ramos hiciese lo mismo con Gerard Piqué. Porque también hay rivalidades en baloncesto, equipos cuyos aficionados chocan e incluso a veces se insultan. Pero la Copa del Rey ha demostrado que 8 aficiones pueden convivir juntas en una misma ciudad durante cuatro días sin rastro de menor conflicto (salvo el típico grupo de turno que da la nota e insulta a los infantiles del Madrid, por poner un ejemplo). ¿Podría ocurrir lo mismo con Real Madrid, Barcelona, Sevilla y Atlético de Madrid, por decir cuatro? Habría más de una reyerta. El mejor exponente de la rivalidad sana en el baloncesto es el MoraBanc Andorra. Con todos los motivos de queja que tuvieron tras el famoso campo atrás, su única reacción fue sacar un cántico, comprar las camisetas de @PabloLolaso y hacer unos cuantos chistes con Doncic. Y sin irnos tan atrás en el tiempo, me parece más que digno de alabanzas que Sergio Llull haya recibido mensajes de ánimo de jugadores del Barcelona (no españoles), del Zaragoza o incluso del Valencia, con el poco cariño que le tienen. ¡Hasta del Estrella Roja y Olympiacos!

Exceso de mediatización: Quizás todo esto venga por la sobreexposición del fútbol por parte de los medios, la banalización, el buscarle dobles sentidos, diez pies al gato (tres se quedan cortos), conspiraciones… en resumen, el morbo. Porque ver como cuatro tíos se insultan en el Chiringuito, no voy a negar que algo de diversión puede tener. Pero eso no es información, es uscar el entretenimiento con todo lo que no es inherente al propio deporte a través del sobreanálisis de cada gesto y la exaltación de cualquier error como si fuese una cuestión de Estado, o lo que es peor, una cuestión vital. Un merengue no puede reconocer la calidad de Messi ni viceversa con Cristiano, no vaya a ser que se ofenda alguien porque un compañero de trabajo alague a otro compañero de trabajo. Que es lo que son a fin de cuentas. Hay que tomarse esto menos en serio, que es un espectáculo y está para disfrutarlo.

Epílogo: ¿Os habéis fijado que solo se menciona a Madrid y Barça? Es porque el resto de equipos parecen no importar. Solo se les nombra cuando juegan contra los dos grandes o su resultado puede tener influencia en su futuro rendimiento ante estos. En eso si se parecen ambos deportes, en lo poco que se informa de los ‘pequeños’. Podríamos empezar a cambiar las cosas por darles más categoría. Puede que vendan menos que Madrid y Barça, pero también merecen un huequito, aunque sea pequeño. Casi mejor que no, no vaya a ser que se conviertan en las nuevas víctimas del exceso de mediatización y pierdan el placer inocente de ir a ver tu equipo sin la sombra de villaratos y manos negras.

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