De la impunidad de Suárez al castigo de Ronaldo

Cristiano Ronaldo tuvo ayer una salida de tono que debe ser castigada, sin ninguna discusión, un empujón al colegiado jamás debe pasarse por alto porque abre una puerta peligrosa, el problema es que no fue lo único punible.

El jugador portugués del Real Madrid, en sus declaraciones en los Juzgados por sus temas de Hacienda, dijo algo muy cierto, cualquier cosa que hace es mirada con lupa, es el precio de ser uno de los mejores en el deporte más seguido del mundo, así que es perfectamente normal que ante ese toque al árbitro, propio de una rabia contenida tras lo que había sucedido segundos antes, originara toda una corriente de opiniones desaforadas en donde los partidarios de uno y otro bando llevaran la defensa o ataque de Ronaldo hasta límites más que increíbles, en algunas ocasiones, prácticamente surrealistas.

Lo único cierto es que Cristiano ha sido sancionado con cuatro partidos por esa acción (el quinto no se llevará a efecto porque le quitarán la segunda tarjeta amarilla, no lo duden ni por un segundo) y, sinceramente, me parece más que justa, ese tipo de comportamientos merecen ser reprobados públicamente sea en el deporte que sea, igual sería mi pensamiento si cualquier jugador del Real Madrid de baloncesto hiciera la misma acción con Lamónica, por ponerles un ejemplo, que sé que a muchos de ustedes les ha exasperado en más de una ocasión. El árbitro es INTOCABLE y bastante se permite ya en el mundo futbolístico acercando la cara más de la cuenta cuando se le critica alguna acción.

Sin embargo, lo que parece increíble es que el mundo del fútbol siga permitiendo engaños que solo perjudican a su deporte y dónde ayer tuvimos una prueba más con la “caída” de Luis Suárez en el área, un futbolista dotado de una enorme calidad técnica que pierde todo su mérito con esos engaños que repite de forma casi continuada y que han reportado no pocos puntos a su equipo.

¿Por qué se permiten estos comportamientos en un campo de fútbol sin sanción alguna? Acaso no es un caldo de cultivo para que los jóvenes imiten esos comportamientos en los que se busca engañar a un árbitro, al público y crea una cultura donde no se premia el esfuerzo sino quién es mejor actor. Son preguntas que asaltan a la mente de cualquiera que entienda que el deporte y la rivalidad deben existir pero sin que el ganador tenga que vanagloriarse ante el perdedor por el hecho de lograr la victoria por ser “el más listo”, como se suele valorar dependiendo del color de quién comente la acción.

Al final Ronaldo será sancionado (justamente) y Luis Suárez podrá seguir haciendo sus mismas acciones en próximos partidos sabiendo que, salvo que el árbitro le pille (y donde solo tendrá como castigo una tarjeta amarilla) podrá seguir engañando a cualquiera que tenga en cuenta sus excelentes dotes de actor y que van mejorando partido a partido.

Para finalizar, es evidente que la sobreactuación existe en muchos deportes, no solo en fútbol, pero ahí es donde debe estar el colegiado que, sin discusión posible, debería estar apoyado por medios técnicos (VAR) que le ayuden a identificar al tramposo, sea cual sea el color de la camiseta que vista.

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