Dejad de matar a los árbitros

Soy el primero que se quedó atónito cuando los colegiados señalaron tapón ilegal en un rebote. Y me di cuenta de la importancia de lo sucedido cuando Juan Carlos Sánchez salió a rueda de prensa con Pablo Laso.

Mi preocupación aumentó a medida que el jefe de sección blanco explicaba el porqué de su enfado. Y más cuando la ACB contestaba con un comunicado más que blando, seguido de uno de la Asociación de Árbitros similar a un corta y pega. Y para el culmen de la tarde, el Real Madrid replicaba el último con una afirmación muy firme. Iban a tomar las medidas oportunas.

Es un hecho que la ACB no lo ha hecho nada bien. Y que lo ocurrido en esa final de Copa no puede volver a pasar, al menos por el bien del baloncesto español. Pero esa futbolización que muchos invocaban antes de tiempo empieza a hacerse realidad. Insultos, acoso y un derribo tremendo sobre los colegiados que llega a preocupar.

Espero que sean castigados por los estamentos capacitados para ello. Porque cuando uno hace mal su trabajo alguien debe reprendérselo. Sin embargo, quizás sea excesivo el diccionario de adjetivos -des-calificativos proferidos hacia el trío arbitral.

No me gustaría pensar que es que tenían premeditado hacer perder al Real Madrid. Simplemente porque sino hubieran pitado la falta sobre Singleton y no hubiera habido final. Soy más de los que piensan que, conscientes de su fallo, prefirieron optar por perjudicar al Real Madrid que al Barcelona. Y eso sí es preocupante, más cuando se cuenta con imágenes de apoyo.

Los árbitros sufrirán la nevera esta jornada de ACB. Y el principal, seguramente víctima de la presión social, ha optado por renunciar a su ligar en la FIBA y jubilarse unos meses antes de lo previsto. Por eso, solo queda pedir a le gente una cosa: «Dejad de matar a los árbitros».

Ese tinte ultra espanta al aficionado común al baloncesto. No es para menos. La Copa no se la devolverá nadie al Real Madrid y no creo que en la entidad blanca la quieran de vuelta. Los colegiados han sido sancionados de una forma u otra. Y puede haber una espantada de los grandes de la ACB como consecuencia de esto.

Si el destino ya está haciendo de las suyas, mejor que cada uno se mantenga en su lugar sin perder las formas. El castigo debe ser justo y limitado, no excesivo y asfixiante. Si las víctimas no lo están haciendo -en este caso la plantilla del Madrid-, por qué lo debe hacer su afición o quien sea.

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