El hombre que ha devuelto la sonrisa al Real Madrid: Jaycee Carroll

Un equipo que parecía haber perdido la fe y que deambulaba sin rumbo fijo encontró el chip que necesitaba para volver a su estado más auténtico y todo, gracias a un solo hombre: Jaycee Carroll.

Tras esa extraña campaña 19/20, con una fase final de ACB, sin disputa de Euroliga y con una retirada que estuvo acompañando al jugador de Utah hasta los últimos momentos, no sabemos cómo se alinearon los astros para que, por lo menos, la afición blanca se llevara la buena nueva de que Jaycee Carroll decidiera seguir un año más en la disciplina blanca en vez de retirarse a su inmenso rancho a ver crecer a sus hijos y cuidar su ganado a sus 37 años y tras una carrera plagada de éxitos.

Sin embargo, el bueno de Jaycee decidió quedarse y, por esas cosas de la vida, originó que alguien que, en su día, estaba llamado a sustituirle, tuviera que hacer las maletas y marcharse camino del Valencia Basket, hablamos, como bien saben de Klemen Prepelic, un esloveno resolutivo, con un tiro demoledor pero, cierto es, con unas características muy diferentes a Carroll y que, casi se la lía a los chicos de Laso en el último partido de liga disputado en la Fonteta.

El comienzo de esta (nuevamente extraña) temporada 20/21 no nos dejó ver al mejor Jaycee, una molesta lesión le tuvo apartado de las canchas y, cuando jugaba, eran pocos minutos y sin ese acierto que le caracteriza, ahí ya empezaron las primeras voces discordantes: «está mayor», «ya no se cuenta con él», etc. etc. etc. mientras que, en medio de todo esto, el Madrid se metía en una crisis de resultados a nivel de Euroliga, marcándose el peor inicio de la era Laso y, lo que es peor, una mala dinámica de juego en que no aparecía, para nada, el estilo que le había llevado al éxito en el último año, muchos hablaban ya del manido «fin de ciclo».

Pero hete aquí que, desde ese día 25 de octubre de 2020, donde Carroll coge la titularidad ante Movistar Estudiantes, el jugador nacido en Laramie, se convierte en el motor revulsivo de un Madrid perdido y que, como por arte de magia, vuelve a recuperar la chispa perdida de antes y se convierte en esa máquina engrasada capaz de desbordar en los contraataques, circular el balón y, sobre todo, mostrar un acierto letal desde su distancia favorita, el 6’75.

En estos cuatro partidos que Jaycee ha jugado como titular de forma indiscutible ha jugado contra Estudiantes – 17:55, contra Betis – 15:42, contra Bayern – 18:50 y contra Valencia Basket, su récord de la temporada: 23:49 y ha anotado 11, 14, 19 y 17 puntos respectivamente, pero más allá de todo eso, ha quedado la idea de generar tal cantidad de amenaza para el rival, que ha originado muchos más espacios para el resto de compañeros que, por fin, han recuperado esa dinámica que ha parecido tan perdida en muchos momentos de este comienzo.

No sabemos cuánto le durará la gasolina a Carroll con esta locura de temporada que le lleva al Real Madrid a jugar, semana sí y semana también, tres encuentros cada siete días pero, lo que es indudable es que Jaycee es mucho más que un tirador, es alguien con una ascendencia tan directa sobre el resto de sus compañeros que podemos afirmar, sin ningún género de dudas, que los blancos han recuperado su sonrisa gracias, en gran parte, a él.

Y ahora ¿qué? ¿Volvemos a pedir que se quede un año más?

 

 

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