El jugón Andrés Montes, el «puto crack», «analista» y «relator de la vida» capaz de hacer historia desde los micros

PLANETACB reúne a algunos de las personas que conocieron a Andrés Montes diez años después de su fallecimiento. Con la visión de los que le conocieron, y con el contraste de los que no pudieron pero le admiraron, recogemos el perfil de una estrella de las ondas definida por sus amigos como «un puto crack», un «analista» del baloncesto pese a su carisma y «un relator de la vida» capaz de hacer reír con la mayor desgracia.

«Día de luto en el mundo del deporte y de la comunicación. El periodista deportivo Andrés Montes nos dejó anoche a los 53 años». Eran las palabras con las que la periodista Cristina Saavedra comenzaba las noticias del mediodía en La Sexta hace diez años, el 16 de octubre de 2009. Lágrimas, incredulidad, asombro y, sobre todo, negación. Hacía unos días que estaba en el salón de todos. ‘El Negro’ se había ido y con él un personaje mítico del panorama mediático español.

Sería fácil y hasta pesado hablar de la carrera profesional de Andrés Montes. Todos sabemos que era bueno, muy bueno. Y que hacía de un partido aburrido un espectáculo del que no separarse. Lo clavaba en el baloncesto, marcó un antes y un después en el fútbol… y encima tuvo la suerte de poder narrar muchos éxitos de deporte español. Aunque quizás la fortuna fue de los que lo pudimos escuchar.

«Lágrimas, incredulidad, asombro y, sobre todo, negación»

Siempre se ha dicho que cuando uno muere se convierte en un ángel. Que no hay críticas. Que hasta los que le buscaban las cosquillas, soñando con su caída profesional, se plegaban ante su figura. Y habrá casos en los que eso simplemente es una hipocresía establecida en el marco social. Pero, en lo que respecta a Andrés Montes, siempre fue así.

De origen latino, Montes es incomparable. Un periodista mítico con dos hijos que no rozan el baloncesto: uno es médico y el otro estudia cocina. Eso sí, comparten la humildad y la simpatía, pues son espontáneos y sinceros en todo lo que hablan.

Cuando se cumplen diez años de su adiós, el vital y el televisivo, PLANETACB reúne a dos grupos de personas: los que saben comunicar en la actualidad y los que trabajaron junto a él. Aquellos que vivieron de cerca sus hazañas como si de Don Quijote se tratara, pues él veía gigantes donde solo había jugadores y un amor donde se simplemente había un micrófono para narrar.

Radriografía de un mito: humilde, trabajador y personaje

Andrés Montes era persona, personaje y jugón. Su entrada a Canal + fue fundamental para convertirse en lo que es hoy. Allí formaría junto a Antoni Daimiel una dupla mítica para el baloncesto en España. Ni Llull, ni Navarro, ni los Gasol podrían hacer frente a esa pareja. Pero, ¿cuándo comenzó esta travesía?

Habría que remontarse a 1995, entre noviembre y diciembre. Canal + decide incorporar al periodista para narrar la NBA y más tras un reportaje de El Día Después en el que Montes era el protagonista. Le captó, aunque sorprenda, Nico Abad. El actual presentador de Cuatro formaba parte de la redacción de EDD y, como si de una aparición divina se tratara, escuchó una voz que ya conocía.

«Era muy exigente trabajando con todo el equipo, pero a la vez un tío simpático»

«Una noche pillé su voz haciendo zapping por la radio cuando él estaba en una antena de Madrid. Dije: «Ostras, hay que hacerle un reportaje». Y cuando lo emitimos le llamaron para hacer la NBA», relata a este medio. Podría tratarse de una simple floritura de Abad, pero no. Andrés contactó con él para agradecerle su reportaje. «He salido en la tele y la gente ya me ha mirado por la calle», le decía claramente «impresionado» por el clamor popular.

Allí, en Canal +, coincidiría con rostros de la televisión actual. Si bien todos conocen la historia con Antoni Daimiel, la mayoría desconoce la trascendencia de Guille Giménez, actual narrador de la NBA en Movistar. Él entró como becario en verano, meses antes de que lo hiciera Andrés. Pero también, -importante-, fue amigo de Daimiel antes que Montes.

«Conocí a Antoni cuando él llegaba de vacaciones, yo era becario, y él entró en la redacción y dijo que le habían robado el coche. Todavía Montes no había entrado a Canal +», nos explica Guille, que recuerda el trabajo de Nico Abad: «Le conocíamos por un reportaje cuando él trabajaba en otro medio». Por ello, entre risas nos dice que «la gente en Canal + está confundida» porque él «llevaba más tiempo que Andrés Montes» y conoció «a Daimiel antes que él».

«Era un personaje y además no lo ocultaba, no huía de él»

Porque Antoni, figura clave en la carrera de Montes, comenzó a retransmitir la NBA con el protagonista en noviembre. Sin embargo, su primer contacto fue en Sevilla mientras comía. «La primera vez que hablo con Montes es en una terraza comiendo en Sevilla, con ocasión de un partido de fútbol, al final de la temporada 94/95. A través de compañeros y amigos comunes coincidimos». El resto de la historia ya la sabemos todos.

La radiografía del periodista es común entre todos los que le conocieron. Montes «era muy exigente trabajando con todo el equipo, pero a la vez un tío simpático» que «no tenía mala uva», dice Guille. Él «era un personaje y además no lo ocultaba, no huía de él» y «lo fomentaba». Su entrada en la redacción de Canal + era como la de una estrella de la propia NBA.

Según relata Nico Abad, era «súperquerido» y «todo el mundo buscaba cruzarse con él». «Era una persona poco previsible, un tipo diferente. Con maneras de pensar y actuar poco comunes. A mí en realidad la gente así siempre me aporta y me enriquece, cuando no se comporta de forma previsible», apunta Daimiel.

A Montes, y aunque actualmente tenga una connotación negativa, le gustaba la fama. «Ahora está asociado a gente que no se sabe muy bien por qué, sale en la televisión. Personajes que ven una cámara y se ponen a posar», indica Guille. Pero la sensación de Andrés no era esa, sino la de «un periodista reputado» que «llevaba muy bien» el reconocimiento público.

«Todo el mundo buscaba cruzarse con él»

Esta cualidad se podría explicar con que «tenía una visión de la vida peculiar, el cómo lo expresaba». Y es que, según detalla Nico Abad, la filosofía de Andrés era única: «Tenía anécdotas de cosas de la fama, tanto buenas como malas de quejarse. Pero él siempre era divertido».

«Si dabas un paseo con él en la calle Fuencarral, era un espectáculo la narración que te hacía de la vida. Hay gente que tiene un don para devolverte la realidad contada de una manera. Él lo tenía». Y Daimiel lo corrobora: «A él le gustaba acercarse al éxito y al triunfo profesional, que es algo muy común en casi todo el mundo. Esta profesión tiene eso de particular: si alcanzas el éxito te lleva a la popularidad».

La entrada en el fútbol y el sentimiento de ataques por la competencia

Una vez que Montes se afianzó en el baloncesto, probó suerte y volvió al fútbol. Ahí es donde todos coinciden que «se hizo más famoso» y algunos incluso confirman que compañeros de profesión vertían críticas hacia Andrés. «Se dice que en España la envidia es el deporte oficial», nos explica entre risas Antoni Daimiel.

Pues si bien «es bastante habitual en esta profesión que todos podamos opinar de colegas, dentro de la profesión Andrés Montes tenía críticos, tanto en su etapa NBA como en fútbol». Pero se incentivaron «más todavía» cuando «empieza a hacer fútbol, porque la profesión ha estado dominada por gente del fútbol y, que un tío con éxito en baloncesto entrara en el mundo del fútbol… Muchos lo vieron como una amenaza».

«Se dice que en España la envidia es el deporte oficial»

«Hablaba con él que le llegaban comentarios de gente que le decían que se equivocaba mucho de jugadores al retransmitir y lo relacionaban con que no sabía de fútbol. La gente de nuestra generación siempre ha seguido el fútbol y claro que conocía los jugadores, pero tenía miopía y las posiciones de comentaristas de los estadios estaban muy lejos. Además, tenía un vicio: siempre quería retransmitir mirando directamente, no miraba al monitor», asegura Daimiel.

¿Cómo respondía Montes a estos ataques? Pues a su manera: «Dicen que yo me equivoco, pero todos los narradores se equivocan de jugador». «Y desde su muerte me he estado fijando y en todos los partidos hay equivocaciones de los narradores», nos confirma su compañero y amigo Antoni.

Los que le conocieron y vivieron junto a él no dudan de su talento y capacidad. Para Guille era «un referente absoluto» con el que comparte el concepto de que narrar la NBA tiene que ser de manera «amena y divertida». Para Nico, que reconoce que «o te gustaba mucho o nada», ver su marcha del baloncesto fue casi letal: «Sentí pena porque era una voz muy ligada a ese deporte, era la voz de la NBA».

«Dicen que yo me equivoco, pero lo hacen todos los narradores»

Y para Antoni, su salida de las narraciones de la mejor liga de baloncesto del mundo supuso un pequeño problema porque en España todos somos «muy de costumbres». «Es verdad que fue una pareja que a los seguidores de la NBA les marcó mucho. Él celebró con orgullo que el diario Marca sacó un gran reportaje sobre las mejores parejas periodísticas del deporte y nos incluyeron. Lo reconocía como una recompensa justa», pero es un hecho que «a la gente le cuesta el cambio».

Montes, amigo de sus amigos y enemigo de las redes

Para comprender la figura de Andrés Montes hay que conocer su personalidad. La de un hombre que defendía su trabajo con uñas y dientes, que desarrollaba la actividad periodística siguiendo hasta la última pauta establecida en los manuales y, por encima de todo, la de un periodista que sabía pasar de la faceta profesional a la personal para conquistar con todo el que se cruzaba.

Víctimas de su simpatía y forma de ser eran muchos jugadores, entre otros ‘Joe’ Llorente y ‘Lagarto’ de la Cruz. Madrid y Barça, internacionales con España y muy cercanos a Andrés Montes tanto durante su carrera como posteriormente en los micrófonos. Porque pasar de estar en la pista a retransmitir partidos no era fácil, salvo si el apoyo en la narración era el de Montes.

«Le pedían más autógrafos que a un jugador de la Selección»

«Le conocí cuando él estaba en la COPE antes de fichar por Antena 3 Radio. En aquella época la relación periodista-jugador era diferente a la que hay ahora», apunta Llorente, que define su relación como «muy natural» y «de respeto». Montes era uno más, prácticamente, de la Selección. Viajaba en los aviones con la plantilla, hablaba repetidamente con ellos por teléfono… Pero, aunque parezca una exageración, al final conseguía tener más popularidad que ellos.

«En España era una figura, le pedían más autógrafos que a un jugador de la Selección. Era la estrella», asegura ‘Lagarto’ de la Cruz. Con él compartiría eventos de España, como aquel de Japón. Tiempo de sobra para ver esa faceta de «profesional de arriba a abajo», que «se lo tomaba muy en serio», pero cuyo «trabajo valía oro y no iba con bromas».

La conclusión, por más que se rebusque, siempre es la misma. Un tipo normal que «mantenía algunos tics del personaje fuera de cámaras», apunta Llorente, pero que «a medida que el ambiente es más íntimo» se abría más. Hasta el punto de expresar «lo que sentía y lo que pensaba de las cosas». Eso sí, sin renunciar al ‘gen Montes’: «Tenía una habilidad especial. Era un tipo que siempre le pasaban cosas y que tenía capacidad para contarlas. Era un relator de la vida».

«Siempre le pasaban cosas y tenía capacidad para contarlas»

Esa naturalidad, ese impulso intrínseco que le llevaba a decir lo que pensaba a los de abajo y a los poderosos, podría haberle metido en algún que otro lío en redes sociales. O quizás no. Porque, en su afán por hacer lo contrario a lo que hacía todo el mundo, podría haber rechazado usar un arma como Twitter. Es la gran duda que ronda en torno al Andrés Montes del 2019.

Su presencia en esta red social «habría sido una bomba tremenda» porque «pondría a alguno en su sitio», dice Guille. Hasta ‘Lagarto’ cree que «hubiera dado mucho juego en redes sociales», aunque sin haber asumido «esta nueva forma de periodismo y de opinión». Al fin y al cabo, Andrés «era una persona muy adelantada que integró cosas que no conocíamos».

Pero calma, porque Twitter no era lo suyo, eso era para el resto del mundo. «No le llamaba mucho la atención. Le hacía sentir bien el hecho de ser diferente y especial, y hubo una fiebre de entrar todo el mundo ahí. Tengo la sensación de que no habría entrado mucho», recuerda un Antoni Daimiel que llegó a preguntarle sobre hacerse una cuenta.

«Era un relator de la vida»

Además, pese a no conocer el infierno del pajarito azul, ya había saboreado el terror de los foros. Allí se haría de su nombre un hervidero de críticas. Una fosa, en muchas ocasiones de odio, que a Montes le habrían hecho quitarse la mítica pajarita. «Los foros tenían mucha trascendencia, y en este caso concreto el que lo petaba era el ForoACB», nos relata una estrella de las redes sociales como Pablo Lolaso.

«Me consta, además, que llevaba muy mal las críticas que allí se le hacían, porque también Andrés tenía haters. Hoy en día no se habría librado de escarnios públicos en Twitter, como todos. Pero serían casos excepcionales». Tan excepcionales que ni un generador de polémica baloncestística -en el mejor sentido de la palabra- como Lolaso se pensó hablar de él.

«Jamás le di ningún palito ni por supuesto se lo daría ahora. Siempre me entusiasmó desde el principio y disfrutaba cada segundo de él», nos cuenta sobre el que fue, «con el corazón en la mano y sin exagerar lo más mínimo», «una persona muy cercana» y a la que cogió «mucho cariño» sin tan siquiera haberle conocido. Estas palabras de un admirador como Lolaso son el espejo de la mayoría. Son el ejemplo de que la televisión, la radio, la comunicación en definitiva, traspasa fronteras.

La figura de la narración actual

El antes y después en la narración española lo marca él. Andrés Montes. Capaz de dejar huérfana la NBA para pasarse al fútbol. Y culpable de matar la poesía auditiva que muchos disfrutaban cada vez que él narraba. «Él hubiese hecho bien cualquier cosa que se hubiera puesto a contar», dice completamente seguro Nico Abad. Porque era «todo un personaje», en boca de De la Cruz, que «marcó una línea en la forma de retransmitir» que le convertía en «un innovador».

Pero sabía mucho más que poner motes y divertir a la gente. «Él era un analista de los partidos y de la situación del baloncesto», dice un Llorente que charló mucho con él sobre esto. De hecho, según desvela Daimiel, siempre le decía: «Qué me importa que Ancelotti ponga a uno o a otro». Porque «no se veía involucrado en ese tipo de programas».

«Un maestro con el que nos enganchamos todos de nuevo a la narración divertida»

Era, como muchos señalan, un innovador de escuela propia que «no tenía referencias claras ni ídolos» y que «en su etapa de niño había visto mucha prensa deportiva». Su amigo Antoni profundiza y aclara un tema que muchos usaron para restarle capacidades: «Tenía un ánimo constante por inventar y crear cosas nuevas. Mucha gente pensaba que él tomaba como referencias maneras de actuar profesionalmente de Estados Unidos o Latinoamérica, pero él no veía esa prensa».

Pero no, pues «apenas manejaba el inglés». Simplemente construía un personaje en base a su forma de ser. Partiendo siempre de la espontaneidad y buscando su máxima: entretener. El periodista David Sánchez (Onda Madrid o DAZN), que llegó a conocerle, tiene claro que marca un punto de inflexión.

«Recoge el testigo de lo que empezó en España Héctor del Mar, con apodos a deportistas, un lenguaje informal, desdramatizando la narración de eventos deportivos con bromas, clichés, frases para la posteridad y colocando el deporte a nivel de usuario para el disfrute de todos».

Era la figura de «un maestro con el que nos enganchamos todos de nuevo a la narración deportiva divertida y con ritmo». Otros profesionales de la comunicación como Javier Gancedo (Euroleague) le definen como «una figura única e irrepetible» cuya virtud, además de los motes y chascarrillos, era » el ritmo que imponía a la narración». Y periodistas bien reconocidos como Carlos Sánchez Blas concluyen que «más que periodista, que lo era, era un creador de entretenimiento».

«Era capaz de ponerle picante al más insoportable de los partidos NBA a las tantas»

«Mucha gente lo podría intentar», recalca, pero «si no se nace con eso, no se puede». Esa es la razón por la que en su carrera en los micrófonos tampoco ha intentado acercarse a su estilo. «Montes es inimitable» y quien le intente imitar «se está equivocando». Y si en alguna narración aparece Montes en forma de cascarrillo, le cita porque es un orgullo. «No hay nada que hacer ahí», nos explica.

Bien lo explica Gancedo cuando afirma que «es difícil de saber» si Montes hubiese reinado en la actual Euroliga. Porque «en España hay muchos herederos de Montes» como «Fran Guillén y Fran Fermoso». El primero «intenta incluir el sentido del humor en sus retransmisiones, aunque me recuerda más a Gaspar Rosety» y «Fermoso tiene cosas de Montes, pero a la vez es capaz de analizar tácticamente el partido mientras». Sin embargo, «ponerle picante hasta al más insoportable de los partidos NBA a las tantas de la mañana» era propio de Andrés.

Los objetivos que no alcanzó la estrella

Cualquiera querría tener una carrera como Andrés Montes. Su nombre traspasó fronteras -aunque gracias al fútbol-, pero sus objetivos más ambiciosos no llegaron a cumplirse. Pues, si «los periodistas griegos, italianos o franceses» lo recordaron -como cuenta Gancedo-, «muy poca gente fuera del mundillo» periodístico conocía al periodista lejos de España.

Montes quería triunfar aún más.  «Hacía un programa de radio muy chulo en la sobremesa. Él no necesitaba preparar concienzudamente los programas. Para eso hay que valer también. Ponerse delante del micrófono y vender el muñeco, como decía él», recuerda Carlos Sánchez Blas. Y todo defendiendo una figura del periodista muy diferente a la que reina en la actualidad.

«Le hubiera gustado tener un programa estrella a su mando»

«Hay periodistas que aún se desviven por esta profesión, que aún aman lo que hacen, pero hay otros, veteranos sobre todo, que la utilizan para fines personales de dudoso rigor y dinamitando los valores de las futuras generaciones de periodistas», apunta David Sánchez.

Con esas, el periodista se quedó con la espinita de tener un gran programa en sus manos. «Es posible que le hubiera gustado tener un programa estrella a su mando, de los de las 23:30, un tipo de Carrusel Deportivo. Fue una aspiración suya, pero no le llegó».

Y eso que «tuvo muchos programas en los que él era conductor y director, pero no había llegado a lo más alto en el mundo de la radio». Esa sería la «asignatura pendiente», teniendo en cuenta que «en la televisión hizo cosas importantes», recalca su ‘hermano’ de la NBA Daimiel.

Diez años después, Andrés Montes da nombre a una peña de las mejores aficionados de la ACB -como es la de San Pablo Burgos-. Su figura está en el Olimpo de las narraciones. Todo porque, como dice Pablo Laso, «seguramente no era el mejor».

«Era él. Era Andres Montes. Ser único era lo que le diferenciaba. Por eso le echamos mucho de menos. Ahora puede haber narradores excepcionales, pero ninguno conseguirá nunca lo que hizo Andrés Montes. Y por eso cada 16 de octubre nos seguimos juntando para recordarlo».

Decir adiós es imposible cuando se trata de algo inmortal. Por ello, mientras nos preguntamos por qué todos los jugones sonríen igual, terminemos siempre con un hasta pronto.

«Yo me despido de todos ustedes. Es mi última retransmisión con La Sexta y voy a decir lo mismo que decía hace tres años y pico cuando vine aquí a La Sexta: la vida puede ser maravillosa. Un saludo amigos».

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