El mago de la Copa

Pablo Laso es su nombre. Desde que llegó al Real Madrid lo ha clasificado en ocho de las nueve finales posibles de Copa, de las que ha ganado seis. Más ocho de ocho finales de Liga, con cinco títulos y seis de ocho final four, con dos títulos. Un palmarés grandioso, propio de un mago.

Un mago que sabe usar su varita mágica para, junto a todo su staff, sacar lo mejor de cada uno de sus jugadores por el bien del equipo y para inyectarlos de gen competitivo, de fe, de creer en el trabajo, de sacrificio y de lucha. Si, además, estos jugadores tienen un talento innato, el resultado es un equipo ganador.

Pero vayamos al comienzo del día. Toca madrugar para acudir al tempranero entrenamiento del Real Madrid. Se despierta nublada Málaga, con un Martin Carpena frio, oscuro, silencioso y prácticamente desierto. Qué distinto a lo que sucederá por la tarde.

Llega el equipo blanco. El capitán Felipe Reyes nos cuenta que “el hambre de ganar nunca se pierde, es más, sigo teniendo más cada día. Por eso estamos en este club” Y el jefe Pablo Laso deja claro lo que supone la Copa: “todos nuestros jugadores saben la importancia de este título, lo valoramos y tengo la sensación de que el equipo siempre compite bien en ella”. Así que todo claro. No vienen de paseo. En el ratito que nos permiten observar al resto del equipo en el previo del entreno mis ojos se fijan en la distendida charla del Facu con Taylor, la concentración de Carroll y Randolph, las ganas de balón de los jóvenes Garuba y Nakic, los paseos por la cancha del staff técnico. Y al pitido inicial de Laso aplausos del resto del staff y primeras carreras. Todo en orden.

Pero antes de la final aprovechamos que estamos en el Martín Carpena para ver la final de la Minicopa. Nuestros peques afrontan un mini clásico igualadísimo que se decide en los instantes finales a favor del Barcelona por 65-67, con Dayan Nessah (25 valoración) y Ousmane Alpha (16 puntos) destacados protagonistas.

Mis ojos se quedan con una enorme asistencia de público que prácticamente cubre la mitad del aforo del Martín Carpena y con la imagen de los jugadores del Barcelona animando a unos desconsolados jugadores madridistas. De nuevo deporte.

Ya con el sol inigualable de Málaga llega el momento deportivo culmen de la Copa, su final. El ambiente está más que asegurado. Miles de malagueños reciben a Unicaja hora y media antes del comienzo del partido en los alrededores del pabellón y a la llegada del autobús entonan su himno. Calma tensa hasta la presentación de los equipos. Y ahí llega la explosión, la expectación y la ilusión de unos y otros.

Balón al aire y desde el primer lance del juego se presagia que el Real Madrid ha venido a por la Copa. En la pista hay un jugador, Campazzo, que actúa en la cancha como si fuera la varita de un mago. Pablo Laso es su nombre.

El plan trazado se cumple a la perfección. La varita Campazzo mueve el equipo a su antojo, con un Carroll en estado de gracia en el tiro, un Deck que cansa verle entregarse en cada lance, un Randolph más elegante y eficaz que nunca, un Felipe que sabe dar un paso adelante ante los problemas iniciales de faltas de Tavares. Un Edy amo de las zonas. Un siempre elegante Thompkins. Un Rudy que mete dos triples cuando los tiene que meter. Y unos Llull, Taylor Causeur, y Laprovittola con menos protagonismo hoy, pero aportando su granito de arena al grupo. El resultado es un rodillo que va minando la moral del rival: 26-13, 17-15, 25-14 y 27-24 para un total de 95-68 y un campeón.

Un campeón que celebra su éxito con mesura pero con una felicidad inmensa y con sus ritos habituales, el corte de las redes de Rudy, los abrazos con la familia, el selfie de Llull, el canto del “Fantástico”… Y mientras, el mago nos deleita con su magia en la rueda de prensa. Son trece minutos que debéis escuchar en los que comparte con todos su filosofía, su método. Y no se olvida de nadie para hacer partícipe del triunfo a todos y cada uno de los componentes del grupo, jugadores, técnicos, médicos, fisios, comunicación…

La magia de Málaga y de la Copa escondían un mago. Su nombre es Pablo Laso.

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