El mejor de la historia, el mejor de mi historia

Nadie puede ni podrá nunca seguir el día a día de cada uno de los deportistas que marcan la historia del baloncesto o de cualquier otro deporte. Por tanto, el común debate sobre quién es el rey que pone su firma de oro en el balón, en mi opinión, no es más que un coloquio en el que nadie tendrá razón, pero que engrandecerá  a su vez la visión global de la competición.

Pocas veces me ha sido tan difícil ilustrar una opinión como en esta ocasión. Sencillamente porque no quiero que estas palabras se personifiquen en un jugador o en un equipo, sino en una reflexión global sobre un tema que llena bares, casas, tertulias… ¿Quién es el mejor jugador de la historia?

Si ponemos la vista en Norteamérica parece no haber debate en la figura de Michael Jordan, pero mi inquietud por la cual escribo sobre este tema nace de una conversación con un amigo sobre quién es el mejor jugador de la historia del Real Madrid de baloncesto.

Mi opinión sobre ello es clara, mi elegido es Sergio Llull. Sencillamente porque me cuesta creer que haya habido alguna vez un líder con ese carisma, ese brillo en los ojos, ese liderazgo, esa pasión, ese sentimiento, ese amor por los colores. Me cuesta y creo que por mucho que pasen los años y estudie la historia del club me negaré a pensar que exista otro como él.

Más aún cuando las habladurías populares no me señalan otro camino. Nacido en la última década del siglo XX, afirmo rotundamente que mis ojos no han visto nunca a nadie con tanto Real Madrid como Sergio Llull. Pero tampoco han escuchado prosa sobre otro emblema que se pueda poner a su altura o, al menos, bajo mi humilde opinión.

El caso es que mis ojos no podrán ver jamás el día a día de todos y cada uno de los jugadores que han pasado por el Real Madrid. Tampoco podré analizar el nivel de equipos rivales, de compañeros, de lesiones, de todas y cada una de las circunstancias que marcan la huella que un jugador deja en la eternidad.

Si mi abuelo, que en paz descanse, me hubiera hablado alguna vez de Clifford Luyk como el mejor jugador de todos los tiempos madridistas, yo no sería nadie para rebatirle lo contrario. Solo él, en su compleja y profunda percepción, habría vivido todas aquellas circunstancias por las cuales se podría percibir a éste como un histórico.

En definitiva, nadie puede ser testigo directo de todo ello, y, por tanto, el debate de mejor jugador de la historia carece de sentido. Las estadísticas y los trofeos están ahí y eso es irrebatible, pero aupar a uno solo al cajón más elevado del olimpo de los dioses es nada más y nada menos que pura subjetividad.

Mientras tanto, entre debates y debates y en el intento de crear una idea universal, cada uno de nosotros vivirá y transmitirá a futuras generaciones aquellos humildes jugadores que un día nos hicieron sentir el deporte como mucho más que un juego. Y eso, amigos, verdaderamente, es lo mejor de la historia.

Foto de portada: prensalatina.cu