Opinión Daniel Martín 

El modelo Mondelo

Lucas Mondelo es el artífice de una selección triunfadora. Cinco medallas en los cinco grandes torneos que ha disputado España bajo su mando hablan de que con el catalán, asistimos a la etapa dorada del baloncesto femenino español a nivel de selección.


A priori, podría parecer más un profe de instituto que un entrenador de baloncesto, pero la realidad dicta que Lucas Mondelo (Barcelona, 49 años) es entrenador y de los buenos. Esa injusticia, ese desgana mediática que existe hacia el deporte femenino quizás no deje apreciar al gran público la figura ante la que nos encontramos, una figura que dentro del baloncesto, no femenino, sino general, es enorme.

Cuando hablamos de éxitos en la selección, tendemos a mirar a ciertas jugadoras, tendemos a personalizar esas victorias de prestigio en nombres, si esta mete aquello o lo otro, si rebotea más, si asiste, normalmente es entre las jugadoras donde se reparten los méritos, donde se queda el “premio” de las felicitaciones. Pero tras ese brillo, tras las Palau, Torrens, Little o Xargay aparece él, aparentemente tranquilo, con la sensación de que controla todo lo que pasa, con la confianza plena que tiene en todas y cada una de sus chicas, sus “ratones coloraos”, como las ha definido el propio entrenador en la previa de la gran final europea. Si algo destaca en Mondelo es la capacidad para convencer de su proyecto a todo aquel con quien se cruza, como desde esa apariencia afable, logra meter en la cabeza de sus jugadoras ese concepto de juego tan eficaz que ha desarrollado con España desde que en 2012 se hiciera cargo de la absoluta.

España desarbola a sus rivales con jugadoras capaces de atacar de manera constante, movimientos fluidos, imaginación y desparpajo en ataque aunado al sacrificio, concentración y dureza en defensa, una dicotomía baloncestística que va mermando el físico y la mente de las rivales hasta hacerlas sucumbir irremediablemente, un cóctel explosivo, un juego que España de la mano de Mondelo ha elevado a la categoría de arte. No sólo en lo referente a la cancha ha logrado el entrador español el éxito, también en la gestión de grupo, en como ha sabido gestionar egos, como ha logrado formar una selección donde no hay versos libres, donde cada una asume su rol y suma para el grupo, donde todas las voces son escuchadas, donde todas pueden aportar su idea, pero donde se hace lo que al final decide el entrenador, una familia que se junta cada verano para disfrutar del baloncesto vestidas de rojo España.

Amaya Valdemoro, Elisa Aguilar, Marta Fernández o  Cindy Lima, son algunos de los nombres que han dejado la selección y con los que Mondelo tuvo que lidiar para poder regenerar el grupo y a la par seguir siendo competitivas. A medida que éstas auténticas leyendas de nuestro baloncesto anunciaban su adiós, el barcelonés tenía que modificar sistemas e inventarse nuevas armas, así fueron apareciendo las Torrens, Domínguez o Cruz para cubrir ese vacío que quedaba, logrando así no perder ni un ápice del gen competitivo que se había impuesto en el combinado nacional.

El potencial del baloncesto femenino es grande, no sólo por lo que hay, sino por lo que viene detrás, a ese grupo privilegiado guiado por Lucas con la ayuda de Victor Lapeña e Isa Sánchez, se han unido las últimas perlas del baloncesto español, Leticia Romero, Laura Gil o Marta Xargay son ya realidades dentro de este deporte y aún más atrás llegan Ángela Salvadores o Iris Junio. Queda la sensación de que si el presente es bueno, el futuro puede serlo aún más.

Pero si Mondelo es artífice junto a su grupo de trabajo y ese elenco de maravillosas jugadoras de las alegrías que el baloncesto femenino a nivel de selecciones nos ha dado, sería injusto no hablar de aquellos quienes suministran ese flujo constante de talento del que se sirve la absoluta, pero también el resto de categorías dentro de la FEB.

Miles de formadores/as en España que trabajan sin descanso, con una ilusión tremenda por ver plasmado todo ese esfuerzo en el juego de sus pupilas, por ver como todos esos proyectos de jugadoras se hacen realidad. Ese trabajo de cantera, anónimo y en la mayoría de casos no agradecidos en su justa medida, son el pilar de tantos éxitos, ese mérito, ese trabajo a de ser reconocido, que sirva de acicate para que todos esos entrenadores y entrenadoras de cantera sigan trabajando con la misma ilusión, con la misma fuerza, porque la alegría que supuso el oro de la selección hoy, empezó con su trabajo.

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