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Fernando Martín, por tocar un sueño renunció a casi todo

Hace más de tres décadas, para alguien no nacido ni criado baloncestísticamente en Estados Unidos, pertenecer a la mejor liga del mundo de baloncesto era un imposible, un sueño al que muy pocos tenían acceso. Sin embargo, hubo un español que no se conformó con alcanzar sus retos deportivos dentro de nuestras fronteras, así que se aventuró en un viaje hacia lo desconocido en pos de saciar su carácter inconformista. Hace 31 años debutaba en un partido oficial de la NBA, Fernando Martín Espina.

Para entender la magnitud del hecho que estamos recordando, hay que ponerse en situación. Estamos hablando de mediados de la década de los ochenta, años de los míticos duelos entre las dos grandes franquicias del baloncesto norteamericano, Lakers y Celtics. Y por entonces, para los técnicos, jefes de scouting y ojeadores americanos no había otro mundo, nada más que el que se desarrollaba dentro de las canchas de su país. Por este motivo, los jugadores de baloncesto que se formaban en universidades americanas eran considerados como jugadores suyos, fueran o no norteamericanos. Pero más allá de eso, no tenían prácticamente ojos para el resto de jugadores internacionales no formados allí.

En 1981, durante un triangular entre un combinado de la NBA, el Real Madrid y el Partizán de Belgrado de Drazen Dalipagic, con motivo del 50 aniversario del club blanco, ocurrió algo sorprendente. El técnico del combinado de la NBA se fijó y alabó a un chaval de apenas diecinueve años, recién llegado al equipo blanco. Y ese chaval no era otro que Fernando Martín, jugador al que no le bastaba con ganar títulos y títulos con el Real Madrid y conseguir hacer historia con nuestra selección, sin olvidar el subcampeonato liguero que logró con el Estudiantes en la temporada 80/81. Quería más y más, alcanzar nuevos retos y éstos ya no podía conseguirlos dentro de nuestro territorio.

Durante los Juegos Olímpicos de 1984, Fernando sabía que estaba ante la cita y el escenario idóneos para demostrar todo su poderío, con el fin de asaltar, en un futuro no muy lejano, las tierras que estaba pisando en aquel momento. Como declaró Paco Binaburo en nuestro homenaje (fisioterapeuta de la selección española por entonces): “Tenía el tema de la NBA muy avanzado durante Los Ángeles 1984, pero lo llevaba muy discretamente”. Es a partir de entonces, cuando empiezan seriamente sus contactos con el baloncesto norteamericano, siendo el tristemente desaparecido Andrés Montes quien, durante el Campeonato de Europa de Alemania en 1985, adelantó la noticia del interés de una franquicia en hacerse con los servicios de Fernando para el draft de ese año. Pero esa no era una franquicia cualquiera, ¡estamos hablando de Los Ángeles Lakers de Magic Johnson! Incluso Jerry West le envió personalmente una camiseta y una carta mostrándole su interés, como así nos contó Gonzalo Vázquez.



El verano de 1985 sería un primer momento histórico para Martín en lo referido a su aventura americana. Durante el draft de ese mismo año, a pesar de que todo a puntaba a su selección por la franquicia angelina, finalmente es elegido por New Jersey Nets debido principalmente a dos personas muy aperturistas, Al Menéndez  y Stan Albeck, jefe de scouting y entrenador respectivamente de esta última franquicia, que seleccionaron por medio de Bob Mackinnon al jugador madrileño en el puesto 38 de segunda ronda (un puesto avanzadísimo para un extranjero en aquellos años) adelantándose a Lakers, que ya había gastado una elección en primera ronda en otro gran jugador, A.C. Green.

De este modo, el jugador español hacía las maletas y se encaminaba a intentar cumplir su sueño: formar parte de la NBA, algo que hasta ese momento no había logrado ningún jugador extranjero que no se hubiese formado allí. Todo parecía encaminado para su fichaje, y más aún cuando iba a ser dirigido por el mismo entrenador que cuatro años antes se había fijado en él en el partido del 50 aniversario del Real Madrid Baloncesto, Stan Albeck. Pero su futuro empezó a torcerse, ya que dicho técnico abandonó los Nets semanas después del draft rumbo a Chicago, para dirigir nada más y nada menos que a Michael Jordan, oferta irrechazable por otro lado. A pesar de este imprevisto, Fernando Martín tenía muy a su favor el seguir contando dentro de la franquicia con un gran enamorado suyo que ya se fijó en él durante el Mundial de Colombia en 1982. Nos referimos, claro está, a Al Menéndez, gran conocedor del baloncesto internacional y que un año antes ya estuviera negociando el fichaje de Óscar Schmidt, aunque  finalmente no se consumara. En su paso por el Campus de New Jersey Nets en Princeton, previo paso por Chapel Hill (donde coincidiera con Michael Jordan), Fernando estuvo acompañado por el periodista español Sixto Miguel Serrano, gran amante del baloncesto norteamericano y, por qué no decirlo, pionero del periodismo deportivo en lo referente a esta liga.

El pívot español realizó una gran liga de verano allí, con tres grandes partidos frente a New York Knicks, Washington Bullets y Philadephia 76ers. Incluso el propio Sixto nos confesaba que cada noche en el Hotel Ramada Inn, los propios periodistas realizaban tertulias baloncestistas junto con entrenadores como Moncho Monsalve o Sandro Gamba, ojeadores y en general expertos en NBA, estando convencidos todos ellos de que el jugador madrileño tenía un futuro muy brillante en Estados Unidos. Pero finalmente, el que era por entonces su agente, Lee Fentress, no dio la talla en las negociaciones y Fernando Martín no lo vio claro. Parecía que New Jersey no mostró tanto compromiso por él como en un principio parecía.

Foto: Fernando Laura
Foto: Fernando Laura

A partir de este momento, el por entonces número diez del Real Madrid contrató a Miguel Ángel Paniagua como agente, que era ojeador de Portland Trail Blazers y que llegó incluso a informar sobre jugadores europeos muy jóvenes en aquel momento, como Kukoc, Divac, Petrovic y Sabonis, además del propio Martín, encaminando poco a poco su fichaje por la franquicia de Oregón.

Tuvo que acudir, al igual que un año antes, a la Summer League, en la universidad de Loyola Marimount (Los Ángeles), donde  finalmente y en el momento en el que se le hace llegar una camiseta del equipo con el diez a su espalda, se consumó su fichaje. Pero incluso en ese momento de exultante felicidad, Fernando dio muestras de arraigo por sus raíces, reclamando la tilde en la “i” de su apellido.

Y llegó el gran día, el día 31 de Octubre de 1986 en el Memorial Coliseum de Portland, ante 12666 espectadores y con la presencia de tres periodistas españoles: Fernando Laura, Manolo Lama y el propio Sixto Miguel Serrano. Fernando Martín debuta en partido oficial en la NBA, disputando 2 minutos y dos segundos. Aquel día en el que estaba haciendo historia, tampoco se olvidó de sus tres amigos periodistas, avisándolos de que saludasen al público ya que habían sido presentados por megafonía y no se habían percatado de este detalle.

A partir de ese momento, hubo un obstáculo muy importante y difícil de salvar para que su futuro en la NBA hubiese sido diferente, nos referimos al técnico de Portland Trail Blazers, Mike Schuler, un  entrenador novato, excesivamente conservador y que no dio opción al jugador español. Tampoco hay que olvidar las inoportunas lesiones que tuvo que sufrir en momentos cruciales de la temporada.

Es curioso que aunque Fernando era un jugador novato para la NBA, su carácter y calidad no le dejaban actuar como tal, estando encantados todos los componentes de la plantilla con su rendimiento. Tal era así, que incluso las dos grandes estrellas de aquella franquicia, Clyde Drexler y Kiki Vandeweghe, no concebían como no disfrutaba de más minutos de juego en el equipo. Pero él ya había hecho historia siendo un pionero en nuestro baloncesto y el segundo europeo no formado en universidades americanas, después del búlgaro Georgi Glouchkov, en formar parte de aquella liga. Y para alcanzar esta hazaña, no solamente había que ser un grandísimo jugador de baloncesto, sino que además había que ser mucho más que valiente, cosa que Martín era y mucho.

Si algo le caracterizaba también, era su carácter inconformista. Incluso la misma noche de su debut se le preparó una fiesta en el Hotel Viscount que dirigía un español, Tony Álvarez, para celebrar este momento histórico, y el propio Fernando Laura, fotógrafo y amigo de él, nos comentaba dentro de nuestro homenaje, que Fernando no estaba del todo feliz y decía una y otra vez: “Sí, pero así no”, en referencia al hecho de haber debutado pero con muy pocos minutos. Quizá el embarcarse en aquella increíble y difícil aventura fue la decisión deportiva más difícil que tuvo que tomar, dado que renunció a cosas que tenía muy fáciles y muy al alcance. Aunque su situación personal y deportiva no fueran las idóneas, le costaba hacerse a la idea de regresar a España sin haber podido demostrar realmente su valía. Finalmente, la temporada siguiente volvió al Real Madrid (tampoco fue nada fácil tomar esta decisión), pero nunca se le oyó decir que no mereciera la pena todo aquello.

“Por tocar un sueño renunció a casi todo”. No creo que haya mejor manera de terminar, que recordando las palabras de Antonio Martín en el capítulo I de nuestro homenaje a Fernando Martín.

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