Final Four 2018. Debilidades y fortalezas en el Real Madrid – CSKA

Tanto CSKA de Moscú como Real Madrid son aristocracia en la Euroliga, dos plantillas de peso y con mucha presencia en la Final Four en los últimos años. Un clásico europeo con dos equipos que se asemejan más de lo que a simple vista parece.

Se enfrentarán dos equipos con unas ideas parecidas, donde el juego exterior impera a la hora de organizar sus sistemas. Dos dúos sobresalen por en encima del resto en cada plantilla. Por los rusos, Sergio “El Chacho” Rodríguez y el renqueante Nando De Colo, que si bien está lesionado, no nos cabe duda de que forzará para estar. Por el Madrid, Luka Doncic y un renacido Llull, que ha entrado con fuerza en el equipo tras su recuperación. Los cuatro jugadores nombrados hacen de la ejecución en aro contrario virtud, especialistas en la creación de espacios en ataque, ya sea para anotar ellos o por el contrario, doblar para que anote un compañero liberado. La velocidad es otra de las armas que ambos entrenadores utilizan con asiduidad, si bien el Madrid es quien mejor y más uso da de ella, siendo parte fundamental del juego para los de Laso.

Con De Colo fuera por lesión, ha sido Rodríguez el catalizador del juego ruso, dando comienzo a cada ataque y en muchos casos también cerrándolos. Su versión moscovita es la más parecida a aquella que le valió ser MVP de la Euroliga en 2014, una versión que sin dejar de lado su faceta de pasador destaca por su facilidad anotadora, firmando porcentajes altos. Hasta 59% en tiros de dos puntos y casi un 45% en tiros de tres. Si en el caso del CSKA es el Chacho el hombre a seguir, en el Madrid es Doncic.

El joven jugador esloveno con la plaga de lesiones que sufrió su equipo, tomó el mando y ha firmado una competición europea en la que ha ido de más a menos. Rápido para su tamaño y peso, anotador, buen pasador, con capacidad para pelearle el rebote a cualquiera, Luka es el prototipo de jugador infernal al que nadie quisiera defender, un dolor de cabeza para cualquier entrenador por la variedad de recursos que presenta. Recién elegido “mejor joven de la Euroliga” por segunda vez consecutiva y peleando por el MVP general de la competición, Doncic pasa por ser el elemento desestabilizante en el choque, pues su capacidad para adaptarse hasta en cuatro posiciones distintas le convierte en un jugador difícil de estudiar para cualquier rival.



Si bien hay nombres que se anteponen al resto, cuentan ambas plantillas con unos fondos de armario de mucho nivel. Higgins, Hines, Clyburn o Hunter, han firmado números importantes además de tomar el testigo cuando los primeros espadas no han rendido a su nivel, aportan músculo y versatilidad a los de Itoudis, lujos en una plantilla compensada y que juega de memoria. A partir de aquí aparecen los Antonov, Vorontsevich, Fridson o Kurbanov, jugadores que le dan a CSKA sentido e identidad, funcionando como engranajes perfectos en la maquinaria moscovita.

 El Madrid por su parte, tiene en la guardia pretoriana de Laso a los jugadores de mayor confianza. Carroll, Rudy, Ayón y Felipe han completado unos playoff de altísimo nivel, desarbolando a Panathinaikos con una línea de juego que recordaba aquel Madrid que completó la “perfect season” hace unos años. Junto a la vieja guardia aparecen otros que van camino de ser tan clásicos como los nombrados. La intensidad defensiva de Taylor, vital en la intención de parar a las estrellas rusas, el muro que supone Tavares o jugadores como Causeur, Randolph o Thompkins, que comparten tanto calidad y conocimiento del juego como una irregularidad desesperante en ocasiones.

Caso aparte es el de Campazzo, jugador diferencial por su capacidad para revolucionar los partidos. Llegará muy justo por otra de esas lesiones que asolan al cuadro blanco, pero de llegar, es un arma vital para ese juego controladamente incontrolable que hace al equipo de Laso muy temido en partidos de este nivel.

Será un choque con sabor añejo, a baloncesto ochentero, todo un clásico del baloncesto continental, dos potencias enfrentadas optando al cetro europeo. No se puede pedir más.