La Décima, una familia, un equipo de leyenda

Pocas veces me hizo tan feliz un éxito deportivo de mi equipo como el del domingo pasado. Pero es que este Real Madrid se lo merecía de verdad. Por todas las adversidades que hemos sufrido este año: las rodillas de Llull y Kuzmic, los hombros de Ayón y Randolph, la reciente artroscopia de Campazzo… y un largo etcétera entre los que se encuentran varapalos que te obligan a poner en perspectiva la (no) importancia del deporte frente a otros problemas de la vida.

Por ello, agradecimiento es lo que debió sentir el pasado octubre Thompkins cuando entre lágrimas le pidió a Pablo Laso un permiso sine díe para ir a EE. UU. a cuidar a su madre enferma. Trey, uno de esos tipos por los que merece la pena ir a ver un partido de baloncesto y cuyo crecimiento y madurez baloncestística en los últimos meses ha sido clave en la consecución de la Décima.



A pesar de los obstáculos, nunca Pablo Laso o los jugadores pusieron excusa alguna ni maldijeron nuestra mala suerte con las lesiones. Se trataba de competir cada noche con los mimbres que hubiera. De correr contra el viento. Daba igual quién estuviera sobre la cancha. Una lección importante en el deporte y en la vida. Caer y levantarse. Perder una final de Copa del Rey ante tu máximo rival hace tres meses o aguantar que un tendero de Atenas te llame gallina tras perder por 28 puntos. Caer y levantarse. Con carácter, orgullo y personalidad.

Ayer Juan Carlos Sánchez dijo: “Esto es una familia; un equipo de leyenda”. Quizá en 20 o 30 años, no mucha gente recuerde la letra pequeña de la Décima. Quizá se recuerde a Luka Doncic, que antes de emigrar a las Américas se convirtió en MVP con tan sólo 19 años. Llegó siendo un niño y se marcha siendo un hombre. Ahora bien, algunos no olvidaremos la actuación de unos cuantos guerreros. Ese trabajo oscuro que a veces no se ve en las estadísticas. El partidazo de jugadores como Rudy, Tavares, Felipe o Carroll fue sencillamente para enmarcar. Y cómo dejar fuera la antológica actuación de nuestro jugón francés. 17 puntos y una defensa brutal. Causeur y cantar. Para mí, el MVP de la final.

La presente Euroliga ha tenido tantos matices que daría para escribir un libro. Pero una de las cosas con las que me quedo es el paso al frente que dio Felipe Reyes a finales de 2017. A sus 37 castañas, consiguió minimizar las bajas interiores, a base de intimidación, inteligencia, visión de juego y su habitual brega.

Y qué decir de Sergio Llull. Hace nueve meses se nos encogió a todos el corazón después de ver y escuchar la lesión de nuestro hombre indestructible. Podría haberse recuperado con calma y volver la temporada que viene. Llull no es de esos. Está hecho de otra pasta. El tema ya no es sólo que volviera. Es cómo lo ha hecho. Cómo se echó el equipo a las espaldas en el tercer partido frente a Panathinaikos. Eso también lo debería recordar la historia y el madridismo.

Esta Copa de Europa también es de los 500 valientes madridistas que vivieron in situ esta gesta en Belgrado en una auténtica caldera llena de turcos. Pero también es de los que maldijeron nuestra inexperiencia en 2013 en Londres, los que lloraron en Milán por una cruel derrota en la prórroga en 2014 o los que sufrimos por ni siquiera competir en la pasada Final Four en Estambul. Caer y levantarse. Caer y levantarse.

No quiero olvidarme de Jonas Maciulis, nuestro guerrero lituano al que también le pertenece un cachito de este éxito. Igual que aquellos currantes que detrás de las cámaras rodean a este grupo humano inigualable y sin los que esta Copa de Europa no se hubiera logrado: cuerpo técnico, fisios, utilleros, Gica, el gran Pedro Bonofiglio, etc.


Una familia liderada por PABLO LASO. Con él, hemos ganado 14 títulos en siete años. Pero el Lasismo es mucho más que eso. Es haber cambiado la historia reciente del Real Madrid de baloncesto. Se podrá ganar o perder, pero bajo el paraguas de un estilo innegociable, lo que es seguro es que siempre se va a competir por los títulos.

Precisamente por eso somos el Real Madrid. Ayer celebramos y hoy también. Pero desde mañana ya estaremos de nuevo trabajando para tratar de ganar la Liga ACB. Y el año que viene la Euroliga en Vitoria. ¿Por qué? Porque somos el Real Madrid, los Reyes de Europa. Y hay que continuar escribiendo la historia.

Sin duda, la Décima será recordada siempre como la Copa de Europa del orgullo y la resiliencia.

Así se lo contaré a mis nietos.

¡HALA MADRID!

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