La esperanza de Álex Abrines

Foto. nba.com

Álex Abrines se ha convertido en el prototipo de jugador al que todo aficionado querría tener en su equipo. Un chico ambicioso y sincero. Cercano y amigable. Pero, como no podía faltar, estrella cuando pisa la cancha.

Para ser sincero, nunca había tenido mayor interés en Abrines más que saber si jugada o no en Oklahoma. No tenía ese sentimiento de paternalismo que quizás a la mayoría nos surge ahora con Luka Doncic. Sino un simple deseo de bienestar por el hecho de ser español. Si le va bien, genial. Si no tiene tanto protagonismo, mala suerte.

Pero desde que fuera cortado por los Thunder, cabe destacar que de mutuo acuerdo, puede que haya descubierto esa cara de Álex Abrines que siempre estuvo ahí y que no me interesó ni tan siquiera descubrir. Un Abrines de 25 años que representa la madurez de alguien casado pero la juventud del que se sigue divirtiendo con los videojuegos.

En las últimas semanas se le ha podido ver mucho más activo en redes sociales. Bien contestando a sus seguidores o realizando partidas de juegos retransmitidas online. Esa ha sido su ventana para conectar de nuevo con los que alucinaban viéndole jugar. Momentos de calma en los que el balear conversa sin tapujos con aficionados, dice tacos si le apetece y relata ocasionalmente cómo es su día a día.

Todos tenemos esperanzas en que Abrines vuelva cuanto antes y de la mejor manera. Pero, la esperanza que nos tiene que quedar en un futuro, es que haya más jugadores como el español. Esa cercanía que en los grandes nombres se echa en falta se puede percibir con el alero. La distinción de clases que crea el éxito no tiene cabida con Abrines.

A cualquiera le encantaría ver a sus jugadores más allá de los partidos. Charlas entre ellos mientras disfrutan con partidas de videojuegos, respuestas a las preguntas de sus aficionados… Al fin y al cabo, volver a poner a todos al mismo nivel social. El jugador, convertido por clubes y competiciones en una figura inalcanzable para el seguidor de a pie, se retrotrae a su estatus de persona normal.

Esa capacidad de transmitir normalidad es la que acaba por generar el respeto. Pues si bien muchos se lo ganan en la grada, posteriormente lo pierden por completo en la calle. La esperanza, definitivamente, es que haya más Abrines y cuanto antes, porque la respuesta de la afición será instantánea en forma de admiración.

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