La estupidez y el absurdo se asientan en Málaga

¿Dónde puede estar el límite de la estupidez? ¿En qué lugar de nuestro universo particular se nos olvidó qué es un niño? ¿Quién puede prohibir a un niño jugar? Preguntas sin respuestas con una ciudad como protagonista: Málaga

Los que ya tenemos una mediana edad, ese tiempo tan confuso que suele abarcar de los 40-60 años recordamos bien nuestra infancia, en ella no había móviles, ni consolas con gráficos deslumbrantes, ni televisión a todas horas, ni…tantas otras cosas que dejan ahora a nuestros hijos pegados a la silla de su habitación durante muchas horas, pero sí había siempre un balón y, si me apuran, dos, uno de fútbol y otro de baloncesto según lo que tocara ese día con los amigos.

El lugar era lo de menos, mientras hubiera una canasta ya podía ser la pista de tierra, con desniveles, sin red o como fuera, los más privilegiados (o mejores) estaban en el equipo del colegio y, los fuera de serie, se chuleaban cuando jugaban contigo y te decían “yo estoy federado”, muchas horas por la tarde y muchas más los fines de semana cuando el tiempo te acompañaba y los estudios te lo permitían, así pasó mucha parte de nuestra infancia-juventud.

Lo que está sucediendo en Málaga con ese desacuerdo entre administraciones y que está suponiendo la imposición de multas a colegios PORQUE HAYA EQUIPOS ENTRENANDO EN SUS INSTALACIONES por la supuesta molestia por el bote de los balones a los vecinos y que está llevando a que muchos niños y niñas se queden sin su actividad extraescolar es algo que nos tiene que ruborizar a cada uno de los habitantes, no ya de Málaga, sino de España entera como un ejemplo de mal gestión de nuestros dirigentes, sean del partido que sean.

Hay miles de cosas que nuestros jóvenes pueden hacer sin que tengan que botar un balón, sin que respiren el aire en el exterior de una cancha mientras tienen el sudor del esfuerzo pegado a su cuerpo, sin que sus padres tengan que ir a llevarlos o recogerlos sabiendo, a ciencia cierta, que no solo están disfrutando sino aprendiendo una ética de vida que a la mayoría les durará para siempre, todo eso y mucho más se desprende del bote de un balón entre las manos de un niño, algo que se puede ir escapando irremediablemente a cada día que pasa sin una solución coherente que no sea el prohibir por prohibir.

¿Dónde queda el derecho a jugar de los niños? ¿Dónde queda ocupar ese tiempo para evitar que tengan tentaciones de otro tipo más silenciosas y mucho más dañinas? En resumen, ¿Dónde queda el futuro de nuestra sociedad?

No me hagan creer que el bote de un balón (o de diez) en el patio de un colegio les molestan, no me hagan creer que niños gritando “AYUDA”, “TIRO”, “REBOTE” a horas vespertinas trastorna a alguien, por favor, no me traten como si fuera imbécil, díganme otra cosa, cuénteme que en la lucha de poderes políticos que jamás llegaré a entender buscan cómo hacer daño uno al otro sin pensar en el ciudadano, díganme que prefieren que su Policía vigile que los niños no boten un balón en vez de poner todo su ahínco en vigilar quién les entrega droga a la salida del colegio, díganme lo que quieran para que me calle, pero no me engañen, dejen de tratarme como si fuera tonto.