Opinión Daniel Martín 

La evolución del base

Decía Charles Darwin que el superviviente no siempre es el más fuerte o el más inteligente, sino el que mejor se adapta al cambio. El base moderno ha cambiado, ha mutado en un jugador más completo y complejo,adaptado a un baloncesto más rápido y coral en la elaboración.

El base ha muerto. Puede sonar muy duro, pero es así, al menos el modelo de base que aquellos que ya tenemos una edad, conocimos y disfrutamos. Ese base cerebral, capaz de conocer cada movimiento propio o el de cada compañero dentro del sistema de juego establecido, falleció. La adaptación a un nuevo modelo de juego donde la organización de la jugada a realizar es colectiva y no necesita que sea el mismo jugador y desde la misma posición el que la inicie o el aprovechamiento de las cualidades del jugador que ocupa la posición de base en otra parte del ataque, donde se convierte en ejecutor de la propia jugada y no en el lanzador inicial de la misma, hacen que la posición de base como tal (la que denominaremos “clásica”), se difumine.

Si hay un debate que suscite polémica en el baloncesto actual, es el que se genera a la hora de definir al base cuya mayor virtud es la anotación. La figura del base que se aleja de las facetas de creación, orden y canalización del juego, el cual en su mayor parte tampoco tiene un cuerpo propio de un base clásico, donde ya no es el más bajo y ligero en la cancha, produce recelo entre todos aquellos que ven a un escolta/alero usurpando un puesto que no le corresponde, pero es que el baloncesto actual en su evolución hacia un juego más físico requiere de un perfil corporal más elaborado, más centímetros y kilos para poder intercambiar posiciones, un baloncesto donde la adaptación a cada situación en la cancha se antoja vital para el triunfo final, donde el base moderno a diferencia del clásico, puede desenvolverse cerca del aro como un jugador más interior.

La evolución del base es tal, el cambio producido con los años es tal, que ha cambiado hasta la denominación que los americanos, inventores de ésto le daban. Al base clásico denominado “playmaker” ahora le re-nombran como “point guard”, o lo que es lo mismo, de “hacedor de juego” pasa a ser “escolta anotador”. Los ejemplos son muchos a un lado y otro del Atlántico, desde Harden a Llull o Nando de Colo, jugadores que reconvirtieron posición desde el escolta al base, dando inicio en parte a esta nueva era donde este perfil de jugador domina el baloncesto en ambos continentes.

Doncic como modelo de base moderno.

Dentro de este nuevo baloncesto donde el base parece no ejercer de base, también vemos como el resto de posiciones mutan, sólo el escolta parece permanecer inmutable a todos éstos cambios que se van generando y es que el “dos” sigue siendo el especialista anotador del equipo en la mayoría de casos, el abrelatas de las defensas rivales. El baloncesto actual aborrece los extremos y si por un lado es el base tal y como le conocíamos el desaparecido, por el otro es el pivot, el “center” también clásico, el que ha evolucionado a una versión más completa, más exterior, casi un alero de 2.15 metros capaz de botar, lanzar y pasar como cualquier exterior de cierta calidad. Es paradójico que pese a ser más claro el cambio de juego del “jugador alto” con respecto al “jugador pequeño”, es este último el que parece llevarse más críticas por ese cambio, siendo el pivot con habilidades el que se lleva todos los piropos.

En resumen, en el baloncesto actual las posiciones rígidas han perdido su peso y todas ellas intercambian responsabilidades e interactúan al existir perfiles de jugador capaces de juntarlas como recurso, jugadores capaces de responder a cada reto que le propone el juego indistintamente de la ubicación en la que se encuentren, un tipo de jugador donde el mayor exponente de ello es el madridista Luka Doncic, base con cuerpo de alero y movimientos propios de un “cuatro” o “cuatro y medio”, un tipo capaz de intercambiar posiciones con cualquier otro compañero del quinteto sin perder ventajas.

En la evolución general del baloncesto atisbamos que se pierden roles y se ganan capacidades, podemos hablar de un baloncesto donde ya no se reconocen cinco posiciones diferenciadas, si acaso son tres las que vemos con claridad dado que podríamos decir que los equipos que adoptan este juego moderno prescinden del base y el pívot, jugando con dos escoltas, dos aleros y un ala pivot. El baloncesto se encamina a quintetos donde los jugadores, todos, tengan perfiles similares tanto técnicos como físicos, que puedan saltar a un cambio defensivo y no perder ventaja de ningún tipo o intercambiar posiciones y rotar en ataque sin que se resientan las opciones en tiros lejanos o juego interior.

 

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