Historias 

La historia de Jasikevicius y su madre

Muchos de ustedes ya lo habrán visto, con ese vídeo de Sarunas Jasikevicius en las que expresa perfectamente las razones por las que Augusto Lima tenía que estar con su mujer para el nacimiento de su primer hija, pero hay una historia que afecta completamente al entrenador del Zalgiris.

Lo dudamos, pero por si acaso no han visto el vídeo, aquí se lo dejamos.

Pues lo que le vamos a contar tiene su origen en un artículo publicado en la web de ACB el 16 de diciembre de 2004 y redactado por el actual director de comunicación de dicha asociación, Pablo Malo de Molina, en él se hacía eco de una entrevista publicada en el periódico “Kauno Diena” a Rita Jasikeviciene, madre de Saras y que explica los diferentes que podían haber sido las cosas hasta el punto que el actual entrenador del Zalgiris no estaría entre nosotros si ella, jugadora internacional de balonmano, se hubiera plegado a los deseos de los rectores deportivos de la extinta Unión Soviética:

Mi carrera iba muy bien hasta que me quedé embarazada y me perdí los Juegos Olímpicos de 1976: el seleccionador Igor Turcin dijo claramente que no quería volver a verme más es el único hombre del que he tenido miedo. Si le ordenaba algo a una jugadora de balonmano, ella lo hacía sin preguntar. También las mujeres embarazadas le obedecían, hubo más de una historia así y a mí nunca me perdonó que no abortase y fuese a los Juegos Olímpicos“. Luego seguí mi carrera y fui mucho mejor jugadora, pero no podía volver a la selección“.

Evidentemente, de aquel embarazo nació Sarunas Jasikevicius, pero la historia continúa:

Yo bromeaba y le decía al pequeño Sarunas que ‘me debes unos Juegos Olímpicos’ y cuando fue suficientemente mayor, nos compró a mí y a su padre billetes para los Juegos de Sidney“, parece muy agresivo en la pista pero con nosotros es muy amable y tranquilo y nos ha comprado muchas, muchas cosas: recuerdo que cuando ganó su primer sueldo, por el oro del Europeo Junior de 1994, entró en casa y subió las escaleras gritando ‘mamá, ven aquí, tenemos que compartirlo’“.

Viendo esta historia, aunque antes ya lo entendíamos, imaginen qué podía pensar el bueno de Saras cuando se habla de un padre que quiere estar en el nacimiento de su hijo.

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