Opinión Daniel Martín 

La hora de Doncic

Con Llull fuera y con la poca o ninguna intención por parte del club en fichar un sustituto para el balear, se abre una vía para el resto de jugadores que sin la estrella madridista, deberán dar un paso adelante. Pero si hay un jugador sobre el que se depositan las mayores esperanzas ahora que Llull estará lesionado y ausente durante tanto tiempo, es Luka Doncic.

Cubrir la baja de un super-clase como Sergio Llull es muy difícil, es el actual mejor jugador de Europa (su MVP de la última Euroliga así lo acredita), aparte de ser el alfa y el omega en los sistemas de Laso, cualquiera que esté hoy en el mercado y en comparación, será poco y será caro. Con esta presentación, llegar para hacer olvidar al mahonés se antoja complicado, prácticamente imposible, y no sólo por sus cualidades físicas o técnicas, también por ese espíritu indomable que tiene y que ha calado en la afición madridista, convirtiéndole en un icono admirado y querido, una figura irremplazable dentro de la estructura del equipo y en el corazón de la afición.

Laso ya ha decidido y su opción es no fichar, ya sea por convicción o por necesidad, no le queda más remedio que confiar en lo que tiene ahora o lo que es lo mismo, darle la manija del equipo al dúo Doncic-Campazzo. Cierto es que ambos son jugadores de sobrado nivel, pero la tarea será difícil, pues el Madrid está orientado a las habilidades y prestaciones de Llull, un juego basado en el ritmo alto, el juego abierto y la velocidad, aptitudes innatas en “el aeroplano de Mahón”.

Con todo esto, a día de hoy en Europa sólo hay un jugador que por talento, físico e impacto entre la masa social madridista podría minimizar la baja de Llull y ese no es otro que Luka Doncic. Un paso más adelante, es lo que parece pedirle Laso con la decisión de no fichar, un paso más en su juego, en su madurez, es su capacidad para asumir un rol de líder, el esloveno debe abandonar ese rol de niño, de rookie eterno que parece no poder soltar y empezar a volar sólo, sin la red de seguridad que un jugador de la talla de Llull supone para un jugador joven, pero sobradamente preparado para el reto que se le viene encima. “Es que sólo tiene 18 años”, es la frase que Doncic debe evitar.

Doncic en un partido de la temporada pasada ante Baskonia

Luka sembró dudas en su final de la temporada pasada, desde su desastrosa Final Four en Estambul, fue cayendo en su aportación hasta terminar desdibujado, triste, con la sensación de que si en ese momento acaba la temporada, él, Doncic, daría las gracias por no seguir sufriendo esa tortura. Esa F4 nos mostró al Luka más terrenal, más humano y le enseñó al propio Doncic que aún le queda un largo camino para ser lo que se intuye, será. Un golpe duro que bien asimilado, no solo no debe debilitarle, un golpe que no puede generarle dudas en su juego, un golpe que debe endurecerlo, hacerle madurar y visto su rendimiento actual con la selección eslovena, ha madurado y le ha endurecido hasta el punto de que Eslovenia ya no es la selección del NBA Goran Dragic, es la selección de Luka Doncic.

Cierto que podréis apuntar que ya Doncic es importante en el Madrid, que ahí están sus números para corroborarlo, pero la realidad es que cuando el partido se decidía y el rival era de entidad, Doncic pasaba a un segundo plano y eran los Llull (sobretodo), Carroll, Ayón o Randolph los que asumían un papel protagonista, los que no sentían que el balón quemaba en sus manos, los que pedían el balón para ganar, para eso llegaron, es su trabajo. Pero de nuevo, sin Llull, sin el rey del buzzer beater en Europa, es otro quien debe asumir ese papel y con todos mis respetos a los antes nombrados, sin Llull y  teniendo que elegir a quien dar el balón para ganar en la última posesión, en el último segundo, yo elijo a Doncic.



Luka es uno de esos bases atípicos por su físico, y digo base porque tanto Laso como el propio jugador se han hartado a decir que al menos en el Madrid, el talento de Ljubljana jugaría de “uno” la mayor parte de su tiempo en cancha. Alto, corpulento y que engaña, más rápido de lo que su envergadura y pesaje indican, más técnico que cualquiera que mida 20 centímetros menos que él, capaz de ocupar hasta cuatro posiciones diferentes en la cancha y rendir con solvencia en cada una de ellas. Cada uno de nosotros podemos imaginarle en una posición distinta e incluso dar explicaciones del por qué y ninguno nos equivocaríamos, porque puede adaptarse de manera genial a cada exigencia propia de la posición, haciéndola suya, como si siempre hubiese jugado ahí. El problema para el Doncic multi-posicional es que sin Llull sus opciones de saltar del base a diferentes puestos disminuye, porque con sólo dos bases y la opción de Rudy y Causeur como teóricos bases a tiempo parcial, ver a Doncic saltando al alero y jugando cuartos enteros ahí, podría ser más difícil que ver un unicornio galopando por Gran Vía.

Talento, desparpajo, capacidad, valentía, liderazgo, cualidades que Doncic ya tiene o que en algunos casos y de manera rauda deberá tener para liderar un proyecto que antes de empezar, ya que se ha quedado sin su líder natural, Doncic deberá dar otro puñetazo en la mesa y proclamarse nuevo jefe de la manada en la cancha, eso sí, con el beneplácito de Pablo Laso, convirtiéndose de niño a hombre definitivamente, desterrando lágrimas, frustraciones juveniles y asumiendo el cargo que de manera natural debe ser suyo, desterrando así al menos durante esta temporada la idea que todo seguidor baloncestista tiene en la cabeza, dejando claro que en la temporada 2017/18 el Madrid no es de Llull, es de Doncic.

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