La kriptonita de Anthony Randolph

Al poco de la presentación de Anthony Randolph en el Real Madrid, su entrenador Pablo Laso fue claro: “Nos va a dar grandes noches” y bueno, para qué vamos a negarlo, parte de razón ha tenido porque dentro de ese maremágnum de 82 partidos por el conjunto blanco, con cientos de jugadas para el recuerdo, siempre habrá dos que se recuerdan claramente, una de ellas fue el estratosférico tapón a Dorsey en el Palau (aunque terminara en canasta) y otra fue ese salto por encima del jugador de MoviStar Estudiantes para acabar metiendo un mate antológico, seguro que saben bien de qué hablo.

 

Por el camino nos ha dejado muchas muestras de su inmensa capacidad atlética y de una polivalencia en el juego bestial, un jugador capaz de sacar el balón jugado con su 2.11m sin excesivos problemas, polivalencia en el juego interior-exterior, excelentes movimientos de espaldas al aro con un tiro demoledor tras medir la distancia con su defensor o un lanzamiento exterior desde el triple que no te permitía dejarle solo ni una décima de segundo o acaso se han olvidado de ese triple que dio la prórroga al Real Madrid ante el Morabanc Andorra en la Copa del Rey.

En defensa tampoco va mal, quizás algún problemilla en el 1×1 pero excelente en la lectura de ayudas y que le ha convertido en el máximo taponador en ACB, un mérito que no está al alcance de muchos y que nos ha dejado innumerables highlights a lo largo de la temporada, tanto aquí como en Euroliga.

Fue tanto el buen sabor de boca que teníamos con Randolph que, cuando surgió la noticia de que había renovado por el Real Madrid (se habló incluso de que era por tres temporadas) y de que había aparcado su sueño de triunfar en la NBA, todos nos congratulamos, alegramos y vimos como un jugador podía marcar diferencias con el resto de los conjuntos gracias una calidad y un físico brutal.

Pero hete aquí que llegó el maldito golpe contra Fenerbahce y no, no hablo del anímico (que también), sino del físico, ese maldito toque en la cadera del que ya no se recuperó y, como si fuera por arte de magia, Anthony Randolph perdió todos sus poderes, pareció que alguien había encontrado su punto débil como así pasó con el talón de Aquiles o con Superman y su kriptonita, simplemente el jugador americano se volvió mortal.

La historia que vino a continuación ya la sabemos todos, un jugador completamente desaparecido, perdido en las esquinas de la pista, con tiros forzados, falta de intensidad y, poco a poco, perdiendo importancia en el rol del equipo hasta el punto de no ver ni un minuto en toda la segunda parte en el cuarto partido ante Valencia Basket en que el Madrid se jugaba la vida y, finalmente, la derrota con la consiguiente pérdida de una liga ACB que se escapó tras ganar el primer partido en casa.

Randolph ha renovado por un año y la noticia no ha caído en la afición blanca con la alegría que se podía esperar, todavía pesa perder esa liga y no conseguir ese tercer doblete consecutivo precisamente en un año donde el rival por antonomasia de los blancos, el FC. Barcelona, se ha tomado un año sabático.

Sin embargo, no nos engañemos, las demostraciones que nos ha hecho el jugador americano en muchas partes de la temporada ha sido descomunal y su dominio ha sido casi insultante, por lo que no hay ninguna razón para dudar de que su segunda campaña, más asentado y mejor conocedor de la liga, sea el de su salto definitivo como elemento diferenciador en el Real Madrid, para ello Pablo Laso habrá tenido que encontrar cómo eliminar esa kriptonita y que vuelva a ser el que era antes, de lo contrario, por mucho pasaporte esloveno que llegue se estaría perdiendo un elemento clave para luchar con garantías por todos los títulos posibles.

 

 

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