¿La maldición del anfitrión?

No seré yo quien dude de nuestra Selección Femenina de Baloncesto. Al contrario. Estoy a muerte con este equipo, con los valores que transmite: trabajo, esfuerzo, compañerismo, implicación, humildad, sencillez, talento… Da gusto ver las entrevistas que está divulgando la FEB sobre el lado personal de cada una de las jugadoras. Es ejemplar ver cómo son capaces de abrir la puerta de sus habitaciones a su excompañera Marta Fernández para enseñarnos su día a día en la competición.

Pero lo cierto es que la Selección no está rindiendo, hasta ahora, al nivel que se espera de este magnífico grupo de jugadoras, dirigidas por un técnico, Lucas Mondelo, del que nadie puede dudar.

¿Será la maldición del anfitrión? Si nos fijamos en sus “hermanos” de la Selección masculina, se han celebrado en España hasta seis eventos internacionales y en ninguno se ha conseguido el título. La ÑBA quedó quinta en el Mundial del 2014 tras caer inesperadamente ante Francia en cuartos de final y segunda en el Eurobasket del 2007 al perder en la final contra Rusia, con ese último lanzamiento de Pau Gasol que escupió el aro. Antes, en el Eurobasket de 1997, la Selección entrenada por Lolo Sainz y liderara por Alberto Herreros también quedó quinta, igual posición que la ocupada en el Mundial de 1986 por otra selección que con Fernando Martín, Epi, Jiménez, Sibilio, Solozábal, Romay, De la Cruz… prometía más tras la plata olímpica conseguida en Los Ángeles dos años antes con Antonio Díaz Miguel como entrenador.  Mucho más atrás queda la plata del Eurobasket de 1973, el primer gran éxito de nuestro baloncesto de la mano de Nino Buscató, Luyk, Brabender, Santillana, Vicente Ramos, Enrique Margall, Flores, Rullán, Cabrera, Estarada y los hermanos Sagi-Vela, dirigidos también por Antonio Díaz Miguel. Del sexto evento mejor ni lo recordamos: el fiasco de los Juegos Olímpicos de Barcelona, con un penoso noveno puesto.

Por lo que se refiere a la Selección femenina, únicamente se han disputado hasta el Mundial de este año dos eventos internacionales en España. El Europeo de 1987 donde se alcanzó un meritorio sexto puesto y la primera participación en unos Juegos Olímpicos, precisamente los de Barcelona 92, donde se obtuvo un exitosa quinta posición. Evidentemente en ambos casos las expectativas eran muy distintas a las que se tienen en este Mundial.

Pero dejando de lado posibles supersticiones, lo cierto es que la ansiedad, las ganas de hacerlo bien, de no defraudar, incluso de ganar en sí, están jugando una mala pasada a nuestra Selección.

Aparate de, a mi entender, una serie de circunstancias que no están ayudando. Así, dos piezas fundamentales como Silvia Domínguez o Alba Torrens están realizando un esfuerzo tremendo por llegar en óptimas condiciones a la competición cuando salen de inoportunas lesiones. Tanto Astou Ndour como la infalible Laia Palau, tras una impecable fase preparatoria, están rindiendo por debajo de su nivel posiblemente por querer echarse al equipo encima y Ana Cruz y Marta Xargay no acaban de mantener una regularidad que suele ser letal en ambas. Solo parece que “las Lauras” están consiguiendo mantener el tipo.

Todas estas circunstancias están provocadas por factores más psicológicos que técnicos, salvo los casos de Silvia y Alba, que por su parte van a más partido a partido. Por eso, en cuanto los nervios se asienten se minorarán las pérdidas, se evitarán las precipitaciones y se volverá al ataque ordenado que guiará el camino para jugar bien, como ellas saben. Como la defensa se da por hecha en este grupo, los resultados acabarán llegando. Además, los rivales que quedan por el camino son de gran entidad y cada victoria irá reforzando cada vez más al equipo.

Por mi parte fe ciega en la Selección. Fuera miedos. Que sean ellas mismas, que se suelten y juegan como ellas saben. Que disfruten en la cancha y así podré escribir en unos pocos días su éxito.

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