La noche que soñé con el Facu

La vuelta de Campazzo al Real Madrid ha sido un absoluto acierto del jugador y del club. Está aportando muchas cosas al equipo en ataque, en defensa y en mentalidad. No me gustaría estar en la piel de los bases rivales que tienen que sufrirle cada partido.

Pasaban unas horas desde el final de uno de los últimos partidos del Real Madrid y me encontraba en el primer sueño de una de las frías noches que soportamos últimamente. Fue entonces cuando, de repente, me vi en el WiZink Center de Madrid, con una camiseta de tirantes y un pantalón corto. No recuerdo cuáles eran los colores ni el idioma que hablaban mis compañeros, realmente no sé en qué equipo jugaba pero tampoco importa, es lo de menos. Iba a jugar contra el Madrid y no dejaba de escuchar a mi entrenador nombrar a Doncic, Fernández, Reyes y Tavares. Según él, ellos serían nuestro problema. Pero mi problema era otro. Yo solo veía a Campazzo.

El primer balón fue mío, era el base. Bajé la cabeza, comencé a botar y Facundo estaba muy cerca, demasiado cerca diría yo. Cuando lo tenía a un metro le veía dos brazos y cuando le tenía pegado le intuía cuatro, y casi siempre se daba la segunda situación. Creo que me quitó más balones de los que llegué a tener, perdí la cuenta.

Pensaba que con el paso de los minutos él pararía a respirar aunque fuera unos segundos, pero no. A todo esto yo seguía sin ver a los demás jugadores madridistas, bueno, para ser sincero no encontraba ni a mis compañeros, no me dejaba. En mi cara estaba Campazzo, a mi derecha el Facu, a mi izquierda Facundo y a mi espalda el “11” del Madrid. Hubo un momento que lo sentí también por encima, preferí no mirar y pensar que sería cualquier cosa que hablara con acento argentino.

La pesadilla era terrible. En una de las veces que no tenía el balón pensé en salir corriendo, a sprint y en dirección contraria, así me lo quitaría de en medio, y probé a hacerlo. Malas noticias, vino conmigo, seguía allí, a mi lado. Y no solo me acompañaba sino que no perdía el contacto conmigo, ya fuera con la mano o con el cuerpo, pero siempre en contacto. No sabía lo que hacer, pensé que tendría que vivir el resto de mi vida con Campazzo ahí, pegado a mí.

Entonces escuché como caían al suelo unas canicas en casa del vecino de arriba y abrí los ojos alterado. Encendí la luz, miré a todos lados y no le veía en ningún rincón, ni debajo de la cama. Campazzo ya no estaba conmigo, fue un sueño, o una pesadilla mejor dicho. Me dio la noche sin ni siquiera haber estado nunca cerca.

Apagué la luz, me acosté de nuevo y pensé en qué afortunados somos los madridistas de enfrentarnos a las defensas de Campazzo solo en sueños. Facu, naciste para jugar en el Madrid, y menos mal…