La verdad absoluta y contra el buenismo de Pablo Laso

Más de una vez me he manifestado en contra del buenismo, esa corriente en que parece que hay que decir que los que amamos el baloncesto meamos colonia o que todos vivimos en unos mundos de Yupi y que, en cuanto uno se salta el guión establecido, ya nos dicen que estamos «futbolizando».

Hoy Pablo Laso la ha liado parda en la rueda de prensa, ha tenido la valentía y el coraje de decir algo que todo el madridismo piensa, que la acción de la canasta de Tomic no ha sido un error humano, quizás ustedes pueden pensar que es algo obvio, pero no se equivoquen, hay decenas de periodistas, aficionados y demás especies que habitan en el planeta basket, que se han echado las manos a la cabeza, «¡¡¡cómo puede decir eso!!! ¿¿¿Está acusando de prevaricación…de incompetencia??? ¡¡¡Pero, por Dios, cómo no dice nada de la falta de Singleton!!!

La verdad solo tiene un camino, frase que ya decía mi abuela y que jamás tuvo tanto sentido en lo que ha pasado en el Real Madrid en las últimas horas y representado en su máxima esencia con el entrenador del Real Madrid. Porque, queridos y queridas lectores y lectoras, lo que vivimos el domingo NO ES UN ERROR HUMANO, ya que, como bien dice Laso, un error humano es si me salto un Stop y me llevo por delante el coche que lleva la prioridad y ¿saben qué pasará después de eso? Que llegará la Guardia Civil, cogerá la cámara que está grabando y debería decir: «coño, está claro, se ha saltado el Stop, él es el culpable».

¿Se imaginan a esos mismos Guardias Civiles con diez cámaras habilitadas en esa carretera donde ha pasado el accidente, diciendo «está clarísimo, la culpa es de quién va correctamente colocado por la calzada ya que debería haber frenado a tiempo», pues no les digo el chuzo que les cae cuando esas imágenes lleguen a la visión del Juez y les acuse de una absoluta incompetencia sobre la resolución de la acción (y eso, en el mejor caso, que incluso podríamos estar hablando de un delito de prevaricación).

En este caso, el juez no ha intervenido, es decir, la ACB ha dado la callada por respuesta, por no decir, ni siquiera ha dicho de los motivos de los colegiados para dar validez a la canasta dentro de ese diálogo ininteligible que tienen viendo las imágenes en esos 52 segundos que se le debieron de hacer eternos para dar validez a la canasta, el comunicado sacado es infame y el organismo encargado de velar por los dieciocho clubes solo espera que el paso del tiempo mate la algarabía mostrada.

El buenismo que tanto gusta en el baloncesto, ese buen rollo impecable, ese atacarse con flores de loto para que nadie resulte herido, ha sido pasado por la piedra por Pablo Laso, bastante tuvo que aguantar el año pasado con la falta no pitada a Taylor por la misma razón que no se pitó en este la de Singleton y ha reventado, sin más, ha dicho verdades como puños de las que duelen, ha dejado en entredicho a los tres colegiados, acusándoles de una incompetencia que resulta incompatible con seguir pitando a tan alto nivel y, finalmente, ha puesto voz pública a lo que piensan miles de madridistas que siguen sin comprender qué narices pasó por la cabeza de los tres trencillas para pitar esa barbaridad.

Hoy Laso ha abierto un nuevo camino en el Real Madrid, no el que suelen usar los directivos, sino el del verdadero deportista y en este caso el entrenador, el camino de la verdad absoluta y, seguramente, le puedan pasar factura por ello, pero el ejemplo es el que se debería seguir para que, si te engañan, que el mundo sepa que lo sabes.

Y mientras, la ACB, en silencio absoluto.

 

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