Lapidación merengue: las piedras que hablaban de robo

La crispación política y social se ha extendido al deporte. Europa no pasa por su mejor momento. Menos aún su gente. Pero los protagonistas de los principales juegos de equipo tampoco se han quedado exentos a esta tensión. Y sobre todo si se trata de disciplinas donde participa el Real Madrid.


No voy a tirar de objetividad, puesto que en un artículo de opinión sería algo inaudito. Sin embargo, sí lo haré con la racionalidad. La misma que me permite afirmar sin tapujos que cuando uno tropieza ante el equipo merengue siempre tiene una excusa extra. Una vida más por la que pelear para que su derrota frente al Real Madrid tenga posibilidades de ser remediada. Y esta se puede llamar artimaña, táctica o simplemente mal perder. Más esta última denominación, dado que el constante uso de esta estrategia refleja una grave falta de deportividad.

Al grano. Es un agotamiento mental de tal magnitud que a uno le cuesta mantener las formas. Porque el linchamiento mediático y deportivo que ha tenido siempre la sección de fútbol ha terminado por calar dentro del gen madridista. Pero sigue costando asimilarlo en el ámbito baloncestístico. Casualmente, esa sensación de odio insaciable regresa justo de la mano con los títulos. Cosas del tiempo y el destino.

De la prensa cualquier cosa podíamos esperar. No es la primera vez que se proclaman campañas para ventilar a Pablo Laso, para desacreditar a Sergio Llull o Felipe Reyes. Por infravalorar a un Luka Doncic que no es ni español -ya le vale al Real Madrid no impulsar la raza aria castellana-. O, por qué no, por jubilar a Rudy Fernández antes de tiempo. Mas me era inesperado que entrenadores de primer nivel optaran por el filibusterismo deportivo.

Primero fue Pesic con Campazzo. Ya habló mi amigo Javi de ello. Era algo curioso que un entrenador rival entrara en la guerra sucia contra un jugador y en pleno partido. ¡Anda que si Laso se hubiera puesto a repartir cuando le expulsaron en silla de ruedas! Y esa piedra puesta en Can Barça, entre gritos, saltos y confeti por ganar un mísero partido, va transformándose en torreón con Ataman y el Efes. La denuncia pública del entrenador turco contra el arbitraje a favor del Madrid no es más que eso, una roca, dura, plana, sin fundamento. La respuesta de la Euroliga no deja lugar a dudas, pero, como siempre se ha dicho, la intención es lo que cuenta.

Poner el foco en el arbitraje en Turquía es como cuando Nicolás Maduro da lecciones de democracia en Venezuela. Un chiste absoluto. Y más cuando no se atreven contra otros que no sea el Real Madrid. Esperaré a que alguien le de un verdadero ultimátum al Panathinaikos, o al del reloj del CSKA, o al que permite la entrada de ciertos ultras a los pabellones.

Que el Madrid roba ya lo sabemos todos. Roba la atención y hasta el corazón, aunque eso ya es otro tema. Pero es preocupante que el alud quejica tenga al de siempre como sujeto mientras otros tantos se llenan los bolsillos de victorias un tanto peculiares. Ladran, luego cabalgamos.


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