Las cosas que Pablo Laso no puede (ni debe) dejar pasar

Me decía una amiga que no entendía cómo podía salir así el Real Madrid ante el Barça, que a los blancos les faltó rabia y coraje para enfrentarse al eterno rival, sin embargo, la realidad es mucho más confusa que todo eso.

Aunque no se lo crean, el Real Madrid está de duelo, y eso no se pasa de la noche a la mañana, así que, por mucho que pensemos que la mente de un deportista, con sus sueldazos y su vida fácil, no puede permitirse ser humana, la realidad es muy distinta, porque sienten, sufren y gozan como el resto de nosotros, se lo puedo asegurar.

Evidentemente, para el aficionado como podemos ser usted y yo, el luto no nos puede durar mucho tiempo, la pena por la derrota no nos va a quitar de ir el lunes al trabajo para que el jefe de turno nos atiborre la mesa de papeles, o nos deje de hacer nuestras obligaciones puntuales como es ir a hacer la compra de la semana, debemos seguir en nuestro mundo porque nada se va a parar ya hubiera ganado la copa el Real Madrid o, pongamos, el Unicaja.

Sin embargo, para el deportista de élite, que está obligado por contrato a rendir, no es tan fácil esto, porque, al día siguiente a la derrota debe coger ese mismo instrumento que le ha ocasionado ese sinsabor y luchar por meterlo otra vez dentro de esa cesta y, para mayor INRI, en el caso del Real Madrid, debe viajar para enfrentarse a ese rival que le ha quitado el título, que tiene la moral por las nubes precisamente por eso y que, encima, está cuasi obligado a rendir al máximo nivel por dos motivos fundamentales, el primero que una victoria le da una posibilidad casi definitiva de entrar en playoffs y el segundo es dar el mejor homenaje a quién fue su capitán la pasada temporada, casi nada al aparato.

Ayer el Real Madrid fue un equipo triste y desangelado, algo que solo se curará con tiempo y cuando los blancos pasen el luto, no sabemos si será suficiente con Andorra o habrá que esperar más tiempo,  y eso lo sabe Laso, por eso, cuando se le pregunta qué tal está, su respuesta siempre es la misma: «Yo estoy muy bien» siendo el primero que quiere dar el mensaje de que esto es baloncesto y lo importante es levantarse por muy dura que haya sido la caída.

Pero hay algo que no puede ni debe dejar pasar Laso y son las enormes lagunas de concentración que ayer mostró el equipo, cifradas en unas pérdidas de balón donde, algunas de ellas, son de juzgado de guardia o tampoco en permitir esa falta de ansia para cerrar el propio rebote que dio la vida al FC. Barcelona en más de una ocasión, ahí no entra el luto sino la concentración, esos malditos detalles de los que siempre se habla y donde el Real Madrid debe demostrar que, al igual que hizo el año pasado levantándose tras una situación análoga, fue capaz de llevarse la Euroliga y la ACB.

Si mañana se pierde ante Andorra, muchos empezarán a hablar de crisis, de necesidad de renovación de plantilla, de que si éste no vale, de que si aquel no sale, del #LasoDimisión y todas esas cosas que ya estamos acostumbrados, por mi parte, solo esperaré a que ellos pasen el duelo y vuelva a ver al Real Madrid de los últimos años, porque tengo clarísimo que eso es lo que volverá a pasar.

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