Las fases del duelo. No me cansaré de aplaudiros

Tras ganar la Copa los últimos cuatro años, el Real Madrid cayó, este pasado fin de semana, ante un entonado Barcelona. Pese a todo lo ocurrido en el encuentro, los de Laso pelearon hasta el final y demostraron que la bandera del equipo es el carácter para luchar siempre, algo admirable.

Han pasado unas cuantas horas desde que sonó la bocina final y mi pensamiento sobre el partido ha ido transcurriendo por las típicas fases de afrontamiento en estos casos, y es por ello que he dejado madurar la derrota hasta poner líneas a este escrito.

La primera de ellas se produjo cuando vi que el primer intento de Causeur no entraba, el segundo de Taylor se quedaba cerca y el tercero de Rudy tampoco era efectivo. La negación. Supongo que como todos los madridistas, miraba a los tres árbitros esperando que pitaran algo que nos diera una cuarta opción de empatar, no podía ser que tras una remontada épica todo terminara así. No era el momento de escribir esto.

La segunda no tardó mucho en llegar, concretamente hasta que la realización del encuentro ofreció la primera repetición de lo ocurrido. La ira. Claver hizo tanto para evitar la canasta de Jeffery Taylor que le dio un manotazo en su mano derecha que le impidió anotar. Eran dos tiros libres que valían para empatar y quién sabe si el sueco los hubiera encestado o Tavares habría palmeado con acierto. Si en ese instante me pongo a escribir, no me habrían dejado publicarlo, y con razón. No era el momento de escribir esto.

Pasadas ya unas horas, en plena noche, pensaba que el Real Madrid había ganado las cuatro últimas Copas, que no siempre se puede ganar y que debíamos estar incluso contentos de haber disputado otra final. La negociación. Traté de convencerme a mí mismo pero, realmente, aunque lo pretendía, ese no era mi pensamiento. No era el momento de escribir esto.

La cuarta es fastidiosa con “j”. Suele llegar a la mañana siguiente de lo ocurrido, cuando ya no hay vuelta atrás y las pulsaciones han descendido. La depresión. Son horas complicadas pero que hay que pasarlas, para muchos es solo un deporte, pero para el aficionado madridista, ya sea en fútbol o baloncesto, una derrota así duele. Prefieres que pase un poco el tiempo y no hablar con demasiada gente. No era el momento de escribir esto.



Y, por fin, apareció la última fase. Cuando tu mente ya ha asimilado lo ocurrido y empiezas a mirar al próximo objetivo, a los siguientes partidos, a los títulos que restan. La aceptación. Llega, además, sabiendo que quienes van a defender tu sentimiento deportivo en los próximos meses son los mejores para hacerlo. Ahora sí, era el momento de escribir esto.

En situaciones así el madridista pasa el duelo en pocas horas, se hacen largas pero no son muchas. A partir de ahí, al mirar hacia atrás siento un enorme orgullo por todos y cada uno de los jugadores de la plantilla del Real Madrid y del cuerpo técnico al completo, con Pablo Laso a la cabeza. Jamás se dan por vencidos en una cancha de baloncesto, pues cualquier otro hubiera bajado los brazos al final del tercer cuarto, cuando perdían de 15 puntos, pero ellos se plantaron en todo el campo, miraron a los ojos a sus rivales y fueron a por ellos. Todo o nada. 38 puntos en el último cuarto de una final de Copa del Rey. Si morimos lo hacemos a nuestra manera y nunca antes del final del partido.

Cuando miro hacia delante veo el próximo encuentro del viernes en Euroliga en Barcelona. No es una revancha porque habría preferido ganar la Copa y caer en éste, pero es el momento de volver a demostrar que este equipo no es uno más, es el mejor porque es el que más quiere. Podrán ganar o perder, pero lo dejarán todo.

A los aficionados que lean esto les diré que nunca dejen de creer en este equipo, porque se han ganado nuestro respeto y admiración partido tras partido.

Al equipo les doy las gracias por jugar para el club al que sigo desde pequeño. Estoy y estamos muy orgullosos de vuestro trabajo desde que os pusisteis la camiseta blanca y os acompañaremos en todos los retos que están por delante pase lo que pase.

¡Hala Madrid y nada más!