Laso desencadenado

Dice Laso que para ver la luz tienes que haber conocido lo que es la oscuridad. Si nos atenemos a la primera parte de la temporada, esa oscuridad estuvo muy presente en forma de lesiones. Habiendo vivido entre penumbras, conocida esa oscuridad, el técnico empieza a ver la luz.

Hay entrenadores que se empecinan en sistemas, gestiones de grupo, en formas de llevar un equipo, da igual el tipo de plantilla que tengan, ese tipo de coach no cambia ni un ápice su manera de actuar y ya sea en el éxito o en el fracaso, el modus operandi es el mismo. Otros por el contrario, se adaptan y crecen con su plantilla sin cerrarse a nada, proyectando sistemas de juego y actuación en función de lo que se tiene.

De Laso se ha dicho incontables veces que es un entrenador “cerrado”, que no cambia su forma de proceder bajo ningún concepto y que fracasa por no modificar sus sistemas, aquella imagen recurrente del juego interior con la que sus detractores tanto le han atizado y que siguen y seguirán irremediablemente utilizando en su contra. En cambio, hay otro tipo de seguidores que celebran esa negativa a cambiar, es su “leit motive” y esa fe inquebrantable que presenta Pablo, les crea adicción al técnico vitoriano.

Volviendo a esta temporada, hemos asistido a una evolución del equipo en general y a la del entrenador en particular, echando por tierra esa teoría sobre que no era capaz de modificar nada, que no era capaz de re-inventarse a sí mismo para desde ahí, modificar el entramado táctico y seguir generando competitividad. Laso en una especie de pulso a todos aquellos que renegaron de sus capacidades, se ha revelado como un entrenador amoldable y muy capaz a la hora de invertir una tendencia negativa, logrando en el camino que gregarios se convirtieran en campeones. Tirando de símil ciclístico, ha logrado que los Chaba Jiménez de la plantilla mutasen en Miguel Induráin.



El cambio a nivel mental en la plantilla es evidente; con Llull, Ayón, Kuzmic y Randolph fuera, son otros los que asumieron ese rol titular, otros los que “tiran del carro”. Ha costado, no cabe duda, pues desde aquel fatídico mes de Octubre en el que el grueso de la rotación interior pasó del vestuario a la enfermería, el Madrid se ha ido adaptando y modificando a unos cambios muy profundos. El proceso de mejora, el crecimiento, llega tras momentos donde el equipo no entendía que debía cambiar, donde se bajó la cabeza y se pensaba más en los que faltaban que en aquellos que sí eran de la partida.

Una catarsis, un cambio profundo que llegó tras aquella victoria ante el Barça en Europa después de encadenar hasta siete derrotas en ocho partidos contando ACB y Euroliga. En aquel momento, jugadores como Thompkins, Facu o Causeur dieron un paso adelante. Luego estaba la situación de Doncic, al que parece, se le hizo entender que rendía más y mejor siendo él mismo y no intentando ser quien no era, Luka fue Luka y no Sergio Llull y el cambio se produjo. Laso y su trabajo propiciaron un Thompkins más físico, más duro, más consciente de las necesidades del equipo.

Trey olvidó su “soy pivot pero juego como alero” para acercarse al aro y convertirse en un “cuatro” capaz de jugar interior, tanto que incluso puede actuar como center en momentos puntuales y con buen rendimiento.

Pero el trabajo más llamativo fue con Edy Tavares. Rara es la semana que no presenciemos en Valdebebas cómo el cuerpo técnico de Pablo Laso trabaja constantemente con el gigante caboverdiano, como podéis ver en estos dos vídeos.

Laso ha logrado anticipar plazos y convertir al chico en lo que se suponía debía ser el próximo año, pues llegaba a mitad de temporada y tras casi dos años de idas y venidas entre NBA y la liga de desarrollo. Parecía necesitar mucho tiempo para volver a ser ese jugador diferencial, una muralla defensiva y colaborador en ataque, rebote e intimidación en grandes dosis, tanto que Laso se esmeró en aclarar que de Edy necesitaban aportación ya, pero que no tenían prisa para encontrar su mejor versión, aún así, ha logrado involucrarle en una plantilla acostumbrada a jugar si un center clásico y hacerle cuadrar en los sistemas, convirtiéndole en una de las sensaciones de esta segunda parte de la temporada, rozando en alguna jornada,  el MVP europeo.

Una vez más, el coach madridista demuestra que todos aquellos que se empecinaban en asegurar que no era capaz de aprovechar pivots grandes estaban equivocados, que sólo era cuestión de encontrar al jugador adecuado y hacerle partícipe de una idea común de juego. Es curioso cómo a pesar de contar con más de 500 partidos al frente del equipo, se ha visto obligado a desmontar toda clase de teorías extendidas por aquellos que vaya usted a saber por qué, se han empecinado en tirarle a la basura, demostrando a todos, a los que están de su lado y a los que no, que en su caso, un perro viejo si es capaz de aprender trucos nuevos.