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Lo ilógico de pitar a un jugador de tu equipo

A muchos nos gusta el fútbol (y el baloncesto), pero tampoco nos vemos en la necesidad de compararlo eternamente con otros deportes sobre si estos son mejores o peores que el resto, ya que cada uno tiene su idiosincrasia y, lógicamente, cuando se llega a más gente, hay muchas más posibilidades de que las opiniones se diversifiquen, circunstancia que ayer pudimos comprobar en el estadio Santiago Bernabéu con las pitadas a las actuaciones de Bale y Benzema, pero ¿Es lógico pitar a un jugador de tu equipo sea del deporte que sea?

Ayer Zinedine Zidane usó el mismo discurso que tantas veces ha dicho Pablo Laso en sus múltiples ruedas de prensa, cada uno de ellos en el ámbito de su deporte y que, para hacerles un resumen rápido, quedaría así “Si el equipo ha conseguido que un tío tire solo, es que el se está trabajando bien”, en el caso del entrenador del Madrid de baloncesto, las situaciones son mucho más numerosas y más de una vez ha puesto como ejemplo a Jaycee Carroll, tirador infalible casi siempre pero que, cuando surge ese “casi” en una situación que puede prolongarse durante varios encuentros, siempre ha dicho lo mismo “ya los meterá, estoy seguro de ello”.



No pude evitar acordarme de dicho discurso viendo ayer a Zidane sobre los fallos de Benzema, un diagnóstico prácticamente idéntico al del entrenador vitoriano, pero en este caso, aderezado con algo que, salvo alguna excepción, que también las hay, no vemos en baloncesto, la desaprobación de parte de tu propio público al fallo que has cometido, pero no solo por el fallo, sino llevando más allá tu enfado hasta la desacreditación del propio jugador.

Es probable que alguno de ustedes me lo puedan explicar, pero resulta difícil entender que se pite a un jugador que ha fallado como si él mismo hubiera querido cometer el error o como si quién pitara pudiera pensar que eso le va a servir de aliciente para meter el siguiente tiro que tenga solo, quizás lo único que logremos sea precisamente el efecto contrario.

Uno de los problemas de los deportes de élite es llevar la propia competición más allá la propia esencia del deporte, ese que te dice que el error y el acierto conviven dentro de la misma cancha de juego porque para eso uno es ser humano, o el que hace que sueltes un exabrupto cuando ves el fallo clamoroso ante un tiro a puerta vacía o un error en un mate yendo solo a canasta y que deberíamos ser conscientes de dejarlo ahí y no arrastrarlo a crear una tensión innecesaria entre jugador y afición que solo producirá más desavenencias que alegrías.

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