Lo que nunca cambia cuando el Madrid visita Grecia

Los más viejos del lugar recordarán lo que era una visita del Real Madrid a Grecia, aquello sí que era un viaje al infierno mucho más allá de lo permitido, prácticamente era ir a una guerra en que nadie tenía su seguridad garantizada.

En aquellos años 80-90 visitar a los Gallis, Fassoulas, Giannakis o Christodoulou te suponía meterte en un ambiente que podía pasar cualquier cosa y no hablamos de las bengalas que eso era el pan nuestro de cada día, sino de dracmas (la antigua moneda griega) que buscaban a los jugadores rivales, protegidos muchos de ellos en el banquillo con toallas en la cabeza y si la cosa se ponía dura, pero de verdad, ya te valía correr a buscar el vestuario si no querías verte en medio de sillas voladoras (como leen) o en medio de toda una invasión de pista.

Afortunadamente, todo ha ido cambiando con el paso del tiempo, la gente también ha ido evolucionando en este aspecto y las medidas de seguridad han cambiado radicalmente, aunque siempre queda algún cenutrio como el que tiró un petardo en (también) un Olympiacos – Real Madrid allá por el año 2009, los incidentes han dado paso a una afición igual de ruidosa pero mucho más educada.

¿Perdón? ¿He dicho todo? Pues no, hay cosas que nunca cambian y, por razones desconocidas, una de las cosas que se mantienen inalterables cuando se visitan estadios griegos son los colegiados que se dejan influir por el ambiente ensordecedor que se vive ahí y que, a la mínima, son más proclives de mirar con muchísima más atención cualquier cosa que haga el equipo visitante que quién ocupa el banquillo local y claro, cuando el tema está igualado, cualquier detallito, esos que todo el mundo del baloncesto, sabe que son la clave para llevarse la victoria, hace que el rumbo de un encuentro vaya para un lado u otro.

Hace dos semanas, el Real Madrid visitó al Panathinaikos y sí, se dejó remontar 14 puntos de ventaja, porque si el equipo de Laso hubiera sido capaz de mantenerlo, ya no tendríamos historia, pero con el equipo griego a plenas revoluciones, pudimos ver asombrados como Singleton sacudía un codazo a Doncic, de forma voluntaria que, tras correspondiente revisión arbitral, seguía siendo solo una personal, algo de lo que ya hablamos en su momento.

Sirva esto de ejemplo a lo vivido ayer para que no vean que se trata de un solo equipo, Olympiacos solo ha perdido en esta Euroliga un partido en su cancha, ¿saben contra quién? Acertaron, contra Panathinaikos, por el camino ya han caído Baskonia, Unicaja, Khimki, Barça, Estrella Roja y en último lugar el Real Madrid, pero es que, seamos sinceros, cuando se habla de lo difícil que es ganar allí, se dice con mucha razón.

A mí me gustaría que alguien me explicara cómo es posible que ayer todos los pívots madridistas fueran expulsados por cinco faltas: Thompkins, Tavares y Felipe Reyes mientras que en los locales, NINGUNO de los diez que jugaron llegaran a cometer, siquiera la cuarta falta, en un partido que duró 45 minutos.

También quisiera saber cómo se puede permitir defensas de durísimo contacto hasta el punto de que, en momentos claves, Papanikolaou robara un balón a Felipe Reyes dándole hasta cuatro manotazos en los brazos, que Jaycee Carroll recibiera un golpe en la cabeza en una entrada que hubiera supuesto un 2+1 o que Doncic recibiera un cuerpo a cuerpo cada vez que intentaba botar el balón para ordenar jugada, mientras que Maciulis, perfectamente quieto con brazos en alto veía como le pitaban su cuarta falta o, sin querer ahondar más, ver en los instantes finales un “bloqueo” de Milutinov donde agarraba claramente a Tavares para bandeja de Printezis.

Pero oye, que se puede llegar a entender, son acciones muy rápidas, que pueden escaparse a los seis ojos de los colegiados, al fin y al cabo, son humanos y las pulsaciones en esos momentos están más que aceleradas.

Lo que no se puede llegar a entender, bajo ningún concepto, es ese criterio con respecto a las faltas técnicas, que un gesto de Rudy Fernández como el que hizo ayer, sin quejarse al árbitro y solamente levantando un brazo por la falta pitada o que Felipe Reyes, por levantarse en el banquillo (como hacían una y otra vez sus homónimos griegos) y tirar sin querer el protector superior de la publicidad, sea sancionado con técnica es algo que, no solo por los puntos en sí, sino por la fractura del ritmo que supone, puede considerarse como algo básico para el desarrollo del resultado final.

Momento en que Reyes se levanta y tira sin querer el protector

Ayer los colegiados fueron tristes protagonistas de un magnífico partido de baloncesto del que solo quedará su actuación para el recuerdo y, personalmente, volví a sentir aquella sensación de hace más de treinta años cuando el Madrid visitaba El Pireo y pensaba, “aquí, o vas ganando por veinte o no hay nada que hacer”, algo que tendrá que mejorar la Euroliga si realmente aspira a seguir creciendo.