Lo que no cuentan de la Final Four: Día 4

Hoy, último día de la Final Four lo dedico al Buesa Arena ya que temprano comenzaba allí la final del Adidas Next Generation Tournament que ha conquistado brillantemente el Real Madrid junior, venciendo en la final al Mega Bemax Belgrade por 95-76.

Así que allí me encontraba en una grada reservada a los periodistas muy desangelada donde resonaba con mucho brío la voz de mi compañero Blas entrando en directo para Onda Madrid. La verdad es que, al menos a mí, el Buesa Arena semi vacío da aún más impresión que repleto de gente. Es imponente. Es uno de mis flashes del día.

Ahí van más. La rapidez y espectacularidad del juego de los juniors blancos. Las piernas aún sin acabar de desarrollar de Tisma. La fuerza hecha persona de Garuba. Los larguísimos brazos de Sylla. La elegancia de Nakic, un chaval con cuerpo de hombre que juega al baloncesto flotando, una delicia de jugador que lee el juego, tira, penetra y siempre decide bien a la hora de usar sus innumerables recursos. Y llegará muy lejos porque tiene muy claro que le queda aún mucho por aprender y que solo conseguirá progresar con trabajo y humildad. Ha sido una delicia compartir unos minutos con él.

Me quedo también con la sensación que transmitía Mariano de Pablos, radiante de felicidad, satisfecho del trabajo realizado pero con una humildad propia de los que son grandes. Y la pelea de un profesional, Gica (jefe de prensa del Real Madrid), con los organizadores de la Euroliga para permitirnos acceder a estos dos profesionales.

Porque la Euroliga ha tomado, literalmente, el Buesa. Recordaré sus entresijos, sus pasillos, sus recovecos… Y de la mañana no puedo dejar de contar la celebración de los juniors con la afición del Real Madrid (una nutrida representación de “Los Ojos del Tigre”) haciendo una piña y coreando sus canciones.

Por la tarde llegaron los partidos. Primero el que nadie quiere jugar, el de consolación que no consuela a nadie. Pero pienso que en este caso no le ha venido mal al Real Madrid la abultada victoria contra Fenerbahce por 94.75 para ir cerrando heridas de cara a la Liga. Y mis flashes van por la afición del Real Madrid gritando “Llull, Llull, Llull cuando saltaba a la cancha. Por el quinteto inicial del Real Madrid que da la cara y marca el camino al resto del equipo en tan disparatado partido: Facu, Carroll, Rudy, Ayón y Felipe. Por el reconocimiento de Pablo Laso al trabajo de su equipo durante toda la temporada.

Y llega la final. El partido que todos quieren jugar. Y asistimos a la lucha de un novel equipo frente a un coloso. Y vence el que tiene que vencer. Y nadie pierde, porque el Efes da una lección, al no dejarse llevar nunca a pesar de la dificultad. Porque no desfallece y lo intenta hasta que suena la bocina.  Prefiero no acordarme de la pelea entre aficionados turcos. Descubro a un Chacho radiante y a un entrenador, Iotudis, que nos brinda una larga pero deliciosa rueda de prensa hablando de baloncesto, de presión, de vida.

Pero el mejor flash que me deja esta Final Four es muy personal. Siempre guardaré en la mochila de mis inolvidables recuerdos mi primera Final Four, porque ha sido una experiencia inolvidable, ilusionante, y enriquecedora. He podido disfrutar del baloncesto y del Real Madrid tan de cerca que me resulta increíble y me hace quererlo, quererlos, más aún.

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