Los entrenadores que meten miedo a los periodistas para controlar la prensa

El deporte y el periodismo van unidos de la mano. Ambos se necesitan para seguir creciendo y los dos generan unos sentimientos en el otro. El baloncesto no es diferente y también debe recibir el impulso y respaldo de medios de comunicación. Sin embargo, hay quienes confunden la necesidad de colaboración con la creación de una especie de esclavos comunicadores que digan sus antojados discursos.

No vamos a negar que hay preguntas en ruedas de prensa que deberían estar prohibidas. No por su subjetividad, sino por una simple cuestión de respeto hacia el que está haciendo su trabajo y puede perderlo como otro cualquier trabajador. Y sí, me refiero a preguntas tan directas como peligrosas como: “¿Ha sido hoy su último partido en el banquillo?”.

Y tampoco que hay quienes prefieren vivir del conflicto y la tensión, y que solo acuden a las ruedas de prensa cuando se atisba el olor a guerra fría entre grandes clubes e instituciones. La Copa del Rey y sus post-entrenamientos fueron el claro ejemplo de cómo algunos quisieron desenterrar al baloncesto de sus respectivas escaletas informativas. A eso no hay derecho, o quizás sí, pero no para tratarles con tanta empatía como al resto.

Pero el problema aparece cuando se traspasa la línea de la falta de respeto y se llega a la degradación del trabajador de la información. Sería muy parcial señalar solo a Pesic tras sus últimos errores con los respectivos reporteros de Movistar +. Esos hechos se repiten más a menudo en competiciones como la Euroliga, donde Itoudis se encaró con un periodista mientras hablaba o cuando Ataman insultó a otro. O en ACB, con algún que otro técnico que se escuda en una frialdad absoluta cuando se pone delante de los medios para evitar cualquier pregunta peligrosa hacia su labor.

Son esos entrenadores que con sus declaraciones o actitudes meten miedo para controlar la prensa y, a su vez, mantener en su mano el discurso hacia el espectador y el aficionado. Son esos entrenadores los que echan por tierra la magnífica comunicación que otros tantos clubes llevan a cabo desde sus respectivos departamentos. Y cuyos entrenadores, tanto en la victoria como en la derrota, muestran un trato excepcional con la prensa.

Hay muchos nombres, algunos más conocidos y otros menos, cuya actitud debería impartirse desde las instituciones y que harían contrapeso a aquellos que deberían ser sancionados. En las salas de prensa europeas triunfa David Blatt o Jasikevicius. En las de España otros como Pablo Laso, Luis Casimiro, Joan Peñarroya,Txus Vidorreta o Diego Epifanio. Y son solo algunos -perdóneme el resto-.

Se podría decir sin problema que hay dos formas de evitar perder el control de los medios de comunicación desde el punto de vista de un entrenador. Uno de ellos es manteniendo a ralla al reportero, con respuestas cortas, duras y nada personales. El otro es usando el respeto y el carisma para intentar fugarse por todos los medios de alguna metedura de pata.

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