Los intangibles de Rudy Fernández

Llevo tiempo queriendo escribir sobre Rudy Fernández y mientras le veía jugar ayer en el primer partido de la final de la Liga Endesa frente al Barcelona decidí que ya había llegado el momento. Y aquí estoy.

Su llegada en los inicios de la temporada 2011-12 con motivo del “lock out” de la NBA supuso un vendaval de aire fresco en el Real Madrid Baloncesto. Su implicación y aportación en los pocos meses que pasó por el equipo significó como un antes y un después en la sección. Una sección que llevaba desde el 2007 sin ganar una Liga, desde el 93 sin ganar una Copa del Rey, desde el 85 sin ganar una Supercopa de España y desde el 95 sin ganar una Copa de Europa… Todavía resuenan en mi cabeza aquellos gritos en el Palacio “Rudy quédate, Rudy quédate”.

Esa temporada, con Rudy de vuelta a Denver, el Real Madrid conquistó la Copa del Rey. Era la primera temporada de Pablo Laso como entrenador y su primer título. Sin duda comenzaba una racha de triunfos, de títulos y de una era de las más laureadas de la historia del baloncesto madridista. Justo en la siguiente temporada se incorporaba definitivamente al Real Madrid Rudy.

De Rudy podemos destacar sus triples, su defensa, su valoración… pero yo quiero centrarme en lo que yo denomino sus intangibles.

Rudy es un ganador nato que lo que mejor sabe hacer es competir. Dentro de la cancha es un auténtico líder. Un jugador que es capaz de lanzarse al aro contra un tal Howard en una final olímpica y hacerle un “matazo” en su cara.

Lo que aporta Rudy no aparece en las estadísticas. Esa cara de desear ganar. Esos ánimos a sus compañeros. Ese “meterla” cuando el equipo lo necesita. Ese saber leer el juego y el partido. Ese talento innato para saber donde va a ir cada pelota y saber anticiparse para robarla.

Su presencia en cancha imprime tranquilidad a su entrenador, a sus compañeros, a su equipo, a su afición… Sabe cuando hay que robar, cuando hay que correr, cuando hay que parar el partido, cuando hay que jugársela con un tiro imposible.

Se le podía achacar en sus inicios un cierto aire de “desfachatez” pero con los años ha ido madurando y ha sabido adaptar su juego a sus posibilidades físicas, a su rol dentro del equipo. Ha sabido convertirse en su líder, por lo que aquellos gestos más individualistas de antaño se han transformado en gestos de “jefe” del equipo. Gestos que sabe cuando usar para hacer reaccionar a sus compañeros, a su afición.

Cuando el partido se pone “feo” siempre aparece un robo imposible de Rudy lanzándose como un loco a por el balón, o un rebote que recoge saliendo de no se sabe dónde, o un triple estratosférico…

Estos son los intangibles de Rudy Fernández, propios de unos pocos elegidos, que salen de la cancha cada partido sabiendo que lo han dado todo por el equipo, que no se han dejado ni un ápice de energía reservada. Si a esto le unes talento baloncestístico, encuentras muy poquitos jugadores y uno de ellos lo disfrutamos en el Real Madrid baloncesto: Rudy Fernández.

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