Luka Doncic es un chaval pero también es jugador del Real Madrid

Dentro de la derrota del Real Madrid, hubo una intrahistoria dentro del partido que ha tenido casi más importancia que el esfuerzo que le toca hacer ahora al equipo blanco de ganar, como mínimo, un partido en Estambul y fueron las lágrimas de Luka Doncic tras ser sustituido por Pablo Laso.

Todo es del color del cristal con el que se mira, Luka Doncic acabó su primer partido ante Darussafaka con 4 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias para un 7 de valoración, mientras que en el segundo encuentro finalizó con 0 puntos, 5 rebotes y 6 asistencias para un total de 6 créditos en los 10:46 minutos de los que dispuso ¿Son esos malos números? Que cada uno lo valore cómo lo estime teniendo en cuenta lo que se está jugando y con quién se está jugando, porque parece que seguimos olvidando que el Real Madrid se está enfrentando a un conjunto que no aparecía en las quinielas y finalmente se metió entre los ocho primeros conjuntos de Europa, aunque a muchos aficionados hasta les cueste decir su nombre.

El problema principal es el nivel al que nos tiene acostumbrados Luka Doncic y que nos ha hecho quedarnos con la boca abierta en más de una ocasión, pero ay, amigo, esto es otro tipo de batalla que requiere una preparación física y mental que el esloveno, estando claramente en camino, es absolutamente normal que le pueda costar, sobre todo en estos dos primeros partidos donde se han juntado muchas cosas, como es el pensamiento generalizado de que todo estaba hecho y nos hemos encontrado un Darussafaka con David Blatt dispuesto a sacar el máximo rendimiento de sus piezas como así está logrando.

Ante dicha tesitura, Luka Doncic soltó la presión de la forma que puede corresponder a un chaval de 18 años, sus lágrimas están en la misma proporción que las botellas lanzadas al suelo, las patadas o los manotazos a la publicidad estática y los gestos desaforados que jugadores más veteranos lanzan en cuanto les pasa lo mismo que al excelente (y joven) jugador del Real Madrid.

 Para mí, ayer Pablo Laso estuvo de diez con Luka Doncic, tuvo que sustituirle porque no aportaba lo que necesitaba el conjunto, le dio una explicación razonada de los motivos y, posteriormente en rueda de prensa, dejó claro el motivo:

“Luka es un chico con muchísima madurez, pero está en sus primeros playoffs de Euroliga y sé que puede jugar mucho mejor porque lo hemos visto durante la temporada pero ahora estamos hablando de los ocho mejores de Europa y no es fácil con 18 años jugar contra ellos, siempre debe saber que,  juegues bien o mal  tienes que ser positivo para el equipo, en ese sentido trato a Luka como a cualquier otro jugador del equipo, él está jodido pero, por supuesto, nadie le ha quitado la confianza.”

Esa es la principal lectura hacia un jugador que está haciendo un esfuerzo ímprobo por disimular esas sobrecargas musculares que no nos dejan ver al mejor Luka, que siempre que sale a la pista buscado el bien del equipo y que, si no le salen las cosas bien, debe ir al banquillo para dar paso a otro compañero porque, tenga 18 años o contara con 37 (como Felipe Reyes que ha jugado 4:40 entre los dos partidos o Andrés Nocioni, desconvocado en ambos), es jugador del Real Madrid, ni más ni menos que otro.

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