Opinión Javier Rodríguez 

No pasa nada Luka, absolutamente nada

Lo tuvo, quizás no el triple de la victoria, pero por lo menos una inyección de moral de altísimo nivel para afrontar los siguientes segundos con el marcador un punto por delante después de que los jugadores del Madrid hicieran un esfuerzo supremo para ponerse por delante de un Khimki que llegó a meterle doce puntos de desventaja.

Y lo falló, en un triple frontal, completamente liberado, sin defensor demasiado cerca, tras la gran asistencia que le dio Facundo Campazzo que había atraído a toda la defensa en su penetración. Un triple de los que mete cientos en cada entreno, un triple de esos que ensaya hasta la extenuación cuando la mayoría de sus compañeros se han ido ya a la ducha, un triple que le dolió como si hubiera sido el último de su carrera.

En ese momento vimos a Luka Doncic cómo no le habíamos visto nunca, dejó de ser el niño que lloraba porque le salían mal las cosas, soltó toda la rabia que pagó su pobre camiseta y se sintió responsable de la derrota, ni más ni menos, tenía sobre sus hombros la responsabilidad del triunfo, la tomó y, como pasa muchas veces en deporte, la decepción de uno es la alegría de otro, los más de 9.000 espectadores que se habían levantado mientras ese balón buscaba un destino no encontrado, volvieron a sentarse en sus sitios con la cara compungida, mientras todo el banquillo de Khimki y los fieles aficionados en Rusia que estuvieran viendo el partido (cerca de la 1 de la madrugada) respiraron aliviados, el niño había fallado.



Solo podemos quejarnos de una cosa, tras el fallo siguió pensando en ese triple hasta que sonó el bocinazo final, su cabeza no paraba de negar y hasta su rostro reflejó la frustración en las jugadas subsiguientes para luego desaparecer de los primeros por el túnel de vestuarios, eso será precisamente lo que le hará madurar, saber que un fallo es solo eso, un fallo, y que inmediatamente después tienes que pensar en la acción posterior para que, sencillamente, un error no se sume al fallo cometido.

No, no pasa nada, Luka Doncic, absolutamente nada, esa es la grandeza del baloncesto, conocer el lado amargo de igual forma que conoces el lado amable, ambos te hacen crecer y te harán aún mejor jugador.

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