Opinión Nacho Caballero 

Oye, ¿y si nos cargamos el baloncesto europeo?

Llevamos dos años con guerras constantes entre FIBA, Euroliga y federaciones nacionales. Amenazas de exclusión si no se cumplían los designios de unos o de otros. Lo que hace la pela, que diría aquel. Todos estos líos han desembocado en un calendario casi sobrehumano. Bueno, y sin el casi. Todo por querer sacar tajada de donde no se puede, queridos amigos de la FIBA. Por si la temporada tuviera pocos partidos, también vamos a tener ventanas internacionales. Sí, como en el fútbol. Un sindios, vaya.

Ya la Euroliga el curso pasado sobrecargó un calendario que se sostenía a tientas. Pero oiga, quedó una competición muy bonita para el espectador, aunque extensa y agobiante para los jugadores. Sí, los profesionales que viven de esto. Esos que los entes citados en la entradilla de esta columna olvidan muchas veces, por no decir siempre. Os preguntaréis por qué dice este tío que se olvidan de ellos. Pues es muy sencillo. A más partidos, más fatiga. Y no se puede aguantar un calendario en el que, además de los compromisos del fin de semana e intersemanales, se añadan encuentros que – por otra parte – nadie quiere jugar. No en el baloncesto, amigos. Por ahí no paso.

¿Y esto qué tiene que ver con el posible fin del baloncesto europeo? Pues todo. Porque esto también ha provocado un éxodo brutal de todo tipo de jugadores de renombre que han hecho las maletas y se han sacado un pasaje a China. Sí, a China. El Gigante Dormido también para el baloncesto. Si ya de por sí nos cuesta retener unos años a los grandes jugadores antes de vivir el sueño americano, ahora tenemos otro frente abierto. Además de tener al enemigo en casa – la FIBA -.

No. No sólo los jugadores que viven el ocaso de sus carreras se van a la liga china. También jugadores jóvenes muy talentosos, como Edwin Jackson o Keith Langford. Claro, allí hay pasta y mucha. Casi pueden doblar los salarios de Europa y, claro, como decía antes la pela es la pela.

Amigos de la FIBA, Euroliga, federaciones y todo tipo de entes que velan – se supone, como el valor en la mili – por la salud del baloncesto europeo os digo algo: y si nos dejamos de guerrillas internas para sacar más pasta para nuestros bolsillos y nos preocupamos de cuidar un poco lo que llevamos años construyendo y que tiene un futuro prometedor. Y digo sólo un poco. No pido alardes, que eso sería como pedir peras al olmo. Los amantes de este deporte os lo agradeceríamos, de verdad. Dejad de explotar a los jugadores. Pensad un poco más en ellos, que son los verdaderos protagonistas y los que provocan que los espectadores acudamos en tromba a los pabellones a disfrutar. Es una quimera y soy consciente, pero vamos a mimar un poco el deporte y menos nuestros bolsillos.

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