Opinión Javier Rodríguez 

Quién nos lo iba a decir, Jeff Taylor

Corría el año 2015 y el Real Madrid oficializaba el fichaje de Jeff Taylor, justamente después de esa temporada histórica en que el conjunto blanco conquistaba Supercopa, Copa, Euroliga y ACB por ese orden teniendo ya en mente su próximo reto, la copa Intercontinental sin saber que ese iba a ser el último año de que lo iba a disputar el campeón de la Euroliga ya que después estallaría la cruenta guerra con FIBA.

Fue su hermana quién “oficializó” el fichaje poniendo una foto del Real Madrid en su instagram y ahí todo el mundo empezó a conocer a ese jugador elegido en 2012 por los Charlotte Bobcats en la segunda ronda del draft y que había pasado su último año a caballo entre el equipo de Michael Jordan y los Austin Spurs de la D-League.

Poco se conocía entonces del jugador sueco y con un historial extra-deportivo que no le beneficiaba en nada tras ser sancionado con 24 partidos por la propia NBA en 2014 tras un episodio de violencia de género con su entonces pareja (la empujó contra la pared), por el que fue condenado por la justicia americana.

La llegada de Taylor, ocupando el puesto de KC. Rivers, no fue nada plácida ya que una lesión le dejó sin debutar hasta el 26 de octubre ante Iberostar Tenerife, perdió la pretemporada, jugar la Intercontinental y lo más importante, la posibilidad de acoplarse con sus compañeros y adaptarse a un baloncesto desconocido para él, con la gente exasperada viendo cómo era capaz de hacer pasos una y otra vez en esas arrancadas, en recibir el balón en carrera y con esos fallos que pasan factura en los tiros librados en las esquinas, solo algún mate gracias a su poderío físico aliviaba el descontento de la afición blanca.

Pero llegó la madre de todas las batallas, tras en un año que el equipo no llegó a la Final Four tras ser barrido por Fenerbahce, la final ACB ganada al FC. Barcelona sin ventaja campo y perdiendo el primer partido en el Palau fue el despertar del sueco ante un Satoransky amo y señor del juego blaugrana al que secó por completo, levantando admiración por el propio Llull de su trabajo callado sin reclamar protagonismo, ese fue el punto de inflexión para Pablo Laso de que no se había equivocado con el sueco, de que había que renovarle otra temporada.

En esta temporada pasada, más allá de lecturas complejas sobre el juego y su adaptación, hay una verdad como un templo, Taylor ha pasado como un fórmula 1 a su principal rival en la rotación hasta el punto de casi dejarle fuera del Real Madrid, el lituano Jonas Maciulis se ha visto “sorprendido” por el buen hacer del sueco, dejándole relegado en muchos partidos del cinco inicial, ha demostrado que tiene nivel para defender a jugadores de Euroliga, ha mejorado mucho en confianza en el tiro y ha recibido elogios del propio Laso más de una vez por el trabajo realizado.

Sin embargo hay algo más que le ha hecho renovar otras dos temporadas dentro del Real Madrid y que le puede hacer estar cuatro años en el equipo blanco, algo impensable cuando vimos sus comienzos y es su perfecta integración con sus compañeros, hasta el punto de ser inseparable de Luka Doncic y que el propio entrenador del Madrid bromea cuando dice, “están tanto rato juntos que hasta parece raro que un esloveno y un sueco se lleven tan bien”.

La historia de Jeff (prefiere que le llamen así a Jeffery) sigue su curso, alguien que cometió un error, pagó por ello y ha sabido reinventarse a sí mismo dando lo mejor logrando el cariño de una afición que antes lo miraba con recelo y ahora aplaude cada una de sus acciones, cierto es que nadie le ha regalado nada y todo se lo ha ganado con mucho trabajo.

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