Reflexiones sobre la actuación del Real Madrid en la Copa del Rey

Vaya por delante que me parece que el Real Madrid está realizando una temporada magnífica a pesar de todos los imponderables que le están sucediendo a base, sobre todo, de lesiones de jugadores clave. Está sabiendo adaptarse a las circunstancias asumiendo golpe tras golpe, sin lamentos, con trabajo, con constancia y con orgullo.

La actual plantilla, dirigida por un Pablo Laso fiel a sus ideas y que conoce lo que significa el Real Madrid y liderada dentro de la pista por un ejemplo de capitán, Felipe Reyes, sabe lo que supone llevar la camiseta del Real Madrid y por eso lo dan todo en cada partido, estén mejor o peor, les salgan las cosas o no. Nunca dan por perdido ningún encuentro por mal que se ponga (único lunar Vitoria en el partido de Euroliga). Nunca se dejan ir. Siempre, repito, siempre, dan todo lo que tienen por intentar conseguir la victoria. Por eso, solo el Real Madrid es capaz de intentar una remontada épica como la que casi consigue ayer en la final de la Copa del Rey. De ahí que la mayoría de sus aficionados se sientan tristes y fastidiados por la derrota, pero orgullosos del equipo.

Pero lo cierto es que, desde mi punto de vista, el Real Madrid no ha hecho una buena Copa del Rey. En mi opinión ha faltado frescura. Ya preveía hace tres semanas que parecía que el equipo se encontraba entonces en un pico óptimo de forma, que probablemente se había anticipado a lo planificado (previsiblemente fin de semana de la Copa del Rey) por la especial temporada que se estaba viviendo con tantas lesiones. Y creo que se ha demostrado este largo fin de semana.

Esto podría explicar los altibajos que ha tenido el equipo en los tres encuentros, que le han llevado a tener que remontar cada partido. Con valoraciones de equipo (105, 89 y 81) inferiores, salvo el partido contra Unicaja a la media de la temporada tanto en ACB (106) como en Euroliga (99).



Y con actuaciones individuales que han estado por debajo de lo que habían aportado a lo largo de la temporada. Se ha echado en falta el gran Reyes del resto de la temporada, la regularidad de Causeur (salvo el partido contra Unicaja) e incluso el intangible de Taylor. Tanto Thompkins como Carroll han estado también más irregulares de lo habitual. Y Doncic se ha visto sobrepasado en bastantes momentos, hasta el punto de ver el final del partido contra Unicaja desde el banquillo y no explotar en la final. Han conseguido descentrarle con las trampas que le han puesto a su paso sus rivales, lógico y disculpable dada su juventud.

Únicamente Campazzo y Rudy han sido capaces de rendir al máximo y han sido, para mí, los artífices de que casi se haya conseguido el título. También se podría añadir a Tavares, pero en la final se notó su inexperiencia en este tipo de partidos.

Caso especial merece Randolph, que no ha sido capaz de encontrar su sitio desde su reaparición y cuya aportación al equipo está dejando mucho que desear, sobre todo en tareas defensivas.

Quizás todo esto ha influido en que el equipo no haya estado fino y que en bastantes momentos del fin de semana perdiera concentración e intensidad defensiva y realizara ataques poco ordenados y desequilibrados en el juego interior-exterior”. Y que, incluso, llegara a cambiar su estilo de juego en la final, prescindiendo de un jugador alto para intentar remontar un partido con cuatro “bajitos” y un “cuatro” en pista, en base a una zona press defensiva que acababa en 1c1 y un ataque por fuera que se encomendaba a los triples y a las penetraciones. Y casi da resultado al final.

Seguro que si hubiera entrado el lanzamiento de Causeur o el palmeo posterior de Taylor los aficionados del Real Madrid se sentirían igual de orgullosos de su equipo pero felices y encantados. Y yo seguramente habría titulado este artículo así: “El Real Madrid consigue su quinta Copa consecutiva tirando de casta”