«¿Sabes cómo me llaman estos tíos?», cuando los americanos alucinaron con Fernando Martín

Foto: Fernando Laura

Foto: Fernando Laura

El 31 de octubre es una fecha grabada a fuego para los aficionados al baloncesto en nuestro país. Hoy, hace 35 años, debutaba en la NBA el primer español, Fernando Martín, con el que los americanos alucinaron desde el primer instante.

En el verano de 1986, Fernando Martín recibía la invitación formal de Portland Trail Blazers para incorporarse al campus que tendría lugar en la Universidad de Loyola Marimount (Los Ángeles). Volvía a hacer las maletas rumbo a Estados Unidos (ya había probado con los Nets el verano anterior) en compañía de Miguel Ángel Paniagua (su agente) y de su hermano Antonio, que firmó por la californiana Universidad de Pepperdine, donde podría estudiar y recuperarse de su grave lesión de rodilla.

En esta ocasión acudía con todo a su favor para entrar definitivamente en el universo NBA. A no ser que realizara un campamento desastroso, su fichaje estaba prácticamente asegurado. Pero tanto su agente como su hermano acordaron no informarle de esta situación para mantenerle debidamente motivado, aunque no hacía mucha falta porque se motivaba solo. Miguel Ángel Paniagua: “Los Blazers tenían muchísimas ganas de ficharlo y estaban decididos en un 95%. El cinco restante dependía de la summer league que realizara. Por entonces no había tantas facilidades de ver jugadores, ni estábamos en un mundo tan global como ahora. Además de los ojeadores que mandó la franquicia para verle, sobre todo en el Mundial de España que quedaron bastante satisfechos, siempre había que pasar la prueba final del campamento de verano”.

Foto: Pedro Arnuero
Foto: Pedro Arnuero

A Martín ya le había llamado la atención, durante el campus de Princeton con los Nets (verano 1985), la extremada dureza con la que se empleaban los jugadores. La razón era muy evidente, eran jugadores de tercera, cuarta o quinta fila que trataban de buscarse un contrato en cualquier sitio, tanto en ligas europeas como en la propia NBA. No obstante, aquella dureza no le iba a amedrentar lo más mínimo y desde el primer instante, como era su costumbre, dejó su tarjeta de presentación, pues ya en uno de sus primeros entrenamientos con los Nets su garra y su lucha le sirvieron para ganarse un sobrenombre de moda por aquel momento. El periodista de Diario 16, Pedro Arnuero, alojado durante este campus en el mismo hotel que él, nos cuenta la historia:

“Ese día yo no estuve en el entrenamiento, pero Fernando, después del mismo, vino a mi habitación y me dijo: ‘¿Sabes cómo me llaman estos tíos? Rambo’. En esos momentos se acababa de estrenar la segunda parte de lo que en España se tradujo como Acorralado (Rambo) (Rambo: First Blood, 1982). Recuerdo que nos estuvimos riendo un buen rato”. El aspecto de Martín en sus primeros días en Princeton tenía cierto parecido con el mítico Sylvester Stallone. Había recibido un codazo en uno de los partidillos a cargo de Kelly Peoples, que le produjo una inflamación del labio superior de la boca y a punto estuvo de perder un diente. Además, llevaba un aparatoso vendaje en su rodilla y múltiples arañazos por todo el cuerpo. Desde el inicio del campus, no daba un balón por perdido y luchaba, al igual que Rambo, por cada rebote en los partidos que se disputaban.

Un año más tarde, durante la liga de verano con los Blazers, Martín vuelve a cumplir sobradamente al igual que en Princeton, realizando muy buenos partidos, como frente a los Lakers (14 puntos), Bulls (12 puntos) o los Suns (9 puntos y 12 rebotes). Fernando había pasado con nota el último examen y se acercaba el momento en que la franquicia le comunicaría que tenía un hueco en su equipo para la próxima temporada. Miguel Ángel Paniagua lo rememora:

“Estábamos en el Embassy Suites de Los Ángeles, que era el cuartel general del equipo en la liga de verano. En lugar de decirle de manera solemne que estaba fichado, los Portland Trail Blazers tuvieron la idea de hacerle llegar una camiseta con el número diez y su nombre a la espalda, para que de esa manera todos tuviéramos la certeza de que el fichaje estaba hecho. Y la única cosa que me pidió cuando recibimos aquella camiseta en la habitación, fue que le dijera al trainer del equipo, que además era un buen amigo, que acentuara la i de Martín. Él nunca se olvidó de sus raíces”.

Tremendamente emocionado, entraba en una liga reservada para los mejores del planeta, donde, por cierto, ganaría bastante menos dinero que en el Real Madrid, aunque eso no le importaba demasiado. Su deseo era llegar a la cima y poderle contar algún día a su hijo que jugó en la NBA, y para ello había que ser, además de un grandísimo jugador, un hombre tremendamente valiente.

Y por fin llegó el gran día. El 31 de octubre de 1986 haría cambiar para siempre la historia del baloncesto español. Fernando Martín se disponía a debutar en la la NBA, lo que provocaba la inquietud de los propios periodistas españoles allí presentes. Fernando Laura (fotógrafo y amigo):

“Nosotros estábamos casi más nerviosos que él. Al haber estado varios días juntos, sabíamos lo importante que era este día, así que nos contagió esa tensión”. Minutos antes del inicio del encuentro, mientras se estaba anunciando a los jugadores de ambos equipos, algo alteró la tranquilidad del español. Fernando Laura: “Estábamos en el pabellón y de pronto vemos a Fernando con cara de desesperado y haciéndonos señas desde el banquillo. Le miramos, sin saber lo que estaba pasando, y nos indica que observásemos el marcador, donde estaban diciendo algo así, como: ‘Bienvenidos los periodistas de Madrid, España, Europa, que vienen con Fernando Martín, y por favor que se levanten’. El pabellón llevaba un rato aplaudiendo y nosotros sin enterarnos. Tardamos en darnos cuenta, pero aquello nos emocionó”.

Pues bien, el partido dio comienzo y, como era de suponer, Martín no está en el quinteto inicial. Según se va acercando el final del encuentro, el tan ansiado debut sigue sin producirse. Pero de repente, y a falta de dos minutos y dos segundos para la conclusión, Mike Schuler le comunica que se prepare para saltar a la cancha. Sixto Miguel Serrano (periodista y amigo): “Nos dijo el jefe de prensa de Portland que Mike Schuler tuvo una atención, no con Fernando en realidad, sino con nosotros porque sabía que nos habíamos cruzado medio mundo para estar en su debut. Allí las instituciones deportivas le dan un valor extraordinario a la prensa”.

Después del encuentro, y para celebrar el estreno, los tres periodistas (el día del debut se incorporó Manolo Lama) junto a una pareja de españoles (uno de ellos, Tony Álvarez, dirigía un hotel de la ciudad), le prepararon una fiesta a Fernando, que no irradiaba toda la felicidad que merecía el momento. Fernando Laura: “Llegó con cara larga. Yo le comentaba que tenía que estar feliz porque era su sueño y para lo que había estado luchando. Sin embargo, él me decía: ‘Sí, pero así no’. Yo creo que ya se olía que su entrenador no era precisamente un aventurero. Le contesté: ‘Pero Fernando, no importa, es el primer partido y es la NBA. Estás donde querías’. Él de nuevo me repetía: ‘Sí, pero no’.

Recuerda que puedes adquirir el libro: “Fernando Martín. Instinto Ganador” para conocer muchas más historias del mito gracias a los casi 500 testimonios que incluye: Antonio Martín, Arvydas Sabonis, Pablo Laso, Wayne Robinson, Brian Jackson, Epi, Audie Norris, Juan Corbalán, Chechu Biriukov, Isma Santos, Quique Villalobos, Andrés Jiménez, Lolo Sainz, Aíto García Reneses, Ramón Trecet, Miguel Ángel Paniagua, etc.

 

Su lado más desconocido es que era un inconformista, nunca se conformaba con lo que ya tenía, él quería más y más. De hecho, a pesar de pertenecer a una familia acomodada, jugaba como si tuviera que abrirse camino a mamporros. Era el inconformismo hecho persona”. Aunque había cumplido su sueño deportivo, Fernando no se aferraba al hecho de ser el primer español en aquella liga e intentaría, sin suerte, ser algo más que un jugador marginal dentro de los Blazers.

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