Samardo Samuels, soy una mujer y no quiero entrevistarte

Después de semanas -¡diría meses!- sin escribir mi opinión, me he visto en la obligación, por mí y no solo por mí, de sentarme a escribir este artículo.

Confieso que no soy la mayor virtuosa, ni la mayor aficionada, a eso de dar opiniones, pero esta vez no puedo callarme. Así que, conteniendo las lágrimas de frustración y cansancio, he decidido empezar así el artículo que jamás habría querido escribir: Samardo Samuels, soy una mujer y NO quiero entrevistarte.

No quiero entrevistarte, ni a ti, ni a todos aquellos que, alguna vez, han infravalorado mi trabajo. No quiero entrevistarte, ni a ti, ni a todos aquellos que formulan, una y otra vez, la estúpida pregunta de: ”anda, pero… a ti, ¿te gusta el deporte?”. No quiero entrevistarte, ni a ti, ni a todos aquellos que, alguna vez, han considerado mi opinión menos válida que la de alguna de mis compañeros por el simple hecho de ser una mujer. Suficiente tengo con tener que trabajar el doble para demostrar la mitad como para, encima, querer entrevistarte.

Samardo Samuels, no quiero entrevistarte. Ni a ti, ni a todos aquellos que, alguna vez, han faltado al respeto a mi trabajo. No quiero entrevistarte, ni a ti, ni a todos aquellos que me repiten una y otra vez: ”¿Baloncesto? No te pega”. No quiero entrevistarte, ni a ti, ni a todos aquellos que piensan que el deporte es cosa de hombres. Que debería interesarme por otras cosas. No sé, ¿la moda, tal vez? ¿Quizás la cocina o los viajes? Ni a ti, ni a todos aquellos que han estado a punto de tirar la toalla y dejar de pelear en hacerme un hueco en un mundo que, total, no es para mí, ¿verdad? Samardo Samuels, no quiero entrevistarte.

Samardo Samuels, soy mujer y no quiero entrevistarte. Ni a ti, ni a nadie que me haya aconsejado que quizás un vestido no es la forma más adecuada de ir a trabajar a un partido de baloncesto. Que mis tacones son demasiado altos. Que mis labios, demasiado rojos. Que mi olor, demasiado intenso. O todo lo contrario. Que un chándal no es el uniforme idóneo para que una señorita vaya a trabajar. Que tengo que cuidarme un poco más. Que así nunca me voy a echar de novio a uno de esos chicos tan altos y tan guapos con los que trabajo. Literalmente. No quiero entrevistarte, ni a ti, ni a nadie que utilice adjetivos relacionados con el físico a la hora de hablar de mí y de mi trabajo.

Samardo Samuels, no quiero entrevistarse. Ni a ti, ni a todos aquellos que dijeron: ”tiras como una chica” o ”te quejas como una nena”. No quiero entrevistarse, ni a ti, ni a aquellos que me aconsejaron que no dejase a mis sentimientos influir en mi trabajo. Qué curioso. No sabía que los sentimientos entendiesen de género. No quiero entrevistarte, ni a ti, ni a aquellos que me han aconsejado que modere mi simpatía y mi carácter extrovertido. Que no sonría tanto. No vaya a transmitir una imagen equivocada. Bastante tengo con tener que hacerme respetar cada día como para, encima, querer entrevistarte.

Samardo Samuels, soy una mujer y AMO el baloncesto. Trabajo cada día por hacerme un hueco en un mundo tradicionalmente monopolizado por hombres y que, por fortuna, y aunque poco a poco, está cambiando. Soy una apasionada el deporte y el periodismo deportivo. Nada puede hacerme más feliz que escribir sobre baloncesto, sobre mi pasión, y, curiosamente, quizás eso de hacer entrevistas es lo que más gusta de mi trabajo. Me gusta escuchar lo que las personas con las que me cruzo en este camino, con sus ideas y valores, pueden enseñarme. Te sorprendería todo lo que he aprendido, simplemente, escuchando. Disfruto cada segundo de la preparación de una entrevista, de su investigación previa y su análisis posterior. De las emociones que transmiten las personas cuando hablan de aquello que aman. De sus palabras, pero también de sus gestos y de sus miradas. Nada me eriza tanto la piel como las palabras de un deportista absorto en la más irracional de la euforia de la victoria o la más desgarradora decepción de la derrota.

Samardo Samuels, soy una mujer y AMO el baloncesto. Y me amo a mí. Como profesional y como mujer y, por suerte, cada día, son más los que me valoran y menos los que, como tú, hacen gala de un machismo exacerbado, irracional y, por qué no decirlo, patético. Samardo Samuels, no te esfuerces con tweets innecesarios en los que afirmas con orgullo que no concedes entrevistas a mujeres. Soy una mujer y no quiero entrevistarte.