Sentirse extraño en tu propia casa, una historia sobre la afición del San Pablo Burgos

Domingo, 4 de marzo de 2018, como los días habituales en que el Real Madrid juega en el WiZink Center, esta vez en horario matutino, me acerco a la estación de metro cercana a mi domicilio para coger la línea 2 que me lleva directamente a la de Goya. Una vez sentado, empiezo a ver como en las estaciones venideras empieza a entrar gente con bufandas azules, son muchos, van riéndose, comentando chascarrillos y uno deja caer sus posaderas en el asiento que se encuentra libre a mi lado.

  • “Oye –pregunta a un compañero- ¿Cómo se llama el sitio dónde juega el Madrid? Porque vaya nombre raro le han puesto.
  • Es el “Güichin center” o algo así –contesta-.

Yo miro atentamente alrededor y me veo rodeado de las bufandas azules, en todas ellas pone Burgos y no paran de comentar sobre el partido que van a ver.

  • Madre mía, te imaginas que ganamos.
  • Yo, si perdemos por menos de 50 ya me voy contento, lo importante es divertirse.
  • Eso sí, pero oye ¿Sabes por cuánto se pierde si hay denuncia por alineación indebida o algo así?
  • Creo que te lo dan por perdido por 50, pero no creo que pase, si aguantamos el primer cuarto sin perder por más de 25 ya voy bien.
  • ¿En qué estación bajamos? Creo que Príncipe de Vergara.

Ante ello, me animo a darles una pista y les digo que la estación que mejor les viene es “Goya” y que allí pueden seguirme pero que está perfectamente indicado.

  • Hombre, muchas gracias, si es que no hemos venido nunca, fíjate si somos pobres que traemos con nosotros al fisio del equipo que ayer no pudo venir con el equipo, pero bueno (vuelven a repetir), el caso es pasarlo bien.

Llegados a la susodicha estación, nuestros caminos se separan deseándonos suerte, marcho a tribuna de prensa y ellos a la parte más alta del WiZink, según miro y remiro cada vez veo más gente con la bufanda azul, ponga mi vista donde la ponga, veo azul en el palacio, el blanco se encuentra en minoría.

Salta el Real Madrid y se lleva una pitada de órdago, empiezo a sentir la sensación de que aquí falla algo, es cierto que muchas veces el público madridista no es de lo más enfervorizado que te puedas encontrar, pero de ahí a encontrarte un ambiente hostil no lo recordaba desde la Final Four de 2015 con la eliminatoria jugada con el Fenerbahce y donde había más trajes de avispa que los propios inquilinos, pero claro, ese dato no es muy válido si lo comparamos con éste en que el Madrid, supuestamente, juega en casa.

Afortunadamente para los intereses blancos, el Madrid empieza arrollando al conjunto burgalés y eso, quieras que no, baja un poco el ánimo al respetable visitante (aunque no se piensen que les dejamos de oír, porque en ningún momento cesaron de cantar), pero, ¡ay amigo! Cuando en la segunda parte se aprieta el marcador y llegan a ponerse nueve  abajo, por un momento tuve que mirar por si había sufrido una teletransportación y me encontraba en el Coliseo de Burgos pero no, seguía en el WiZink Center viendo como Luka Doncic, uno de los héroes locales, era abucheado hasta la extenuación en un tiro libre (que falló) mientras los Berserkers y Ojos del Tigre, las dos peñas ruidosas del club blanco se dejaban, de forma infructuosa, la voz de todos ellos intentando no sentirse extraños en su propia tierra.

El partido acaba con la victoria blanca, la afición burgalesa sigue cantando, gritando el nombre de su equipo, ni un mal gesto, ni un insulto, ni una falta de respeto (a estas alturas no vamos a considerar como tal el cantar “así gana el Madrid” de forma irónica) y los entrenadores se dirigen a rueda de prensa para dar sus impresiones y donde el visitante, Diego Epifanio, a pesar de la derrota no oculta su satisfacción con el público.

“No sé si será de récord el desplazamiento masivo a un campo de baloncesto, pero por algo tiene el premio a la mejor afición por el apoyo que nos prestan en casa y como visitante, somos la envidia de la liga y su comportamiento es ejemplar”.

Hasta ahí casi puede parecer normal, lo que ya no es tanto es que Pablo Laso diga esto sobre una afición rival que le ha complicado la vida en casa.

“Lo vivimos allí, si algo muestra Burgos es un hambre magnífica, en el descanso perdiendo por 21 puntos han tenido una reacción muy buena tanto el equipo como la afición, con un ambiente increíble y es algo que me enorgullece cuando hablas de baloncesto, que una ciudad se motive tanto con el baloncesto”.

Acaba mi trabajo en el WiZink Center y me dirijo de vuelta a casa, sigo viendo bufandas azules en los alrededores, no han perdido la sonrisa en ningún momento, ahora se encuentran tomándose un merecido descanso antes de emprender el viaje de vuelta y pienso igual que Pablo Laso, lo vivido hoy es algo que me enorgullece y debe enorgullecer a cualquier aficionado al BALONCESTO.