Sobre la identidad del Real Madrid

Tras el partido contra Estrella Roja, Pablo Laso dijo:  “Tenemos una identidad que no debemos perder”.

¿Cómo es posible no perderla tras todas las piedras que se han ido poniendo esta temporada en el camino del Real Madrid?

Nadie discutirá que las mencionadas piedras han sido más bien montañas. No es normal perder al mejor base de Europa y líder indiscutible del equipo, a uno de los mejores pívot de Europa y al que, tras la ausencia de ambos, debería ser el referente del equipo. Es decir, que el Real Madrid no cuenta con sus tres pilares básicos y claves para definir la identidad de su juego.

¿Puede, entonces, mantenerse dicha identidad con el resto de la plantilla?

Lo ideal sería que así fuera. De hecho cuando en cancha están al tiempo Felipe Reyes, Rudy, Luka Doncic, Jeffery Taylor… la identidad se sigue vislumbrando. Pero los nuevos fichajes necesitan tiempo para asimilar  esa identidad y precisamente eso no sobra. Ni por el calendario tan exigente de partidos, ni porque cuando se pierde en el Real Madrid un partido (no digamos ya tres o cuatro) todo se magnifica, ni porque la calidad de los rivales europeos es excelente y saben aprovechar los errores sin piedad.

Además, las características físicas y técnicas de los nuevos fichajes son muy dispares de las de los jugadores que, en teoría, deben reemplazar. Evidentemente ni Randle es Llull, ni Tavares es Ayón o Kuzmic, Y ninguno es como Randolph.

En mi opinión la identidad básica no se debería perder: concentración al límite,  indudable actitud, fuerte defensa que permita correr en ataque, versatilidad… Pero es evidente que algunos aspectos sobre todo ofensivos deberían replanificarse. Habría que aprovechar el físico de Tavares dentro de la pintura, no se debería abusar tanto de los triples y del juego exterior. Debería equilibrarse más el juego interior-exterior.

Y, no menos importante para mí, es imprescindible recuperar otro de los rasgos de identidad que ya perdió el equipo la temporada pasada por el excepcional estado de forma de Sergio Llull. No puede dejarse a un único jugador la responsabilidad última del equipo. Hay que volver a que el equipo prevalezca sobre las individualidades, más aún en la situación actual. Todos los jugadores deben hacer “piña” y dar un paso al frente en responsabilidad y carácter.

Yo confío en ellos y en Pablo Laso. Yo quiero tener paciencia. Yo les doy tiempo para que su trabajo y calidad acaben dándonos de nuevo alegrías cuando de jueguen de verdad los títulos de la temporada.