Opinión Daniel Martín 

Tiempos de cambio en la selección

Tiempo de cambio. Tras finiquitar el Eurobasket ganando una medalla de bronce, la selección española debe afrontar una regeneración profunda, no sólo en nombres, también en juego.

Hemos asistido sin ningún género de dudas a la etapa más exitosa de nuestro baloncesto a nivel de selección. Comandada por los ‘juniors de oro’ , España ha logrado cotas que hasta poco antes de la aparición de esa magnífica generación eran impensables. Un grupo de jugadores que no sólo ganaba, sino que lo hacía con una autoridad tal, que daba la sensación a veces que el rival poco importaba, pues si los españoles querían ganar, ganaban. Un ciclón en la cancha que no sólo se manejaba como una máquina competitiva perfecta, sino que a la vez, se mostraba como ejecutora de un baloncesto divertido, limpio, veloz, España, bajo el mando de Pau Gasol se convirtió en el terror del baloncesto FIBA, siendo digno rival incluso ante la todopoderosa Estados Unidos.

Pero como todo, este ciclo grandioso también debe acabar, los años no perdonan y los rivales se adaptan, crecen y ganan en competitividad. Decía Santayana que “quien olvida su historia está condenado a repetirla” y da la sensación de que la España baloncestista olvida con suma facilidad. Nos pasó entonces tras la plata de Los Ángeles y si no lo remediamos, nos pasará ahora y es que parecemos no darnos cuenta de que los ídolos también envejecen, estirar un ciclo, el de esta generación, es forzar a unos jugadores que no dan más de sí, que por edad ya están más cerca de su final que de seguir compitiendo al máximo nivel. Si ya vimos en Pau claros síntomas de cansancio en Río durante la disputo de los últimos JJOO, lo del Eurobasket que acaba de terminar es la conclusión de que España debe dar un cambio a su juego, ya no podemos depender de que Pau resuelva porque Pau, ya no puede. 37 años, 16 de ellos jugando en la NBA, con el desgaste sufrido, con una cantidad de partidos enorme a sus espaldas, un triunfo grandioso traernos hasta aquí, pero ahora toca darle un relevo, es lo justo y es lo natural, su ciclo acaba aunque como él mismo ha dicho, quiera seguir participando, algo por contra que deberá decidir el seleccionador y no el jugador como así ha parecido con la inclusión de algún histórico para este torneo europeo, donde la imposición de un nombre ha pesado más que los méritos contraídos en una cancha. Sí, hablo de Juan Carlos Navarro.

Yo no voy a descubrir a Navarro, tampoco su aportación a la selección durante estos años atrás, es historia viva del baloncesto nacional y europeo, eso está tan claro como el hecho de que su inclusión en la lista definitiva para el Eurobasket se debió más a su nombre y peso dentro de la federación que a sus capacidades actuales dentro de una pista de baloncesto. Si ya Pau dio síntomas de necesitar apoyo durante Río, lo de Navarro es más sencillo, su adiós debió efectuarse allí y no en Estambul.  Con su récord de internacionalidades en la mano y una medalla de bronce al cuello Navarro ha decido dejarnos, toca pensar en como se vendió su inclusión en la lista, cual sería su cometido y luego, comparar su aportación en el torneo, no cuadran. Quizás esa veteranía que motivó su inclusión hubiese sido más útil a partir de Noviembre cuando se compita en las famosas ventanas FIBA, donde entonces, una España huérfana de nombres importantes y ‘veteranía’, se batirá el cobre buscando un pasaporte para el próximo mundial, pero no, esa es otra historia, una sin glamour, sin repercusión mediática, sin Pau Gasol. La realidad es que otros en mejor o parecido estado de forma renunciaron, anteponiendo el destino de la propia selección y sus clubes al ego personal, un ejercicio de honradez que tal vez debió cundir entre más integrantes de esa misma generación dorada.

 

España debe dar un golpe de timón, cambiar nombres y sistemas cambiar incluso a los líderes de vestuario, rejuvenecer y olvidar los amiguismos en las listas, buscar un baloncesto más coral, donde no todo parta de un mismo jugador por muy importante que sea, hay lesiones o bajos estados de forma y depender de un sólo plan es arriesgado e inútil, además y como se ha visto, los rivales crecen y se adaptan, te limitan y tener capacidad de sorpresa, poder cambiar el guión es vital para seguir siendo competitivos, fundamental para seguir aspirando a todo.

Las generaciones que deben asumir el mando en los grandes torneos internacionales  no serán como la de los juniors de oro, pero estarán otros que sin tanto talento natural pondrán el mismo entusiasmo que aquellos que han sido la mejor generación de baloncesto en nuestra historia, el mismo compromiso o incluso más, el mismo profesionalismo. España quedará en las manos de los Hernangómez, de Vives, Mirotic, Abalde, Yusta, Oriola o Alberto Díaz, jugadores diferentes, pero grandes jugadores, amparados en la ayuda de veteranos que sí aporten como Llull, Marc, Chacho o el propio Pau si su condición física le permite ser uno de los elegidos, un grupo regenerado, con nuevas metas y nuevo rumbo. Será básico hacer acopio de ilusión, de ganas de estar para sumar, sin exigencias, de la mano de un entrenador que se sienta fuerte y capaz de dar ese volantazo tan necesario, puede ser Sergio Scariolo si él mismo se ve capacitado, se ha ganado poder decidir, pero sino no se ve capaz, abrir el abanico y buscar un relevo en el banco no debe ser un trauma, porque si algo tiene España aparte de tipos con talento dentro de la pista, es talento también fuera de ella, un enorme talento en aquellos que tiran de pizarra e idean el juego.

Yo no dudo de que se será difícil, pero tampoco dudo de que con tiempo y buenas decisiones, seguiremos llevándonos alegrías con nuestra Selección Española.

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