Un baloncesto herido de muerte

Amenazas. Confrontación. Falta de entendimiento y ningún atisbo de diálogo, anteponiendo intereses personales – económicos, obviamente – al bien común. Quizás esto suene a una descripción bastante pormenorizada de la historia de la humanidad. Pero nada más lejos de la realidad. No voy a inmiscuirme en algo tan complejo en estas líneas. Sin embargo, es algo que se puede extrapolar al baloncesto hoy en día con esta guerra fría entre FIBA y Euroliga. Un sindiós, vaya.

Así vive el baloncesto mundial, con la salvedad del Olimpo de la NBA, ajeno al mundanal ruido de los mortales. Un estado de incertidumbre e inquietud que no ha dejado a nadie indiferente y que puede resultar terriblemente caro si los actores principales persisten en este burdo ejercicio cínico de inmovilismo.

FIBA y Euroliga, dos organizaciones que buscan lo mejor para el baloncesto. O al menos eso es de lo que se vanaglorian y para lo que, en teoría, están ahí. No obstante, llevan casi un año sin apenas mirarse a la cara, como dos críos enfadados en el patio del colegio. Cada uno pensando en que la verdad absoluta e inequívoca está en su poder. Mientras tanto, el deporte que juraron preservar con sumo esmero se desmorona. Quizás estemos siendo partícipes de las horas más bajas del baloncesto.

Y es que el pasado viernes, Mediaset renunciaba a la emisión de los partidos clasificatorios del Mundial del 2019. Pero no se quedaba ahí. Aún faltaba la estocada final. La que más daño puede hacer. La empresa tampoco ofrecerá la disputa del torneo estival de ese año que acoge China. El producto se devalúa. La ausencia de los jugadores top en estas brechas en el calendario provocan decisiones – cuestionables bajo mi punto de vista – como estas. Pero claro, si ni los propios organismos velan por el baloncesto, ¿cómo podemos pretender que lo hagan las cadenas? He de decir, eso sí, que yo sí retransmitiría todo, aunque puedo llegar a entender – que no compartir – la decisión del grupo audiovisual.




Toda esta situación ha llegado a desesperarme. Si bien el baloncesto en España – y quizás en parte de Europa – es maltratado, este vodevil lo deja ya herido de muerte. Además, es el peor parado en este fuego cruzado. FIBA y Euroliga velando por la pasta mientras el deporte que dicen amar y mimar enferma. O le hacen enfermar, lo que ustedes quieran.

No es que las ventanas FIBA sean santo de mi devoción. De hecho estoy totalmente en contra de esta pantomima que se han inventado para sacar más dinero. Pero quizás ha llegado el momento de acercar posturas y abandonar la terquedad en pos del baloncesto que es el objetivo común de las dos organizaciones.

Me produce lástima – a la par que vergüenza – que se haya llegado a una situación salvable, pero insostenible. Ojalá se recuperara la cordura. Ojalá se llegue a un acuerdo. Por el bien del baloncesto. Aunque sea porque vean que el negocio – que es lo que más les preocupa -, su negocio, se viene abajo y peligre su cartera. Creo que este es el único motivo por el que FIBA y Euroliga reaccionarían. Poderoso caballero es don dinero. Qué gran verdad…