Ismael Santos: «Jugaba por un sueño, pero se acabó truncando»

Foto: Miguel Ángel Forniés

Foto: Miguel Ángel Forniés

Con motivo de su cumpleaños, Ismael Santos visita Planetacb para recordar aquellos inolvidables años en los que se convirtió en un jugador muy querido por la afición madridista y en una auténtica pesadilla para algunos de los mejores anotadores del baloncesto europeo. Y mucho más…

Ismael Santos (Orense, 50 años) es uno de aquellos jugadores que han dejado huella en el madridismo. Llegó a la capital de España con apenas 13 años y, aunque en sus inicios era un jugador con mucho talento y desparpajo en ataque, con el tiempo asumió su rol de sacrificarse por y para el equipo convirtiéndose en uno de los mejores defensores europeos de su época, que se lo pregunten a Danilovic o Eddie Johnson. Después de nueve temporadas en el Real Madrid, con un paréntesis en el Guadalajara (temporada 91/92), no pudo finalizar su carrera deportiva en el club de sus sueños y puso rumbo a Italia, donde finalmente se retiraría con tan solo 31 años. Allí se refugiaría en las montañas después de una gran frustración.

Esto es lo que nos ha contado Ismael Santos, un jugador al que siempre he admirado, después de casi dos horas de entrevista.   

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¿Cómo es tu vida en la actualidad y cuánto peso tiene el baloncesto en tu día a día?

Estoy viviendo en Madrid. Trabajo en la cadena de centros deportivos Go Fit y soy director de actividades de Mindfulness. Ahora el tema de la montaña, que había sido mi ocupación principal en los últimos años, he dejado de hacerla desde la pandemia. Y aparte del trabajo, estoy estudiando el Grado de Psicología. La verdad es que estoy entretenido y contento. En cuanto al peso que tiene el baloncesto en mi vida, honestamente no. No lo sigo. Desde hace tiempo me desligué del baloncesto.

¿Conservas amistades de tu época como jugador?

Amistades desde el punto de vista de que me vea con personas o tenga relación con ellas, fíjate, el otro día me estuve viendo con José Lasa. Éramos muy buenos amigos, nos conocimos desde muy jovencitos y luego compartimos muchos años juntos. Aunque no nos hemos visto demasiado en los últimos años, esa amistad se mantiene. Luego, honestamente, pues no veo a nadie. No me veo con excompañeros. Hace tiempo que no veo a gente como Joe Arlauckas o Quique Villalobos. Nadie más. Ya te digo, como estoy desligado, pues no vas a partidos y no coincides con nadie, pero siempre son excompañeros de los que guardas muy buenos recuerdos. Como siempre le digo a José cuando nos vemos, hay ciertas vivencias y experiencias que no se olvidan y siempre se quedan ahí.

Háblanos de tu llegada a las categorías inferiores del Real Madrid con apenas 13 años.

Todo surgió a raíz de mi llegada a un campus que organizó la Federación Española en Oviedo, en el año 1985. En aquel campus había entrenadores de todos los equipos punteros de España. Me acuerdo que estaba Pepu del Estudiantes y Ángel Jareño de la cantera del Real Madrid, entre otros. Había entrenadores de cantera de los mejores equipos de España. Ángel me dijo que le gustaría que viniera a Madrid, y cuando se terminó el campus me llamó Clifford, que era el jefe de cantera, y nada, para Madrid que me vine con 13 añitos.

¿Asusta llegar tan jovencito a un club como el Madrid? ¿Fueron difíciles esos comienzos?

No estaba asustado y no me resultaron difíciles esos comienzos aunque parezca complicado de creer, pero así fue porque desde muy pequeñito tenía ese sueño de ser jugador del Real Madrid. Así lo sentía y así me levantaba con esa ilusión todos los días de ir a entrenar. Fue una gran alegría, pero no me asustó, era como si supiera que eso que llevaba dentro iba a suceder tarde o temprano. Por este motivo no me asustó. Fueron más difíciles los comienzos fuera del Real Madrid, es decir, en el colegio. Niño que llega con 13 añitos con acento gallego, se ríen del él… El baloncesto en sí, al final vas a un sitio con un objetivo muy claro. Aunque había competitividad, había que entrenar y ganarse un puesto, pero bueno, era un balón, una canasta, jugar al baloncesto y nada más. Para mí eso no era difícil.

¿Cómo era el día a día fuera del baloncesto en aquellos comienzos?

Ir a clase y entrenar. Me acuerdo que se me iba mucho tiempo en ir a la Ciudad Deportiva para entrenar y luego volver, ya que tenía que coger un autobús. En fin, ir al colegio, entrenar y estudiar, así era todo el día.

¿Dónde vivías por entonces?

Tuve la suerte de que pude estar durante unos años con la familia de uno de los amigos de Ángel Jareño, que también era entrenador. Me acogieron y estuve allí unos cuatro años más o menos. Por entonces, yo creo que fui de los primeros jugadores que llegué de fuera tan jovencitos. Luego ya empezó a haber como una especie de pensión cuando llegaban al equipo juvenil.

En tus inicios, eras un jugador brillante en ataque. ¿Por qué te conviertes, con el paso de los años, en un especialista defensivo?

Esa es una pregunta que me ha hecho mucha gente a lo largo de mi vida. Mira, te cuento. Es curioso, cuanto menos, y te voy a contar más desde el principio. En mi etapa en el Colegio Salesianos de Orense, donde yo empecé a jugar con 6 años, lo que realmente me gustaba era botar y pasar el balón. Empecé a jugar de base y me fijaba por entonces en jugadores de la NBA como Magic. Me pasaba tardes enteras botando el balón. También me encantaba pasar, dar asistencias, que los demás estuvieran alegres y contentos, aunque no metiera puntos.

Cuando llegué a Madrid, Ángel Jareño me dijo: “Mira, Isma, te lo voy a decir muy claramente. Para que hagas buenos a los demás, primero tienes que ser bueno tú. Tienes que ser una amenaza ofensiva para el rival”. Entonces cambié el chip y empecé a meter puntos. Desde la etapa infantil, que es cuando llegué al Madrid, hasta la etapa más o menor juvenil o júnior, siempre era el máximo anotador del equipo y de los máximos anotadores en los campeonatos. Destacaba por meter puntos, para nada en la defensa, de hecho algunos entrenadores decían que tenía que defender un poquito más. Esto sucede hasta que empiezo a entrenar con el primer equipo con 16 años, el último año de Lolo.

Al año siguiente, cuando llega George Karl, ya estaba más asentado con el primer equipo, entrenaba diariamente y viajaba con ellos. Durante esa pretemporada, teníamos jugadores como Drazen Petrovic, Fernando Martín, Quique Villalobos o Biriukov, y yo llegaba un poco de estrellita. George empezó a decir que si el júnior, el tal y cual. Aunque yo llegué con mis hábitos de tirar, de querer ser protagonista y seguir con mi manera de jugar, pero te encuentras con los jugadores que te acabo de decir. En ese periodo todavía no me reconvierto en un especialista defensivo, yo quería seguir siendo quien era y jugar como estaba jugando, aunque no dejas de ser el júnior. Esa temporada fue horrible, Drazen se va a la NBA, Fernando tiene el accidente fatal, también se lesiona Chechu, es un año de banquillo, de experimentar, pero sobre todo me acuerdo de que era como una guerra, ya que George cuidaba mucho a los veteranos y no admitía que un chaval tuviera protagonismo.

Foto: Miguel Ángel Forniés
Foto: Miguel Ángel Forniés

Mi manera de jugar no fue bien vista y no me dieron muchas oportunidades. Luego, el año siguiente llegó Wayne Brabender, fue un año también difícil, con muchos cambios. Ahí sí tuve la oportunidad de jugar más, y creo honestamente que tuve partidos muy buenos, pero una vez más era complicado cogerle minutos a jugadores como Llorente, que era el base titular. Después echaron a Wayne y llegó Ignacio Pinedo, que luego falleció, perdimos la final de la Copa Korac contra Cantú. No fueron años sencillos para el Real Madrid y creo que todo aquello no ayudó a dar oportunidades a gente joven. Luego, llegó un momento muy importante para mí, cuando tenía 19 años y era todavía júnior. Había estado casi dos años y medio viajando con el equipo, formando parte de la plantilla, y sentía que no cuajaba, entonces pedí irme. Yo sabía que tenía muchísimo más potencial y lo que vi en aquel momento, después de dos años, es que me había estancado. Yo, salvando las distancias, cuando era cadete y juvenil, aunque no le llego ni a la suela de los zapatos, era un jugador del estilo de Juan Carlos Navarro, tiraba desde muy lejos y tenía mucho desparpajo.

Después de dos años jugando poco, no es que cojas miedo, pero te vas estancando, pierdes esa frescura y desparpajo. Dije que quería irme, y ahí hubo bastante trifulca porque, por una parte sabían que era un jugador con potencial, y por la otra parte a dónde me iba ir. Entonces surgió una muy buena idea de crear ese equipo, el Guadalajara, para jugadores que estaban en mi situación. Fue una experiencia muy buena para mí  y recobré mis viejos tiempos de meter puntos, de volver a sentir esas sensaciones. Muchas veces metía más de 20 puntos jugando de base, de hecho, al terminar la temporada me llamó Antonio Díaz Miguel para ir a la preselección, que fue cuando debuté como senior en la selección nacional, y estuve hasta casi los últimos descartes antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Después de aquel año cedido en el Guadalajara, vuelvo al primer equipo del Madrid, donde estaba Clifford de entrenador (temporada 92/93). Aunque no hablo de esto, pero ya que me haces estas preguntas, me acuerdo que en aquella pretemporada, con Sabonis y Ricky Brown en el equipo, fui el máximo anotador del equipo, ya jugaba más de escolta porque estaban José Lasa y Antúnez de bases. Y luego, poco a poco, fui relegado al banquillo. Lo que me pedía Clifford no era meter puntos, porque los puntos con Sabonis, Brown, Simpson, Biriukov y compañía estaban asegurados. La idea era que los cinco o seis minutos que jugaba, dando descanso a Chechu, Mark Simpson o Cargol, me tenía que dejar los cuernos, es decir, defender todo lo que pudiese y tirar si estaba solo. Entonces fue como ir adaptando ese rol de suplente y aprovechar al máximo el poco tiempo que jugaba. Un poco volver a lo que había pasado antes en la etapa júnior, de volver a perder frescura, de volver a perder el hábito de que juegas para meter puntos y no juegas para tirar cuando estás solo; es muy distinto el tener el hábito de que cuando tienes el balón piensas en cómo puedes meter puntos, a coger el rol de que si estás solo tiras y si no pasas al que tiene que meter puntos. Se dio la circunstancia de que jugaba más en la Euroliga que en la Liga porque en Europa no estaba Mark Simpson.

En la Euroliga jugué muy buenos partidos, obviamente todo el mundo recuerda la eliminatoria contra la Virtus cuando dejé a Danilovic en 4 puntos y yo metí 14 o 16 puntos, pero jugué bastantes partidos así esa temporada en Europa. De hecho, era titular en esta competición con tan solo 20 años. Ganamos Liga y Copa, aunque perdimos contra Limoges en la Final Four, algo que todavía a día de hoy digo: “¿Cómo es posible?”.

¿Qué pasó contra Limoges?

Yo creo que si hubiéramos jugado cien partidos contra ellos, habríamos ganado 99, pero perdimos aquel encuentro. Aquello fue lo que nos impidió ganar la Liga Europea y honestamente creo que éramos el mejor equipo de Europa con diferencia. Uno de los favoritos para ganar aquella Liga Europea era la Virtus, y les ganamos de 20 en Bolonia y de 20 en Madrid. Yo honestamente te digo que en aquella Euroliga éramos súper favoritos.

Gracias a ese gran trabajo defensivo te vas haciendo hueco en el equipo.

Así es. Poco a poco me fui haciendo sitio en el equipo gracias a defender, no gracias a meter puntos, y se me fue cargando el sambenito de defensor. El partido contra Danilovic se le quedó en la memoria a todo el mundo. Yo jugaba porque defendía, no porque metiera puntos. Ese empezó a ser mi rol en el equipo, la defensa, y en ataque hacer lo que pueda. Esto no es culpa de nadie, aquí no hay culpables. Hay, por un parte, entrenadores que ven que lo que el equipo necesita es alguien que haga el trabajo que haces tú como jugador de equipo, es decir, defender, buenos bloqueos, buenos pases y sacrificar tus estadísticas por el bien del equipo porque estás jugando con algunos de los mejores jugadores de España y de Europa. Y por otra parte, porque a nivel individual mi sueño era jugar en el Real Madrid y no quería irme. Entonces, evidentemente no hay opción tampoco. No hay culpables de ningún tipo. Hay una situación de que juegas con Sabonis, el mejor jugador de Europa, estás con Ricky Brown, uno de los mejores pívots de Europa, juegas con Chechu, que era uno de los mejores escoltas de España y Europa, juegas con Antonio Martín, otro de los mejores jugadores de España y de Europa, es decir, los balones no son para ti, los tiros son para otros.

La temporada 93/94 soy titular y juego muchísimos minutos tanto en España como en Europa. Recuerdo que fui el máximo anotador nacional en la final de la ACB que le ganamos al Barcelona. Desgraciadamente en la Liga Europea volvimos a tropezar porque el playoffs contra el Joventut, donde estaba ya Zeljko, casualidades de la vida, Sabas cogió una gastroenteritis, y el partido de Badalona no me acuerdo si no lo juega o si lo juega hecho polvo, pero me acuerdo de la gastroenteritis y de que se jugaba martes y jueves, con la mala suerte de que jugamos el martes pero la gastroenteritis no se le va, y el jueves creo que jugó, pero poco, y nos eliminaron. Creo que fue mala suerte porque también podíamos haber ganado aquella Liga Europea, aunque también había buenos equipos, pero creo que honestamente éramos favoritos.

Foto: Miguel Ángel Forniés
Foto: Miguel Ángel Forniés

A pesar de estas buenas temporadas con el Real Madrid, no terminas de hacerte un sitio en la selección española. ¿Merecías más?

Yo creo que siendo ser el alero titular o el escoltar titular del equipo campeón de liga, bueno, puedes ir. Que no vas, es una decisión del entrenador y muy respetable.

En la temporada 94/95 el Madrid ficha a Zeljko Obradovic y conseguís la tan ansiada Liga Europea.  ¿Qué supuso para tu juego la llegada del serbio?

Ese año, desde mi punto de vista, marca un antes y un después. Se va Clifford, creo que con motivo de no haber ganado la Liga Europea, y el Madrid ficha a Zeljko porque había ganado dos y era la apuesta por ganar esta competición. Y ahí, definitivamente, mi juego cambia porque la manera que tenía Zeljko de orientar el equipo es más especializada en el sentido de que había dos grandes estrellas, Sabonis y Arlauckas, y el resto del equipo tenía un poco que jugar para ellos. Ahí es cuando realmente veo que me especializo y paso a ser defensor. Esa temporada ya no tengo partidos de meter muchos puntos, sí de defender muchísimo y de convertirme en un especialista defensivo. Y quiero que esto quede bien claro, aquí no hay culpables, yo mismo me voy limitando, es decir, nadie te pone una pistola en la cabeza, nadie te dice no tires, nadie te dice no tomes decisiones, pero claro, pasarte treinta y pico minutos defendiendo a jugadores que meten casi treinta puntos por partido y dejarlos en cuatro o seis puntos, pues claro, no te queda mucha gasolina, ni mucha lucidez para tomar decisiones y estar fresco en ataque, y sobre todo tu cabeza está en que tu función y tu rol principal es defender, porque eso es lo que tú le tienes que aportar al equipo.

Evidentemente el entrenador te valora, yo me he sentido muy valorado tanto por Clifford, como por Zeljko, que siempre me ha defendido, siempre ha hablado muy bien de mí en las ruedas de prensa y delante del equipo, y yo se lo agradezco, pero claro, te vas metiendo en tu propia cárcel. Aunque esa temporada fue maravillosa, ganamos la Liga Europea, estuve en el quinteto ideal de la Final Four y fui el mejor defensor de la Liga y de Europa, pero sí he de decir que desde una perspectiva de jugador global es una temporada de un paso hacia adelante hacia la limitación, hacia el encasillamiento como defensor.

Y a partir de ahí, las temporadas siguientes vuelven ser a un poco difíciles. La 95/96 tenemos muchos cambios en el equipo, pero volvemos a llegar a la Final Four. Creo que también teníamos muy buen equipo. Ahí voy jugando menos, pero con ese rol de jugador de equipo, de defensor, de jugar tus quince o veinte minutos como mucho y de emplearte a fondo. Poco a poco, voy perdiendo esa frescura de la que te hablaba de cuando era júnior, y esa adaptación a aquello que necesita el equipo hace que te vayas convirtiendo en otro tipo de jugador. Mi experiencia es que cuando vas perdiendo hábitos es muy difícil volver a recuperarlos, y los hábitos son tanto técnicos como sobre todo mentales, es decir, sales al campo de una manera distinta, tu mentalidad cambia, te vas convirtiendo en un jugador de equipo que vas jugando más para los demás. Te vas adaptando a ese rol que todos valoran, pero va en detrimento de tu juego y de tu progresión individual. Pero repito, y por favor que quede bien reflejado, NO ES CULPA DE NADIE. Es la situación, la circunstancia. También una decisión, porque uno puede decidir irse.

Es admirable tu historia, Isma, ese cambio de rol, el pasar de ser un jugador brillante en ataque a un especialista defensivo, pero no un especialista cualquiera, el mejor jugador defensivo de Europa en tu posición. Es increíble. Que buen repaso has hecho. Muchas gracias. Seguimos…

¿Cómo se vive, sobre todo a nivel mental, una Final Four? La presión, los nervios, la confianza, etc.

En la Final Four de Zaragoza, íbamos muy preparados porque habíamos perdido la del 93. En el 94 nos habíamos quedado en cuartos de final, pero creo que éramos favoritos. A Zaragoza fuimos muy preparados porque teníamos al mejor entrenador de Europa, pero porque también teníamos el mismo equipo. Fue el fruto de aquellos años previos, de varios años trabajando y jugando juntos, y de crecer como equipo. No había nerviosismo y había como mucha convicción de que íbamos a ganar, no soberbia, ni confianza exagerada, pero sí había mucha tranquilidad. En el 93 había, no digo soberbia, pero sí exceso de relajación, y ese fue nuestro problema. Nadie se esperaba que en el 93 nos pudiera pasar lo que pasó, pensábamos que íbamos a ganar fácil. Eso fue un error. En el 94 creo que si Sabonis hubiese estado al cien por cien hubiésemos llegado a la Final Four. Lo que sí es cierto es que tanto en el 93 como en el 94, en la temporada regular fuimos el mejor equipo de la Euroliga, pero las Final Four son partidos distintos, eso sí es cierto. Creo que en el 95 la diferencia es que estábamos en el mismo equipo y era la última oportunidad, es decir, se sabía que Sabonis se iba a ir, era el último año de Chechu, Antonio, Pep, entonces claro, había otra mentalidad. Zeljko por su parte, no lo voy a descubrir yo ahora, sobre todo es un maestro de preparar Final Four y partidos de ese tipo.

Llegamos muy bien y por eso ganamos sin muchos problemas. De esto no suelo hablar, de hecho no hablo, pero es una pena porque ese equipo podría haber hecho historia. Creo que ese equipo debería haber hecho un poco lo que hizo la Jugoplastika de Kukoc y compañía, es una pena, de verdad. Era un equipo para haber ganado cuatro o cinco Ligas Europeas, lo tengo clarísimo. Obviamente, teníamos a Arlauckas y Sabonis, que eran los dos mejores jugadores de Europa, pero también teníamos a Antonio Martín, Jose Antúnez y Jose Lasa, que eran dos de los mejores bases de España y Europa, estaba Chechu, Javi García Coll, Cargol, yo. Haciendo pequeños retoques, era un equipo de cuatro o cinco años para ganar todo, pero bueno, no fue así.

¿Qué te decían jugadores como Alberto Herreros, Danilovic o Eddie Johnson cuando te veían aparecer?  

Evidentemente, no le caía bien a muchos jugadores. Me acuerdo sobre todo con Alberto Herreros, después de haberle defendido muchas veces cuando estaba en Estudiantes, luego, cuando vino al Madrid, nos llevábamos súper bien. Alberto también es un tío fantástico. Reconozco que era desagradable jugar contra mí, los rivales sabían que lo iban a pasar mal, que habría mucho contacto físico y que no disfrutarían del partido. Me acuerdo una vez, en Treviso, donde fuimos a jugar contra Benetton cuando estaba Zeljko. Cuando terminamos el partido hubo una reunión de entrenadores y jugadores serbios en un hotel o restaurante. Yo me llevaba muy bien con Bodiroga, que por entonces era mi compañero en el Madrid, y me dijo que se iban a reunir y que me fuese con ellos.  Por allí estaba Zeljko, Tanjevic, Bodiroga, etc. Al rato entró Danilovic, que se llevó una gran sorpresa cuando me vio por allí, de hecho, es como si hubiera visto al diablo. Recuerdo que dijo: “¡No, no, Santos, por favor!”. Bueno, era a modo de broma, luego nos dimos un abrazo y ya está. Pero sí, obviamente era un rival desagradable, lo entiendo perfectamente. Aunque he sido duro jugando, siempre he sido noble, nunca le he hecho daño a nadie queriendo. No hay nadie que pueda decir que yo le he ido a lesionar ni nada por el estilo, no he sido violento, pero sí he sido duro y muy pesado. Era lo que tocaba hacer.

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¿Por qué se produjo tu salida del Real Madrid? He leído que fue por motivos personales. No sé si quieres añadir algo más.

Es un tema delicado. Está bien así.

¿Qué es lo más duro del deporte profesional?

El entorno. Para mí lo más duro no es entrenar, lo más duro es el entorno que te endiosa o que te sepulta de un día para otro, de un partido para otro. El estar en boca de toda la gente. Eso es algo muy duro. Creo que es algo que se deberían plantear en los equipos, ya que a los deportistas de élite, al menos es lo que yo vivía, nadie les forma emocionalmente, y cuando eres joven es muy complicado saber gestionar emocionalmente estar en boca de todos, el ser el centro de atención de miles o de millones de personas al salir en la televisión, que te pidan autógrafos, ser reconocido por la calle, que te endiosen de manera exagerada por jugar bien o que te hundan en la miseria por no jugar bien, en fin, es complicado, hay mucha gente que dice que es parte del sueldo, sí, lo entiendo, pero nadie te prepara para ello.

Entonces, sin duda, lo más duro es eso, la parte emocional de saber gestionar todo eso, porque lo otro es una cuestión de entrenar, de mejorar, de ser más o menos competitivo, saber aguantar más o menos la presión, pero sobre todo es complejo el fluctuar tan rápidamente de muy arriba a muy abajo siendo el mismo. Creo que es desmesurada y exagerada la repercusión que eso tiene. Es difícil gestionar que alguien, como puede ser un periodista, pueda juzgarte de manera subjetiva y que eso lo puedan leer millones de personas y que muchas veces ese juicio subjetivo no atienda a la realidad. Tampoco es sencillo gestionar que, aunque tú te hayas esforzado igual, haya personas de tu público que te puedan silbar y abuchear porque juegues mal o porque pierdas un partido o un título. Eso sin duda creo que es la parte más difícil de gestionar.

¿Por qué te retiras tan joven? Tenías solo 31 años.

Me retiré tan joven porque no tenía sentido seguir jugando, para mí tenía sentido jugar en el Real Madrid. Me hubiera retirado cuando salí del Real Madrid, pero tenía 27 años, era muy joven y no sabía qué hacer. De hecho, con 29 años cuando estaba en Treviso, también decidí retirarme, aunque luego jugara dos años más, pero jugué como dos medias temporadas. Bueno, para mí el baloncesto perdió mucho sentido, por no decir casi todo. Nunca he jugado ni por dinero, ni por reconocimiento, sino que jugaba por un sueño, y bueno, pues ese sueño se truncó, y sin hacer dramas ahora, en aquel momento sí lo fue, lo entiendo perfectamente, pero es la vida y suceden cosas y hay que aceptarlas. Yo siempre he vivido mi vida intentando darle sentido. Para mí darle sentido es como levantarte cada día con una ilusión y una motivación que no es algo material, y en este caso no era ni dinero, ni reconocimiento, sino que era una ideología, una manera de vivir.

Cuando van pasando los años y eres capitán puedes ser un ejemplo para los demás, eso es un poco lo que yo había visto, primero por televisión, y luego lo que había vivido desde que llegué con 13 años al Real Madrid, cuando íbamos a entrenar al viejo pabellón de la Ciudad Deportiva donde entrenaba también el primer equipo y era todo más familiar, tenías un contacto mucho mayor y un poco mamabas eso. Si eso se termina, por mi manera de ser y al no tener más ilusión y no tener ese sentido, la decisión fue: “Yo, ¿qué hago aquí?”, prefiero dejarlo, dedicarme a otras cosas y cerrar este capítulo. Para mí fue un ejercicio de honestidad. Puedes seguir jugando y ganando dinero, no hubiera sido difícil seguir jugando cuatro o cinco años más, pero es una decisión muy personal y cada uno es libre de hacer lo que uno quiera. En mi caso fue así. Y no tengo ningún remordimiento, ni me he arrepentido, ni lo echo de menos. En ese sentido, sé que di todo, no me dejé nada. Si hubiera seguido en el Madrid me quedaba gasolina y hubiera dado más, pero al faltarte la ilusión y la motivación se te va la energía, se te va la gasolina. Así fue.

¿Has visto mucha falsedad en el deporte profesional?

Lo que yo viví, no es que diga que todo el deporte sea así, no lo sé, pero lo que yo viví sí. Igual queda muy fuerte decir totalmente falso, siempre hay excepciones, pero bastante, mucha falsedad, mucho interés, sí, sí, yo lo que viví sí. En el deporte profesional se mueven intereses. Yo no puedo decir que viviera buen ambiente, por decirlo de una manera elegante. Entiendo que cada ámbito tenga sus cosas, entiendo que tratar de que la vida sea de una determinada manera y que todo sea de color de rosa, de que todo funcione bien es utópico, y yo no voy por ahí. En mi opinión, creo que todo el mundo que forma parte del deporte profesional debería esforzarse para que el deporte no solo fuera una máquina de ganar o generar dinero, y que no solo fuera una diversión, porque creo que el deporte es como la herramienta o el vehículo más potente que hay para cambiar la sociedad, de hecho, si tú lo piensas, no creo que haya nada en el mundo que pueda congregar a tantos millones de personas alrededor de una televisión o desde un ordenador o un teléfono, no hay eventos que logren unir a las personas como logra unir el deporte.

No hay eventos que logren tocar el corazón de las personas y mover emocionalmente como mueve el deporte. No digo que no sea un generador de riqueza y de que no haya dinero en el deporte, no, por supuesto, que los deportistas ganen dinero, no estoy hablando de eso, estoy hablando de algo más, estoy hablando del mensaje que desde mi punto de vista debería dar el deporte, que tendría que ser educativo, formativo, y se deberían esmerar todos los que forman parte del deporte para tener mucha conciencia de cómo se comportan, cómo hablan, qué es lo que están diciendo y qué mensaje están dando. Esto te lo digo porque si alguien me hubiera enseñado, yo hubiera hecho muchas cosas muy distintas, pero es difícil darse cuenta cuando eres tan joven. El impacto que tiene el deporte de alto nivel es brutal y creo que a los deportistas se les debería enseñar cuál es ese impacto tan grande que tienen y utilizarlo para cosas buenas en la sociedad, para mandar mensajes buenos. Y digo deportistas, como digo entrenadores, periodistas, directivos, agentes, como digo todos los que forman parte del deporte. El mensaje del deporte debería ser otro tipo de mensaje, no solo competitividad, rivalidad. Me parece bien que pueda haber eso, pero creo que se debería ir mucho más allá.

Foto: Miguel Ángel Forniés
Foto: Miguel Ángel Forniés

¿Qué te dieron las montañas que no te dio el baloncesto?

A las montañas fui a refugiarme después de una gran frustración. Ya sabes mi historia, me retiré del baloncesto y no me retiré feliz. Otra cosa es que tuviera claro que quería retirarme, pero ya un poco viendo cuál es la trayectoria, no es que me retirara y fuera la persona más feliz del mundo en ese momento. Entonces era un poco como un lugar en el cual, por una parte, te lames las heridas, te refugias, pero luego, aparte de eso, te desahogas también. La montaña, uff, una escuela de vida no, una universidad de vida, te enseña muchísima humildad, te enseña a darte cuenta de que hay algo mucho más grande que tú, y eso es ya un regalo también muy grande, el verte muy pequeñito y el saber que la naturaleza es más grande que tú. He aprendido también a estar más cerca de la muerte porque he estado varias veces a punto de morir, y al final creo que la muerte también es una gran maestra. Lejos de coger miedo o de que se convierta en algo que te hace entrar en pánico, estar en contacto con la muerte, aparte de ser más cauto y más precavido, de darte cuenta de que no debes luchar contra la montaña porque vas a perder, aprendes también a apreciar más la vida.

También me ha aportado sensaciones inolvidables y maravillosas. Lo mismo que jugar delante de 20000 personas y que te estén aplaudiendo son emociones indescriptibles y únicas, escalar montañas y verte en ciertos ambientes aislados, con tu compañero de colgada, también son muy indescriptibles. Ver ciertos amaneceres, ciertos atardeceres, salir de situaciones complicadas, etc. Creo que el ingrediente de naturaleza salvaje, entorno aislado y riesgo de poder morir, sin que esto tenga connotaciones suicidas, no puede ser lo mismo a algo que tenga cero riesgo. Todo eso hace un conglomerado muy especial. La actividad física extenuante, la fatiga mental, pasar frío, hambre o sed, llevar al cuerpo y a la mente al límite, son experiencias inigualables y que te hacen salir mucho de la zona de confort. Yo he vivido la montaña como un aprendizaje sobre mí mismo. Creo que no hay nada que te pueda enseñar tanto como cuando te ves en situaciones tan al límite. Eso es un poco lo que me ha dado la montaña.

¿Qué te ha dado y qué te ha quitado el baloncesto?

El baloncesto me dado disciplina, me ha dado una capacidad enorme de esfuerzo, de trabajo. También me ha dado la capacidad de poder conocerme a mí mismo, de aprender a trabajar en equipo, me ha enseñado a ceder cosas mías para poder compartirlas con los demás, me ha dado humildad, me ha enseñado a saber estar arriba y a saber estar abajo, me ha dado muchas emociones y muy bonitas, maravillosas. El deporte me ha permitido cumplir un sueño.

¿Qué me ha quitado? Es una muy buena pregunta, una gran pregunta. Viéndolo con mucha perspectiva, como la que tengo ahora, en aquel momento no ves que te quite nada porque todo está relleno de aquello que te llevas, que es todo aquello que te he dicho, sobre todo la ilusión, la motivación de entrenar, de jugar, un poco la burbuja en que vives. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que me ha quitado el tiempo para poder dedicárselo por ejemplo a las personas. Yo honestamente, mi infancia, mi adolescencia y mi juventud me la he pasado entrenando y viajando, he vivido para entrenar y jugar. Siempre he priorizado eso a estar con la gente, tanto a nivel de amigos, como a nivel personal, como a nivel de personas cercanas, familia. Entonces, eso me lo he dejado. Al final es algo que haces también voluntariamente, tú eliges. Obviamente yo tenía un sueño, elegí y en esa elección o vas a la derecha o vas a la izquierda, no puedes ir a los dos sitios. Me he dejado hasta la última gota de sudor entrenando y jugando y no he dedicado ni muchísimo menos tanto tiempo, ni la intensidad, el interés, la dedicación o la energía a las personas, a compartir tiempo con ellas, otro tipo de tiempo. Mi energía en mi carrera deportiva estaba en los objetivos, en la mejora, en el crecimiento como deportista. Y el precio de eso es que se lo quitas a otras cosas. No lo digo con pena, ni con reproche. Mi evolución como persona hoy me dice que en el equilibrio está mucho más el bienestar, no solo el tuyo, sino también el de las personas que tienes alrededor. Bueno, eso es un poco lo que te puedo decir.

MIGUEL ÁNGEL FORNIÉS nació en Badalona el 18 de septiembre de 1952. Estudió en los Salesianos Badalona y en el Colegió Badalonés. Servicio Militar en Campo Soto, Cádiz.

Fotoperiodista de Devoción. Colaboró con Eco Badalonés, 5Todo Baloncesto. Desde 1981 con Nuevo Basket como fotógrafo. Primer fotoperiodista en viajar a ver y fotografiar partidos de la NBA en 1984. Europeo de 1973, cinco Mundiales Júnior (de 1983 a 1999). Quince meses trabajando, viviendo y jugando a baloncesto en Argelia (Sidi Bel Abbès).

Mundial de España 1986, Mundial de Argentina en 1990. JJOO de Barcelona 1992 como adjunto del jefe de prensa de baloncesto. Ha escrito dos libros, Crónica de un viaje alucinante (en 2009) y Memorias Vividas (en 2015). Durante 19 temporadas (1996-2014) responsable de prensa del Club Joventut Badalona.

3 Comentarios en “Ismael Santos: «Jugaba por un sueño, pero se acabó truncando»

  1. La entrevista me parece buenísima, como se ha sincerado Isma, es una época que yo seguía mucho al equipó, me alegro mucho por el y como orientó su vida

  2. Uno de esos jugadores que he admirado siempre con una capacidad de esfuerzo y una disciplina extraordinaria.Leyendo la entrevista sonsaco lo que entonces pensaba con su prematuroa retirada. El deporte profesional no es tan de color rosa como imaginamos muchas veces los profesionales. Isma Santos era un escolta que jamás olvidaré y cumplía todos los requisitos que los que jugamos a este deporte siempre habríamos querido reunir.Gran entrevista y respuestas para reflexionar sobre la vida, los sueños de cada uno y los pensamientos de uno de mis grandes y preferidos deportistas de toda la vida.Felicidades por la magnífica entrevista y saludos virtuales para el señor Santos.

  3. Magnífica entrevista. Isma demuestra ser un madridista como pocos y una persona interesantísima. Aún recuerdo lo poco que llegaba a la prensa de sus grandes partidos como juvenil. Ya en el primer equipo, él mismo explica su transformación. Pero leyendo la entrevista, estoy seguro que se perdió un jugador absolutamente determinante en los dos aros. Jamás entenderé que un entrenador le diga o le insinúe a un jugador que está muy bien que sea anotador, pero como ya hay otros con ese rol, pues que se adapte a otro. ¿No será mejor tener 6 anotadores en lugar de 5? Creo que Luyk fue el que empezó a truncar esa carrera de jugador completo, en una demostración más de que es uno de los mayores zoquetes que ha entrenado un equipo de baloncesto. Gracias a todos por esta deliciosa conversación con un gran tipo.

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